Abel Hernández apenas necesita quince minutos (EP de cuatro canciones y un bonus para los que se lancen al 7”) para dar un nuevo giro a su ya más que labrada carrera musical. Una salida de camino –así la define él mismo- que, tras diez años como figura responsable de El Hijo, le permitirá mantener incorruptibles su inquietud, su curiosidad y su devoción por la música.

“Fragmento I” (Discos de Kirlian, 2015) muestra, en su formato físico, una cabeza degollada y hueca, la del filósofo Augusto Comte, obra del artista portugués André Romão. Comte fue quien acuñó, entre otras cosas, del término “altruismo”. ¿Qué intencionalidad se esconde detrás de esa portada?
Que sea la cabeza de Comte me hace gracia, no fue el motivo principal para la portada. Él fue el padre del positivismo, junto con Stuart Mill. Vivimos, supuestamente, en la era tecnológico científica heredera del positivismo, de la aplastante lógica de la razón empírica, aunque, en realidad, esta es una era de creencia fetichista, en la que el mercado se basa en componendas espiritistas. Es un engaño creer que vivamos en una época empirista. Vivimos una época donde la fantasía alimenta al deseo, desde el porno al sector financiero, el dinero… La crisis en la que vivimos no es más que un truco de magia perfecto para que creamos que todos los recortes y medidas son fruto de fuerzas extrañas que hacen que estemos como estamos. Vivimos en el fetichismo y atribuyendo valores mágicos a las cosas: el fútbol, etc.… Así, la portada podría ser una burla, y André va por ahí. Pero a esta conclusión he llegado a posteriori. La portada la elegí porque tuve un flechazo fuerte con esta imagen, cuando la recuperé de una carpeta que tengo llena de imágenes. Profundicé en la obra de André y percibí una estrecha relación con lo que yo quería transmitir en este nuevo momento musical… Contacté con el artista, notamos cierta afinidad y me cedió esta imagen -una escultura realista, una cabeza humana decapitada en la que se ve que hay un hueco negro dentro de ella-, ese hueco negro, que no se sabe si está vacío o lleno…
Las decapitaciones de esculturas, la aparición del Estado Islámico ocurrían mientras buscaba imágenes, mientras escribía letras. Me gustó la imagen para sintetizar todo esto.

Me alegro de haber empezado por aquí, porque ya me has hablado del nuevo momento, del giro…
El giro gijonés… (Abel estuvo viviendo en Gijón los últimos años, la entrevista se iba a hacer en Gijón, aunque al final se desarrolló vía Skype).

Exacto, este giro, nueva etapa, quiero que me expliques sus principales rasgos, los motivos de esta salida de camino, como afirmas en el dossier de prensa.
Bueno…, pienso que cuando acabé el anterior disco, que fue un “alarde”, en el sentido más neutro de la palabra, de todo lo que uno puede dar montándoselo con un crowdfunding para financiar un disco, sin sello, para producir un disco de El Hijo yo mismo por primera vez, con una banda grande, nutrida, trabajando en diferentes estudios… Todo ello muy low cost pero en plan macro producción…, en ese momento llegué a un final de camino. De seguir por ahí, necesitaría medios… Para contar con la banda que yo necesitaba requeriría grandes medios, un empuje económico que permitiera contar con estos tíos estupendos, permanentemente, sin dejar de trabajar hasta alcanzar el punto necesario. Estoy muy contento con esa etapa, pero me di cuenta de que había un nuevo camino. Además hubo una mudanza, un cambio de ciudad, y yo también, de manera muy natural, he ido más a la música…, no me gusta llamarla electrónica, a la que está hecha con procedimientos electrónicos y digitales, más actual, y que tiene poco que ver con el mainstream de la música de baile. Es esa música que está en tierra de nadie, que a veces es muy pop, otras nada, otras extraña, maneja un punto de abstracción fuerte, se puede bailar a veces, otras es para pensar… Me apetecía profundizar en ese mundo, ver los trucos, conocer… Yo siempre he sido un apasionado del trabajo en solitario con el ordenador, lo llevo haciendo años, y como productor para otros grupos, siempre me han permitido trabajar por mi cuenta, en casa, no solamente con ellos en estudio.

“El anterior disco de El Hijo fue un alarde de todo lo que uno puede dar montándoselo con un crowdfunding”

Ha habido una reclusión en lo digital, entonces…
Me ha influido mucho comenzar a emplear distintos softwares a los que solía utilizar, salirme de la lógica del secuenciador multipistas y empezar a utilizar nuevas estrategias, herramientas que son fáciles de usar pero también implican comportamientos compositivos diferentes. He compuesto a partir del ordenador, no solo vistiendo alguna cosa que traes de fuera -que también hay algo de eso en este EP-, pero sobre todo he compuesto desde la producción interna, trabajando con fragmentos sonoros, con loops, con arpegiadores, que permiten cosas mientras te quitan otras… No tienes las facultades que te dan los músicos, la banda. Pero necesitaba ese tipo de código para mirar hacia este contexto social tecnológico en el que estamos, tan marcado por lo que se conoce como “hipótesis cibernética” y que juega con ese punto de seducción-atracción-deseo y rechazo y nocividad que tiene este comportamiento…, esto que estamos haciendo ahora mismo, de relacionarnos por Skype, por ejemplo.

