Garbage vuelven a la actualidad. “Strange Little Birds” (Stunvolume/Pias, 16) es su sexto álbum y una obra que huye de su sonido más característico a la búsqueda de una oscuridad en la que nunca se habían sumergido.

Butch Vig es el nombre que siempre irá ligado al “Nevermind” (Geffen, 1991) de Nirvana, el “Dirty” (Geffen, 1992) de Sonic Youth y el “Siamese Dream” (Virgin, 1993) de Smashing Pumpkins. Tres discos clave para entender aquella época en la que el llamado rock alternativo parecía llamado a comerse el mundo, y que él produjo. Da igual lo que haya hecho después. Y su banda, Garbage, penará por los siglos de los siglos con el estigma de proyecto de laboratorio, factoría de hits concienzudamente diseñados para abordar las listas de éxitos.No obstante, sus dos primeros discos -ambos fabulosos- han envejecido extraordinariamente bien (no hay más que escuchar la reedición del primero), y merecen figurar con todos los honores como fiel testimonio de un tiempo de alternativismo casi corporativo: nada objetivamente reprobable cuando las canciones son brillantes y además sus hechuras, quién lo diría, han envejecido mejor que el 80% de la producción grunge, brit pop o trip hop de la misma época. El reciente “Strange Little Birds” (Stunvolume, 2016) es su nuevo álbum, el sexto de su carrera y el segundo que abordan desde que crearon su propio sello, y lo cierto es que trata de desmarcarse de sus señas habituales con una austeridad formal, una rebaja del tempo y una oscuridad lírica que les era inédita. Lo presentan el 16 de junio en la primera edición del festival Mad Cool, en el recinto de la Caja Mágica de Madrid. Y Butch Vig, alma mater, batería y productor del cuarteto que completan Shirley Manson (voz), Steve Marker (bajo) y Duke Erikson (guitarra), nos atiende unas semanas antes al teléfono desde su estudio en Los Angeles.

“Creo que Shirley es una de las estrellas de rock femeninas más formidables que hay, con carisma y poderío”.

Vuestro anterior álbum, “Not Your Kind Of People” (Stunvolume, 2012), fue concebido como un retorno al sonido clásico de Garbage. Como un reencuentro con los Garbage que se hicieron populares, más que como una reinvención. Por lo que he podido leer, y a diferencia de aquel, tanto tú como Shirley queréis que este disco ofrezca a vuestros fans la oportunidad de descubrir otros aspectos de vuestra música, menos inmediatos. ¿No resulta difícil tratar de mudar de piel después de todo este tiempo?
Para mí, “Strange Little Birds” tiene más que ver con el espíritu del primer disco, en el sentido de que también hemos querido experimentar mucho en el estudio. Es un álbum muy oscuro, que suena diferente a todo lo que hemos hecho antes. Hay mucho espacio en las canciones para que la voz de Shirley se exprese en su desnudez, con la mínima instrumentación posible. Fue una decisión consciente, porque queríamos esculpir los arreglos en torno a su voz, que ocupa un primer plano. Es una combinación entre lo confesional, lo confrontativo y lo vulnerable, a veces todo en la misma canción. Queríamos que la música se supeditase a su voz.

También las temáticas son, como dices, más oscuras, algo que se traduce en los mismos títulos (“Empty”, “Blackout”, “Night Drive Loneliness”, “Even Though Our Love Is Doomed”), al tiempo que el ritmo del álbum es más lento que en cualquiera de vuestros trabajos anteriores, porque hay más baladas y medios tiempos, ¿no?
El otro día lo explicaba Shirley: hay tanta música hoy en día que resulta tan feliz, tan luminosa, tan despreocupada… vivimos tiempos complejos en los que la vida puede ser difícil, y parece que la gente solo busca escapismo. No solo en la música, sino en todo lo que hacen. Si entras en las redes sociales solo ves lo estupendos que se sienten todos, lo excitantes que son sus actividades más triviales y la mucha atención que demandan por ello. Nosotros no nos sentimos así. Como banda, creemos que el mundo es tan complejo que a veces da miedo, parece que se haya vuelto loco. Escribir canciones oscuras es algo que para nosotros nace de la empatía para entender que todo el mundo atraviesa por periodos complicados, lo que al mismo tiempo sirve para celebrar con más ahínco los buenos momentos. Hago playlists en mi móvil y en el ordenador compuestas por canciones muy tristes y oscuras, porque me hacen sentirme bien (risas). Y creo que una canción triste te puede hacer sentir muy bien.

