“El vinilo ha venido para quedarse, no la puta mascarilla”
Entrevistas / Fito Y Los Fitipaldis

“El vinilo ha venido para quedarse, no la puta mascarilla”

Jesús Casañas — 05-10-2021
Fotógrafo — Archivo

“Cada vez cadáver” (Warner, 21). Diez nuevos temas marca de la casa: el rock & roll asequible y elegantón de Fito, pulido por la producción casi obsesiva de Carlos Raya y los acertados arreglos del resto de Fitipaldis.

“Cada vez cadáver” llega siete años después de su anterior disco de estudio, “Huyendo conmigo de mí” (Warner, 14). Entremedias, el recopilatorio “Fitografía” (Warner, 17) y una pandemia mundial a la que puede echar la culpa de que todo se haya retrasado un año. Los otros seis los asume Cabrales como parte de su dificultad cada vez mayor a la hora de sentarse a escribir.

La entrevista tiene lugar en un céntrico hotel de Madrid, a principios de verano. Ambos estamos recién vacunados, con las secuelas de la reacción y con el optimismo habitual de la etapa estival, acrecentado por la luz que empieza a vislumbrase al final del túnel. El primer videoclip del nuevo trabajo tuvo que rodarlo sin su banda, pero para el segundo ya se ha roto la maldición: “El otro día hicimos el vídeo de ‘Cielo hermético’ y ya nos juntamos todos, porque estamos vacunados. Es que cambia la vida, aunque sigas haciéndote la PCR. Que estás un año en tu casa, sales y sales cagao”. Las circunstancias han marcado irremediablemente su séptimo álbum de estudio desde que debutase en solitario con “A puerta cerrada”, allá por 1998.

Nunca has tenido prisa por sacar disco nuevo.
Prisa o talento, no lo sé [risas].

“Cada vez cadáver” llega siete años después del último disco de estudio, “Huyendo conmigo de mí”, con una pandemia de por medio.
Un año de todos esos se le puede echar la culpa al virus, el resto no.

No ha sido un parto más doloroso de lo habitual entonces.
No, no. No te voy a decir que, aunque me ocurre tan a menudo, estoy acostumbrado. Cuando grabo un disco siempre digo: “Buff, ¿cómo voy a escribir una canción, o diez, más en mi vida? ¡No puedo!”. Me ocurre siempre. Luego hablo con la gente y a todos les ocurre, ¡que parece que solo lo digo yo, me cago en diez! Algunos tienen mucha facilidad para las canciones. Yo no la tengo, pero no por eso deja de preocuparte. Que pasa mucho tiempo y no encuentras tu puto camino. No sé qué música, qué hacer, qué escribir que merezca la pena. Sigues haciéndolo, porque te gusta tocar, pero según lo haces lo tiras. Me lo he pasado bien, he estado tres horas aquí de puta madre, pero esto es una puta mierda. Ni siquiera lo grabas, simplemente estás jugando. Y cada vez parece que se alarga un poco más en el tiempo el proceso. Pero qué le vas a hacer, pues ya está.

“Tocar es muy divertido, pero escribir no”.

“No quiero pensar, no quiero sufrir la duda y el miedo que da tener que escribir”, cantas en “Fantasmas”. ¿Te cuesta más escribir las letras que la música?
Sí. Igual ahora tengo seis o siete proyectos, que cojo una guitarra y toco cosas, pero ni una frase. Siempre he pensado que tocar es muy divertido, yo toco todos los días. Me gustan las motos y todos los días monto, me gusta pescar y todos los días pesco. Pero, ¿me gusta escribir? No. Me gusta leer, pero escribir no. ¿Todos los días cojo un cuaderno y un bolígrafo? Casi nunca en mi vida. Qué pánico.

Aunque sea mandar un mensaje de whatsapp, ya estás escribiendo…
Le tengo pánico. Hay mucha gente, como tú, que tiene facilidad. Conozco a gente que escribe todos los días un diario, y yo lo he hecho durante años pero porque me lo dijo un psicólogo, solo por eso, para acostumbrarme todos los días a estar con un bolígrafo.