Podría haber gente afirmando que El Hijo pródigo ha vuelto a casa… Migala o Emak Bakia no están tan alejados de estas producciones actuales…, ya dejaban entrever esta etapa.
Me ha ganado mi parte de productor, el Abel que trajina con el sonido, con la materia prima… Personalmente sentía un cambio, la necesidad de un cambio estilístico natural. Estaba cansado de ciertos clichés del rock y la música acústica mal llamada folk en los que podía caer, sus arpegios de guitarra, que me siguen encantando, y que probablemente vuelva a ellos…, pero quería salirme de ese camino… Cierto hartazgo de cosas como la melodía, la armonía, me han traído por aquí. Me interesan muchos esos trabajos más abstractos sujetados con nada, aunque yo sigo cayendo en la canción, por cómo soy… Ahora me interesan nuevas herramientas, nuevos sistemas de lenguaje, apenas apoyados en la melodía, con mucho timbre, mucho sonido, muchas texturas. Con eso se expresan muchas cosas.
También ha habido muchas anotaciones, mucho texto escrito por mí, para situarme y trazar los parámetros de esta nueva etapa, porque pretendo que dure, que tenga recorrido.

Entonces, ¿eso que tu planteas, eso de que el folk del siglo XXI ha caído en un saco justo cuando deberíamos estar llamando música folk a otra cosa, viene de esta reformulación, de esta nueva relación con el medio que te rodea?
Bueno, yo creo que lo que hoy se conoce como “folk” apenas es uno de los “folks”. Hay muchas formas de entender la música popular actual, la que verdaderamente procede del pueblo, que va de abajo a arriba, y que puede permear cosas muy grandes… Muchos compositores de música clásica, o del jazz lo han entendido así. Caemos en el error de pensar que el folk es solamente la música con letra e intencionalidad de mensaje, hecho de forma rudimentaria, con poca sofisticación musical, fundamentalmente con una guitarra española o acústica… Y eso es lo que hay que evitar.

Es algo limitada esa visión…
Sí. Ese folk es solamente una forma más, sobre todo en entornos determinados, como el flamenco, algo que va de abajo arriba… Mi relación con la música me hace ver que hay mucha gente joven alrededor que hace música con su ordenador, con su móvil, me escribo con músicos de Etiopía, de Adís Adoba, que tienen muy pocos medios, que hacen caso a sus riquísimas tradiciones folclóricas anteriores, las graban, van a mercados, registran sonidos, utilizan discos antiguos…, y luego emplean una herramienta de composición tan sencilla como una aplicación informática pirateada y un pc maltrecho… Utilizamos las mismas herramientas y elementos para buscar lo mismo. Y pensar en música hecha con instrumentos acústicos y cantar en grupo, creo que ya no obedece a la realidad presente. Eso no quita para que en muchos sitios sigan con esos planteamientos.
Además, creo que la música folk ha de ser una música viva, reciente…

Fresca.
Fresca, sí. Recién parida… Mucho del folk que hemos heredado a través del rock, el revival folk, tan prefabricado, se fundamenta en el tradicionalismo, es música apoyada en valores no ya tan vigentes. A mí me siguen encantando, pero aquellas baladas de la Gran Depresión que cantaba Woody Guthrie sobre el fenómeno del Dust Bowl hoy ya no permiten leer la situación de suma complejidad y de problemas y realidades actuales. Y, ojo, me parece muy respetable, igualmente, y me encanta seguir escuchando esa forma de folk. Yo creo que la música que hace la gente, música doméstica, con medios digitales o no, creo que es una de las formas del folk. Y eso, a veces te lleva a someterte a la tecnología, otras veces a rebatirla y contestarla… A mí me interesa eso, ahora mismo, más que el otro folk. Necesitaba situarme más en el plano del presente, el de las contradicciones del sistema…, el de la tecnología como facilitadora de soluciones y al tiempo como arma destructiva.

