ESE CHICO TRISTE Y SOLITARIO
Entrevistas / Antonio Vega

ESE CHICO TRISTE Y SOLITARIO

David Perejil — 18-05-2001
Fotógrafo — Archivo

TRES AÑOS DESPUÉS, ANTONIO VEGA, UNO DE LOS ICONOS DE LA MOVIDA MADRILEÑA, LLEGA CON SU CUARTO DISCO EN SOLITARIO. ATRÁS QUEDAN LOS AÑOS DE NACHA POP, AQUÍ TENEMOS A UN PERSONAJE, PERSONA, CON “DE UN LUGAR PERDIDO” (CHRYSALIS, 01) ENTRE LAS MANOS. ES DIFÍCIL SEPARAR LO QUE ES EL MITO DE LA REALIDAD, PERO EN ESAS ESTAMOS.

Esta no es una entrevista cualquiera. Antonio Vega es mucho más personaje que otras de las personas con las que me he enfrentado grabadora en mano. Más de veinte años en el mundo del pop, músico respetado por parte de la parroquia indie, pero también alabado por la escena mainstream, aunque sus ventas no hayan alcanzado nunca grandes cotas. Delgado, ojeroso y de mirada huidiza, tarda en mostrarse realmente comunicativo hasta mediada la charla. Repite, mecánicamente, respuestas a preguntas ya formuladas con anterioridad, pero necesarias. Vuelve a sorprender que deje tanto espacio entre sus grabaciones. Antonio arguye que los discos tienen su espacio vital y que compone poco a poco, construyendo canciones que no desecha, es decir que saca todo lo que tiene. Eso sí, el disco rezuma buenas vibraciones, incluso alegría melancólica y pausada. Sorprende que sea tan corto, diez canciones en poco más de media hora, con dos versiones diferentes del mismo tema, una instrumental y una letra musicada de Antonio Gala. “Sí es un disco corto, pero no fue por cuestión de tiempo a la hora de hacer el disco, sino de horas de estudio”. Aún quedan en el aire dos o tres temas, que fueron mezclados más tarde, para un futuro disco en directo o como añadido a un futuro single. “De Un Lugar Perdido” me parece un disco irregular, en el que no faltan canciones que gustarán a sus fans habituales como “Estaciones” y “Hojas Que Arranqué”, pero excesivamente recargado en la ambientación, pasando de atmósferas delicadas a delincuentes. Antonio tuerce el gesto.

“Siempre he huido del malditismo, porque nunca lo he sido. Soy alegre y juego a la vida”

“Admito la crítica, pero no creo que para nada sea un disco pesado de oír”. El disco se basa en los medios tiempos con alguna excepción, como las más rockeras “Ser Un Chaval” u “Hojas Que Arranqué”, pop más furioso y acelerado, pero igual de delicado que el resto del disco. “Sí, precisamente esa canción es la que tira para arriba del resto del repertorio”. Otras -la mayoría- son canciones que bien podrían ser catalogadas como de autor, una vez que se las desviste de otros arreglos. “No me gusta ese término, pero más que nada por las connotaciones que tiene de compromiso social o político. Creo que la música no tiene que tocar ninguno de esos ámbitos”. Hay dos pequeñas sorpresas en el disco, un tema instrumental en el que no se resiste a decir unas palabras: “Era una paranoia, algo había que decir. La canción estaba concebida como instrumental al cien por cien, pero me apetecía decir algo”, y un reggae: “La original es la que aparece en el bonus track. El reggae es la versión que hice con unos músicos, tocando en un local. Empezamos a tocarla con ese ritmo y nos embarcamos en una improvisación”. Además, destaca el pulso autobiográfico que se adivina en las canciones de este disco en el que parece desnudarse. “Sí, tiene mucho de autobiográfico. Siempre me han salido así, hablan de mi vida y son una crónica de mi historia personal, de mi momento”. Estamos hablando de un músico con un puñado de grandes canciones en su haber, en las que siempre ha resaltado su particular tratamiento lírico. Algo que suele ser desdeñado por la mayoría de los grupos. “Pues es una parte fundamental de la canción. Tiene que decir algo, pero hay muchas maneras de decirlo, y puede participar en el éxito de la canción. Son muy personales, pero es cierto que a veces son una especie de obligación para la gente. A mí me resulta difícil escribir así. Me baso en el principio de que si se aislaran las letras de mi música, tendrían un valor propio”. En su elaboración colabora, en algunos casos, su compañera Marga. “Ella escribe mucho y muy bien. Cuando trabajaba en ellas, me sugirió cosas que encajaban muy bien. A veces detalles de concepto o versos específicos. Hasta la fecha nunca había ocurrido porque, las letras siempre habían sido mi terreno personal. Pero vivimos juntos y siempre hay encuentros”. Me apetece charlar sobre tu relación con el Antonio Vega-personaje, asociado a un cierto aire de maldito y frágil. “Siempre he huido del malditismo, porque nunca lo he sido. Soy alegre y juego a la vida. Eso responde a la necesidad que tenemos de mitificar, de alimentar las imágenes oscuras”. Sin duda esa etiqueta lo es, pero creo que mito y realidad se funden, coexisten, con sus matices. Me parece también curiosa su evolución pasando de tocar en sitios pequeños, grabando en pequeñas compañías en los inicios de Nacha Pop para acabar saliendo con una multinacional. “Al principio con tu guitarra eres una herramienta potencial muy poderosa. La voz y la intención se desbocan, dices las cosas de manera agigantada. La madurez hace que te asientes, disfrutes más tu propio trabajo. Mantienes la ilusión pero no la vehemencia inicial”. Recordando los ochenta, tan reivindicados ahora: “Fueron años intensos, pero llegados los noventa se dio una necesidad de respirar” y uno de los estandartes de aquel tiempo, “Chica De Ayer”: “Está muy alejada de mis vivencias actuales. Si me hubiesen dicho que esta canción llegaría a lo que ha llegado me hubiera partido de risa. Era redonda, no planteaba ningún enigma y cualquiera podía llevársela a casa, como reflejo de un optimismo sin problemas. Hubo momentos en que me sentí molesto porque creo que hay otras canciones que me reflejan mejor. Pero, al final, acabas claudicando, porque ya no es tuya. Es del público”.

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