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Garbage lo tenían todo de cara para triunfar con su debut, en unas perspectivas refrendadas a posteriori y de manera concluyente por un disco convertido en superventas y alabado por la crítica. En su estreno la formación supo moverse con soltura entre melodías y estribillos pegadizos, presentando sin embargo un sonido lo suficientemente consistente e inquieto como para encajar entre las preferencias de los numerosísimos aficionados al grunge que habían convertido el movimiento en generacional. El grupo resultaba así poseedor de un valioso equilibrio, capaz de conectar con un espectro de público variado y, sobre todo, tremendamente amplio.

También ayudó la presencia de una vocalista vertiginosa, tan sexy y sugestiva (física e interpretativamente) como Shirley Manson. La escocesa dejaba atrás su periplo como teclista en los semi-desconocidos Goodbye Mr. Mackenzie para ser inmediatamente colocada como icónica imagen del combo. Junto a ella y tras la batería (y los mandos) estaba el mítico productor Butch Vig, convertido en emblema del indie norteamericano tras haber trabajado en obras cumbres de la década como “Nevermind” (DGC, 91) de Nirvana, “Gish” (Virgin, 91) de The Smashing Pumpkins o “Dirty” (DGC, 92) de Sonic Youth entre (muchos) otros. La alineación la completaban dos contrastados músicos concretados en las figuras del bajista Duke Erikson y el guitarrista Steve Marker, cómodos y plenamente cumplidores en su papel dentro del proyecto.

El álbum incluía una serie de canciones irresistibles y verticales que, además, fueron inteligentemente realzadas con videos agresivos, en una época en la que éstos seguían siendo herramienta imprescindible de promoción. Tras el latigazo inicial de “Supervixen” con el que se alertaba al oyente llegaba una impecable y casi ininterrumpida retahíla de sencillos que incluían “Queer”, las popularísimas “Only Happy When It Rains” y “Stupid Girl”, “Vow” o la definitiva “Milk” ejerciendo de orgulloso cierre. Destacadas bien secundadas todas ellas por otras piezas tan válidas y coherentes dentro del conjunto como “Not My Idea”, “A Stroke Of Luck”, o “Dog New Tricks”.

En el momento de su publicación “Garbage” (Almo Sounds, 95) fue una entrega moderna, desafiante, tecnológica, auténtica a pesar de su medida producción y, en definitiva, magnética. Cualidades todas ellas vigentes dos décadas después, probando que el elepé mantiene su pegada a pesar del paso del tiempo. La presente reedición celebra el vigésimo aniversario del álbum con un lanzamiento en el que, como principal añadido, se incluyen todas las caras B que en su momento acompañaron a los singles extraídos del mismo. Fue el apogeo de una banda en estado de gracia que en parte también brillaría con una notable continuación como “Version 2.0” (Warner, 98), pero que en cambio nunca superaría el nivel marcado por su deslumbrante ópera prima.

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