EL-HIJO--FOTO-RUTH-ZABALZA

En este EP queda manifiesta esta concepción, y aunque no se verbalice o explique, flota en las canciones. Pasando a hablar ahora de ellas, quería preguntarte por el tema “El que odia”. Has incluido en él una voz peculiar… Es un sampler de William Burroughs, ¿verdad?
Sí, es el sampler de una película, “Häxan: La brujería a través de los tiempos”… Tiene una versión más antigua, expresionista danesa. En la versión americana, “Witchcraft Through the Ages”, de los sesenta, más corta y sonora (la anterior es muda, de 1922), el poeta William Burroughs pone voz, dramatiza, verbaliza un contra hechizo… Empieza diciendo: “cierra puertas y ventanas para que no entre la maldición…”. Burroughs conjura una maldición para que vaya devuelta al que la ha lanzado con el doble de rencor.
Los comportamientos patológico-sociales del “hater” me atraen mucho, me parecen formas de expresión para explorar… La alienación puede hacer que uno estalle por dentro y tenga que expresarse de algún modo… Es la carne de cañón del sistema en su máxima expresión. El termómetro que nos permite calibrar… Todos, en algún momento, podemos convertirnos en haters…, y tener comportamientos nocivos.
Me interesa también ese rollo telequinético, de lanzarnos los mensajes mediante redes sociales, twitter, la virtualidad funcionando igual que la magia de la Edad Media, o la anterior. Si te das por aludido por mi odio, te hago daño… Es como el vudú. Va por ahí la canción…
Burroughs tiene una voz tan poderosa, siempre me ha gustado. Yo aquí me contradigo, porque la uso por puro fetichismo… Quiero que Burroughs cante en mi disco. De hecho, traduje al castellano ese texto, con la misma rima que hace él… Llegué a pensar en hacerlo yo, o encargarlo, pero luego decidí que tenía que ser él mismo. De hecho, está muy editado, hay un trabajo de sampleado bastante fuerte, y tenía ganas de que fuera como un rapero, alguien invitado a rapear en ese final de tema.

Es como un fantasma que canta…
Cuando sampleas a un muerto… Puff, tengo esa sensación de: estoy oyendo a un muerto… Esto del sonido grabado tiene una propiedad fantástica. Cuando oigo a Jimi Hendrix tocar, a veces tengo la sensación de, joder, estoy oyendo a un muerto… O a Robert Johnson. Y en el caso de Burroughs, que en vida ya siempre parecía un ser espectral, fantasmagórico, venido de otra dimensión… Me gusta que esté en ese tema.

En “Naturaleza muerta”, a su vez, hay una repetición machacona… “Saldré a correr hasta reventar”, que me hizo pensar en todos los runners, toda la gente que hay por la calle corriendo con sus cascos y su música. Yo no sé si tú sales a correr…
No

Pero es una canción que saca al disco de la oscuridad, de esa cabeza hueca a la que remite… ¿En qué momento de la cotidianidad de la gente de hoy sitúas tú esta canción, mejor aún, el disco entero? Sé que no te corresponde hacerlo a ti, pero cualquier compositor, creador, sabe que al otro lado hay alguien esperando por esa creación, que hay un receptor esperando por su trabajo.
No quiero resultar pretencioso diciendo esto… Yo hago música para escuchar. Luego, que cada cual la escuche como mejor le venga en gana. Hay gente, cercana, un músico, concretamente, que ha escuchado estos temas mientras corría, entendiendo que el mensaje del disco es quizá para escucharlo de otra manera.
En Gijón he caminado mucho, con música en los auriculares, caminando por el muro del mar, hasta muy lejos… A mí la música que me gusta ahora mismo es música que hay que escuchar…, que requiere una participación activa del que oye, que no la completa el músico. Y no es fácil, sin prestar atención, que alguien pueda disfrutarla. No es de la que el músico se lo dé todo hecho al oyente. Creo en la música que vas descubriendo a medida que se escucha, y ahí entra todo…, pop o cosas raras, experimentales… A mí me gustaría que mi música estuviera en esa parte de la discografía, que fuera de la que se escucha. Y corro el riesgo de no comunicar.

“No quiero resultar pretencioso diciendo esto… Yo hago música para escuchar”

El modo de hacerla seguramente ha influido mucho en el resultado final…
Este EP está muy hecho con cascos, lo mezclé usando unos cascos de teléfono, de mp3, luego lo retoqué y se masterizó, pero hice todo el trabajo en casa, y para no molestar he trabajado mucho con cascos, y eso, creo, que se nota. Si te sumerges, si lo escuchas a mucho volumen, o en un club, igual suena potentísimo…, yo no lo sé. Me sorprendería mucho escucharlo en un entorno así, quizá sería buenísimo.

Me imagino escuchar “El que odia” en aquel bar ruidista que había en Malasaña…
El Radar, con luz negra… Yo era un habitual allí. Sebi, el dueño, creo que ahora está por Sudamérica viviendo. Pero sí, lo de los cascos, que te decía, me ha permitido escuchar todos esos detalles, tonterías, cositas que son micro organismos y están por ahí, en el disco… Por eso requiere una escucha como placer, más que como utilidad, o como encontrarle un sentido. No te niego que me encantaría que ese otro nivel también funcionara…, y llegar al tío que escucha el disco mientras cocina o está charlando con amigos, pero está hecho para disfrutarlo de otro modo. Tú a Daft Punk los puedes escuchar en un taxi, en un club a todo volumen, o en un festival… Lo mío, por desgracia, creo que no.

Bueno, dejemos que cada uno elija el modo, el lugar y la compañía con quien quiera escuchar tu música, pero que la escuche. Tú a eso no le cierras la puerta… Muchas gracias, Abel.
Muy bien.