Canciones tristes que hacen que la gente se sienta bien, ¿no? Es una aparente contradicción, que muchas veces funciona…
Es una contradicción, pero funciona en el caso de Garbage y creo que funciona en el caso de mucha gente, sí.

He leído también que Shirley quería que este disco sonase como una novela romántica y decadente, porque lleva ya algún tiempo escribiendo textos que van en esa dirección, y que incluso podrían concretarse en un libro. ¿Es eso cierto?
Algunos de sus textos están pensados desde ese punto de vista de novela romántica y gótica. “Even Though Our Love Is Doomed” está concebida como una especie de “Cumbres Borrascosas”. Creo que, según trabajábamos en el disco, ella se dio cuenta de que muchos de los arreglos encajaban con esos textos agridulces, que al mismo tiempo hacían que nuestra música sonase más cinemática. Menos rock and roll y más atmosféricos y cambiantes. Y tiene sentido para nosotros, ya que su voz es el elemento en torno al cual giraba todo.

“Con Garbage soy el que toca la batería, el que compone, el que produce y hasta el que trae los cafés o compra el vino para la cena”.

Hace tres años, coincidiendo con la reciente creación de vuestro propio sello, Stunvolume, decías que a las grandes compañías discográficas les importa un comino el trabajo de las bandas.¿Crees que siempre fue así, o fue un convencimiento al que llegaste con el tiempo?
Para mi, las grandes compañías multinacionales están bien si eres Rihanna, Taylor Swift o Katy Perry. Si eres una estrella del pop. Porque aún tienen los resortes para darte una distribución masiva y ponerte en las portadas de cincuenta revistas o de programas de televisión. Pero creo que ahora la mayoría de las bandas lo que quieren, más que eso, es hacer buenas canciones que conecten con sus fans. Están menos interesadas en todos los otros aspectos que conlleva ser una estrella del pop. Para nosotros tiene más sentido funcionar por nuestra cuenta o en indies, porque son más eficientes a la hora de hacer llegar tu producto al destinatario final. No necesitan interesarse por los mass media. Nosotros hemos trabajado con indies y con majors a lo largo de nuestra carrera, pero llegados a este punto lo que queremos es controlar lo que hacemos y lo que grabamos. Y creo que el 90% de las bandas que hay por ahí pululando deberían pensar igual.

¿Y crees que esa situación ha cambiado en los más de veinte años que lleváis como banda? Te lo pregunto porque con vuestro primer álbum fuisteis una de las puntas de lanza más visibles de lo que se entendía como rock alternativo en los EEUU, y no sé hasta qué punto llegaste a pensar que acabaríais siendo una alternativa real a lo que entonces era el mainstream…
Supongo que nunca entendí realmente qué es lo alternativo. Nirvana lo eran, supuestamente. Pero luego vendieron veinte millones de discos. Y lo alternativo se convirtió en mainstream. Siempre que una banda tiene éxito masivo, generará una nueva hornada de grupos que se rebelará contra ello y querrá componer música muy diferente. Y al final la música se mueve por ciclos. Hubo un boom de lo alternativo a principios de los 90, luego esa efervescencia independiente pasó al hip hop, y si echas un vistazo ahora al pop que suena por la radio, me parece todo muy esquizofrénico: IDM, hip hop, r ‘n ‘b… y eso que la producción de los hits que suenan en ella puede ser muy fresca e interesante. Son trabajos de producción que en cierto modo superan las barreras entre géneros. Aunque puedan carecer de profundidad emocional. Bueno, lo cierto es que el pop de las listas de éxitos nunca ha sido muy profundo. Nunca ha tenido un gran contenido emocional, más bien ha sido siempre escapista. En fin, que ya no sé qué es lo alternativo. Hay un montón de buenos blogs y toneladas de nuevas bandas que surgen cada día que me parecen alternativas, aunque suenen un poco bizarras y no encajen en ningún género específico. Y algunas de sus canciones son bastante obtusas, no se puede decir que escriban simples canciones pop.

Ya que mencionas el tema de las producciones y las texturas del sonido. ¿No estás un poco cansado de que mucha gente considere a Garbage un producto de laboratorio, solo por tu condición de productor reputado?
Bueno, al fin y al cabo es lo que hacemos. Nos gusta experimentar en el estudio. No sé si eso nos convierte exactamente en un producto de laboratorio, Shirley tiene más paciencia que yo con todo eso. Una cosa que habla a nuestro favor es que nos hemos consolidado como una banda de directo. Este va a ser nuestro sexto tour, uno por cada álbum que hemos editado, y hemos girado por todo el mundo. Y tenemos una gran base de fans por todo el globo. Creo que una de las razones por las que aún estamos aquí es porque todavía conectamos con la gente cuando nos subimos a un escenario, y es algo como para sentirnos afortunados. Creo que Shirley es una de las estrellas de rock femeninas más formidables que hay, con carisma y poderío. No hay muchas bandas de rock con mujer al frente hoy en día. Sí de pop, pero no de rock. ¿Cuántas ves así en cualquier festival, por ejemplo, con una mujer dinámica al frente? No tantas. Usamos sintetizadores y procesadores, pero el corazón de Garbage en directo siguen siendo las guitarras.