Produce de nuevo Carlos Raya, y firmáis todas las canciones los dos. ¿Cuál es el proceso, desde que tienes esa idea en la cabeza hasta que escuchamos la canción final?
Lo digo muchas veces: Tengo la sensación de que yo voy al estudio, digo “¡Me cago en dios!” y luego sale un discazo de la hostia porque lo ha hecho Carlos. Yo solo he ido allí. A todos los de la banda les tengo en un pedestal, son muy buenos todos. El proceso suele ser que yo tengo ciertas canciones, una intro, una movida que tengo que hilar. No necesito tener diez o doce canciones estructuradas desde que empiezan hasta que acaban, simplemente voy teniendo una intro de algo, dos versos, un estribillo, y cuando estoy convencido de a dónde quiero ir, cuando lo veo en la cabeza, le digo a Carlos: “Ven, ¿por qué no me ayudas con esta historia?”. Siempre que viene veo la carretera más despejada. Aunque es verdad que jamás nadie me puede ayudar con los textos, si me ayudas con la música me estás ayudando con los textos también, me anima mucho. En este disco, además de quedar como siempre con Carlos, he quedado más con Javi solamente para ver saxos, más con Boli para ver bajos… Y cuando ya lo tenemos más o menos estructurado pues todos a la vez. Pero el que me monta las canciones es Carlos.

“Quiero gritar” la firmáis toda la banda. ¿Nació de una improvisación?
Es difícil de medir, incluso aunque está estipulado a veces que el arreglo tal es de no sé quién… En “Quiero gritar” es... ¿qué más da si las melodías son mías? Los arreglos han funcionado porque ha habido una banda haciéndolo todo. Tengo que compartir la autoría, porque sin la banda ese tipo de canciones no pueden funcionar. Lo importante de “Quiero gritar” es el groove, cómo va la canción.

“Cada vez cadáver” sale de una carta a Quique González. ¿Cómo nació?
Llevaba muchos años de estos en que no había compuesto, estaba en plan “creo que no voy a componer nada más en mi vida, esto es una mierda”. No es que pensara todos los días “me retiro”, pero había momentos que decía “qué mierda esto de tocar, toco en casa y ya está, con mis hijos y mis amigos”. Te da un bajón, como a cualquiera. Como si un tío tiene un pub y dice: “¿Qué hago yo en el pub? Estoy hasta la polla, lo voy a cerrar”. Pues lo mismo. De repente me llegó “Delantera mítica” de Quique y lo puse. Al escuchar ese disco me volvió todo con la ilusión de un chaval de diez años, de repente, y dije: “Qué maravilla. Pero cómo puedo dudar yo del rock, de las canciones, si es el mayor tesoro del mundo”. O sea, de repente me dieron unas ganas de “es verdad, hay que escribir canciones, es lo mejor del mundo”. Tan agradecido a Quique, que le escribí una carta (porque le conozco, si es un tío que no conozco me da vergüenza). “Cada vez cadáver” tiene partes de esa carta, hay estrofas. Luego se lo conté: “¿Te acuerdas de la carta que te escribí? Pues con eso escribí mi primera canción después de seis años”. Es la primera que hice de todo el disco.

Abre el disco y ha sido el primer single. ¿No ha echado para atrás que dure casi seis minutos?
No es el mejor single, pero es que lo he elegido yo [risas]. A la compañía casi siempre le echan para atrás mis singles. Con Warner está hablado: el primer single lo elijo yo. Luego el resto me da igual, yo sigo pensando en discos, no en canciones. Me da igual la que elijan, me gustan tanto que las defiendo igual. Pero después de tanto tiempo sin sacar un disco yo quiero elegir la tarjeta de presentación. “Hola, vengo con esto”. Ya sé que no es la canción que más le va a gustar a la gente, ya sé que dura demasiado tiempo, pero es la que yo quiero enseñar, porque creo que es la canción más diferente dentro de que no hemos cambiado como una locura nada. Estamos intentando tener un sonido propio, de Fitipaldis, pero es verdad que nunca habíamos hecho una canción como “Cada vez cadáver”. Nunca. Creo que no hay una canción en todo el repertorio que se le pueda asemejar.

“Yo sigo pensando en discos, no en canciones”.

En el videoclip vemos las reacciones de la gente al escuchar por primera vez el tema. Me comentabas que surgió por las propias circunstancias del momento.
Por necesidad, sí. Lo hicimos con Pere [Pedro Toro] todo. La pandemia mandó a tomar por culo un montón de cosas, y Pedro ya estaba pensando en un vídeo. Pero claro, cuando retomamos la idea de hacerlo no podíamos juntarnos todos. ¿Cómo le digo yo a Coki y a Carlos que vengan aquí a alojarse en un hotel, que ni siquiera puedo estar con ellos, que no podemos comer juntos?… Munguía, el municipio donde yo vivo, estaba cerrado. Yo no podía salir de mi pueblo, en Euskadi estaba fatal la cosa. Y a él se le ocurrió lo de llamar a gente, no solo colegas, gente de todas las edades que fuesen de allí para hacer el vídeo así, y me pareció muy buena idea.

Ya estáis preparando el videoclip del segundo single, “Cielo hermético”. ¿Qué es lo que vamos a ver?
Nosotros todavía no lo sabemos. Lo hace Noa, que también viaja con nosotros, hace el contenido de todo lo que sale en la pantalla, nos ha hecho varios vídeos también. Los directores, como están más locos que los músicos [risas] , nos tratan de explicar las cosas y decimos: “no te entendemos, ya veremos lo que has hecho”. Estuvimos en Razzmatazz, nos gustó mucho la sensación. Es un playback. Como no salió la banda en el primer single, yo dije: “No quiero desarrollar historia, quiero todo el rato banda”. Para que la gente vea por fin que nos hemos juntado. Noa nos puso en el suelo de Razzmatazz, así en círculo, y todo lo ha desarrollado en movimiento. Luego se inventó una plataforma con una cámara y una polea que va como un satélite. No hemos visto nada, pero la sensación cuando miras en cámara era muy chula. En blanco y negro, va muy bien con la canción.

“A quemarropa” me parece una canción de amor de padre, ¿cierto?
Totalmente. Ahí está [se levanta sorprendido y me da la mano]. Mira que no lo digo, eso es. Me has dejado flipado. Llevo no sé cuántos años haciendo canciones y no había conseguido todavía hacerles una canción a mis hijos. Cuando nació mi primer hijo, el mayor, Guille, que tiene veintitrés años ahora, empecé a hacer una cosa y dije: “Uff, no estás preparado, no sabes hacerlo. Va a ser ñoño”. Ahora lo intenté hacer sin que se notase que es una canción para unos hijos, aunque tú lo has notado, pero ni siquiera digo nada en exceso. Pero bueno, está guay que lo sepas.

Y cierra “Transporte”, la versión de Jorge Drexler.
Lo de las versiones es un mundo aparte, porque a mí me encanta hacerlas. A Drexler le tenía fichado desde hace tiempo, pero al final siempre venía otra canción que me colapsaba y la dejaba, como otro millón de versiones que me gustaría hacer. Siempre he tenido la sensación de que Drexler está por encima de todos nosotros, está a otro nivel musical. Es un físico-matemático-músico, es una locura, yo le tengo como uno de los grandes del mundo. Es muy difícil para mí tocar algo de Drexler y que no se destruya, porque está todo tan construido científicamente… Pero justo “Transporte”, desde que la escuché por primera vez, siempre la había visualizado como una canción mexicana, y jugaba con ella en eso. Cuando nos pusimos con ella, les dije: “Os va a parecer una tontería, pero la haremos en plan tex mex o fronterizo”. Y creo que lo hicieron muy bien, Carlos con sus guitarras… Creo que mola mucho, tengo ganas de que la escuche Jorge Drexler, a ver si me retira el saludo.

"La gente piensa que ahora se oye peor la música, y se oye mejor que nunca".

El disco se publica el 24 de septiembre. ¿En qué formatos? ¿CD, digital, vinilo…?
El vinilo ha venido para quedarse, no la puta mascarilla. Serán ediciones limitadas, pero lo bueno del vinilo es que es eterno ya. Estamos haciendo hincapié en prestarle mucha atención. Yo muchas veces me compro los picture, los que son la portada… En vinilo seguro, y en CD. Luego pues claro que estará en todas las plataformas. No vas a ir en contra de la realidad, yo compro vinilos, y lo que no es vinilos es mi móvil. Necesito escuchar música en el móvil y necesito escuchar música en casa, pero en casa estás todo el rato. A veces hablando con Carlos o con gente que se interesa por el sonido, decimos que hay un malentendido. La gente piensa que ahora se oye peor la música, y se oye mejor que nunca. Un iPhone con unos cascos suena mil veces mejor que yo con quince años y un Sony no sé cuántos que ni siquiera era estéreo. Era un mono con unas pilas y la cinta “uhoooooo”, que sonaba fatal. Así escuchaba yo la música. Y luego los tocadiscos, que tampoco eran estéreos. Sonaban fatal esos putos discos.