Es curioso, porque precisamente no eráis una banda que en un principio planease tocar mucho en directo, ¿no? Yo he tenido la ocasión de veros un par de veces (en Benicàssim en 1996 y en Valencia en 2005) y en ambas he tenido la impresión de que os costaba mucho reproducir los matices de vuestra música, pese a que es innegable que eran conciertos muy enérgicos. ¿Era o sigue siendo el directo un desafío para vosotros?
Es difícil porque nuestros álbumes pueden ser muy densos y con muchas capas, y cuando estamos en el escenario lo hemos de simplificar al formato de una banda de cinco miembros. Utilizamos la tecnología, como loops y secuenciadores, pero al final nos dimos cuenta, a la altura de “Version 2.0” (East West/Warner, 1998), de que eran dos cosas distintas. Si quieres escuchar el álbum, ponte el disco. En directo, nunca va a sonar igual. Y personalmente, yo no quiero escuchar a una banda que suena exactamente igual que en el álbum. Para mi es aburrido. Quiero que me sorprendan, escuchar a un grupo que se equivoque y que extraiga grandes cosas de esos errores. Eso es lo que hace un espectáculo interesante.

Como productor, has estado involucrado en las últimas temporadas en discos de Green Day (“21st Century Breakdown”, 2009), Muse (“Neutron Star Collision”, 2010) o Foo Fighters, (“Wasting Light”, 2011 o “Sonic Highways”, 2014). Eres un productor no excesivamente intervencionista, que siempre se precia de respectar la idiosincrasia de las bandas con las que trabaja. En todo caso, ¿te ha influido alguno de esos trabajos a la hora de afrontar los últimos discos de Garbage?
Son experiencias distintas, porque cuando estoy produciendo a Foo Fighters o a Green Day tengo muy presente es que esa es su música y responde a su visión, y mi trabajo es ayudarles a encontrar esa visión. Pero con Garbage soy el que toca la batería, el que compone, el que produce y hasta el que trae los cafés o compra el vino para la cena. Y está bien asumir todos esos roles. Lo que mas me ha influido en mi trabajo como productor en los últimos años fue cuando trabajé con Foo Fighters en “Wasting Light”, porque lo grabamos en cinta analógica, y eso me hizo volver a darme cuenta de lo importante que es tocar bien también en el estudio, porque sobre una cinta no puedes manipular, tienes que tocar bien. Tocar técnicamente bien y con emoción, al mismo tiempo. En digital puedes arreglar cualquier cosa, puedes cortar y hacer que parezca perfecto. En cinta tienes que estar más comprometido a la hora de tocar en el estudio, y creo que ese espíritu lo hemos traído al nuevo álbum, a “Strange Little Birds”, ya que hay mucha espontaneidad. Hay cuatro o cinco canciones que Shirley registró en cuatro o cinco tomas. No queríamos volver sobre nuestros pasos y repensarlos o hacerlos perfectos. A veces una o dos tomas son suficientes, y eso le da vulnerabilidad y calidad emocional a la canción.

El año pasado reeditasteis vuestro debut, “Garbage” (Almo Sounds, 1995), con inéditos y extras, para conmemorar su veinte aniversario. ¿Vislumbráis la posibilidad de hacer lo mismo con los siguientes discos?
Es probable que lo hagamos porque “Version 2.0”, por ejemplo, fue muy importante para nosotros, tocamos muchas de esas canciones en directo y estuvimos casi dos años de gira con él, como veintidós meses. Es todo un proceso el de encontrar los masters y remasterizarlo todo, deberíamos empezar ahora (risas), porque el tiempo corre muy deprisa. Ha sido interesante hacerlo con nuestro debut, porque volvimos a las cintas analógicas en las que teníamos las canciones y hay algo acerca de esas grabaciones que suena muy abierto a nuevas posibilidades, así que seguro que lo haremos. Han pasado dos décadas, y hay toda una generación nueva de fans que viene a nuestros conciertos y que tiene la oportunidad de descubrir esos discos, así que es excitante poder actualizar esos trabajos con la perspectiva que da el tiempo.