¿Qué va a venir después del disco? ¿Conciertos?
Ojalá. No tenemos una certeza como para anunciar gira. Todavía pensamos a largo plazo, estamos pensando en marzo. Para giras grandes, creo que todos en general estamos pensando que faltan unos meses. Es verdad que este verano ya se van a hacer cosas, pero las giras grandes, las que mueves cincuenta, sesenta, ochenta personas, queda un poco. ¿Cómo viajas? Ahora mismo es imposible. ¿Cuántas literas hacen falta ahora? ¿Cuántos autobuses? ¿Cuántas furgonetas? ¿Cuánta gente puede ir junta? ¿Cuántos hoteles tenemos que coger? ¿Cómo vamos a comer? Sería todo imposible. ¿Cuánta gente tienes que meter para que sea mínimamente rentable? No puedes hacer una gira grande. Las giras grandes son mastodónticas, tienen esa cosa preciosa que yo siempre digo de que jugamos a los Stones, pero como todo mastodonte somos muy torpes de movilidad. Si quieres tocar en sitios pequeñitos, ahí sí que se puede hacer, pero las giras grandes queda un poco porque son muy torpes de movimiento. Necesitan tanta gente… No solo nosotros, de público, necesitan restaurantes, hoteles, viajes… ¿Cómo metes 20.000 personas de fuera en Bilbao? Cuando llenas aquí tres veces el WiZink Center no son todo madrileños, es que vienen de todos sitios… Para eso necesitamos que la gente viaje, que haya hoteles y restaurantes, que tengan ánimos y ganas de pasar el fin de semana fuera de casa, sin miedo, sin una mascarilla. Nos queda un poco pero bueno, todo pinta mejor que antes.

Justo ahora [esta entrevista se hizo en junio] se cumplen treinta años del lanzamiento de “Voy a acabar borracho”, el primer disco de Platero y Tú.
¡Hostia! ¿Sí?

¿Cómo recuerdas aquella grabación?
“Voy a acabar borracho” lo grabamos con Welcome Records, en Barcelona, el primer disco, el amarillo. La verdad que hace tanto… No tenemos muy buen recuerdo de esa historia. Firmamos con Welcome Records simplemente porque de las pocas ofertas que teníamos era la única que nos hacía solo uno disco. Nosotros, que éramos más rebeldes que la hostia, dijimos: “No queremos atarnos con nadie, así que con éste”. Pero la verdad es que fue un fracaso todo, nadie nos entendió. El hombre este estaba en otro mundo, agradecido de que nos llamó, pero no teníamos nada que ver con eso. Fuimos a Barcelona y no tenía ni puta idea de lo que queríamos. Fatal. Nos gustaba mucho más la maqueta que habíamos grabado en una tarde en Pamplona que el disco. Pero bueno, fue un descojono.

¿Cómo ha evolucionado la grabación de un disco en estas tres décadas?
Todo ha cambiado mucho, pero yo cada vez me doy más cuenta con el paso del tiempo de que hay millones de formas de grabar un buen disco. Mucha gente defiende una forma de grabación. A Fitipaldis nos encanta ir a Estudio Uno porque, además de que Pablo y Luis son maravillosos, tienen un estudio gigantesco y podemos tocar todos a la vez, pero bien. Tienen los amplis afuera, no se contaminan las cosas, se lo curran de una forma… A nosotros nos gusta grabar todos a la vez todo. Pero eso no quiere decir que sea la única forma de grabar un disco. Otros prefieren grabar su pista de bajo, y luego le mandan la batería, y luego no sé qué, y a mí eso me parece que si el disco está bien pues está bien, pero me parece aburrido. A mí me gusta juntarme y grabar un disco, y disfrutar y tocar. También tiene cosas malas, porque estás tocando una canción un día entera: hoy tocamos ésta. Tomas, tomas, tomas… Hasta que sale una que te gusta.

Y con que la cague uno, hay que empezar otra vez.
¡Claro! Eso es. “Yo creo que no lo he hecho muy bien”… Pero bueno, hay millones de formas. Entonces, ¿qué pasó con el disco de “Voy a acabar borracho”? Pues que fuimos al estudio y grabamos de una forma. Y ahora nosotros pues grabamos esto de otra. Es verdad que yo tengo la suerte de tener a Carlos Raya al lado, que quizás no hay nadie más friki del sonido en el mundo que él, o por lo menos en España. Más la gente de Estudio Uno, que también son muy frikis, y eso es una maravilla, es una celebración de la grabación en directo de un disco. Hay mogollón de gente que sabe mucho, y yo no estoy entre ellos, de todo. De cómo colocar el micro en una mampara que fabrican ellos para esto, que si espérate que subo el micro del ride para no sé qué. A lo mejor podemos estar un día entero para que suene una caja. Luego ya una vez que funciona todo ya solo es tocar, y eso me encanta. Pero por ejemplo mi hijo, que tiene una banda de hardcore y una de trap, pues graban cada uno en su casa con el ordenador y es flipante, porque, ¿qué es mejor? ¿Dibujar con carboncillo o hacer una tela de la hostia con óleos? Pues qué más da, las dos estarán bien. El mensaje es lo importante. No obstante, a todo el mundo le digo que hay muchas formas de grabar un buen disco y todas valen, pero el proceso de juntarse mucho un equipo para grabar un disco es bonito. A mi chaval le digo que lo tienen que hacer alguna vez. No es lo mismo grabarlo tú que compartirlo con treinta personas, es una experiencia diferente.

 

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