Sosiego y agitación. Idealización y gozo terrenal. Orden y aventura. Dualidad. Ambivalencia. Y la resaca tras beber de aquel impulso que engancha y da sentido a nuestras vidas. Todo ello fluye como un río en cada una de las notas de “L’amor feliç”, sexto álbum de los barceloneses Mishima, que regresan con otro gran disco sobre el amor. ¿Sobre qué si no?

El dolor punzante de una antigua herida que vuelve a sangrar. Doblegarse. Cantar sobre ello. Y de nuevo, el bálsamo del amor y las cicatrices de su reverso. Así rompe el silencio “La vella ferida”, canción de melodías luminosas en colisión con unos versos como dagas. “Fíjate que cuando dice ‘la vieja herida ha vuelto a sangrarme’, lo hace coincidiendo con el acorde mayor, que siempre son los acordes más luminosos”, apunta David Carabén, cantante, guitarra y letrista, tras sus eternas gafas de cristales tintados. Un contraste buscado. De nuevo, un diálogo entre contrarios. Musicalmente se suceden pianos punzantes, guitarras a lo Morricone –gran trabajo de Dani Vega- y órganos añejos. Si hay algo que destaca desde el primer instante en “L’amor feliç” es el cuidado desarrollo de los arreglos instrumentales. Una búsqueda consciente fruto del rodaje y del asentamiento definitivo de la banda como quinteto. “Con Alfons Serra y Xavi Caparrós –nuevos batería y bajista, respectivamente- totalmente incorporados, empezamos a trabajar de forma más evolucionada. Creo que nuestra música siempre ha jugado mucho con las intensidades y las texturas. La lección de Phil Spector: puedes hacer la canción pop más naïf del mundo pero si después la destripas, le das rugosidad, el resultado es más profundo y sacude mucho más”. Y en mitad de esa tensión entre detalles y sonidos, unas armonías vocales contagiosas, a menudo balsámicas.

“The Beach Boys siempre han sido una de mis bandas favoritas. Xavi y Alfons se han sumado a Marc –Lloret, teclista- en los coros. Por otro lado, desde el anterior disco he cogido más confianza y me he dejado llevar. Mis vocales son ahora más largas y en ‘Ningú m’espera’ canto más agudo que nunca”. “L’amor feliç”, título no exento de ironía, nace de la versión de “Il n’y a pas d’amour heureux” –‘No existe el amor feliz’-, de Georges Brassens, que realizaron en su último concierto en el Palau de la Música. Una pieza que impulsó lo que iba a ser un Ep sobre el amor, “al estilo de ‘A Short Album About Love’, de Neil Hannon”, y que finalmente ha cristalizado en este sexto disco. “No todas las canciones tratan sobre el amor, ni mucho menos, pero el tema es bastante central, y se establecen los límites de esa eterna discusión entre amor y pasión -una balanza explícitamente retratada, ya, en “El temple”-.

“También queríamos provocar un poco. La gente dice que siempre cantamos sobre el amor. Pues aquí tenéis dos tazas. Y ahora lo haremos de una forma aún más directa. Aunque yo creo que el amor no es un tema, es un universo. Es como si dijeras que cantas sobre el hombre”. Más contrastes. Su impactante portada: un pañuelo manchado de sangre que evoca un doloroso ritual. “Creo que sólo podíamos poner este título si en la portada aparecía algo que funcionara como un desgarro… algo que te toca de forma profunda y violenta. ‘Tristán e Isolda’, por ejemplo, empieza diciendo ‘esto es un relato de amor y muerte’. Si buscas en los orígenes, siempre encontrarás esa asociación”. Otras constantes: canciones dentro de canciones y como metáfora de la vida. “Es una especie de enigma. Una canción no tiene que resolver nada, sino capturar el misterio, aquello que no sabemos resolver en nuestra vida para así poder mirarlo con cierta distancia”. Y los colores. Muchos colores. “Traduje ‘Love Goes On’, de The Go-Betweens, y me di cuenta que no había utilizado nunca colores en mis canciones, cuando muchas de las grandes canciones que me gustan sí lo hacen”. Reflexiones y palabras elevadas y poéticas –como ya hicieran con “Els ametllers”, de Joan Maragall, aquí musican una estrofa de Rilke- que hallan la perfecta réplica en canciones más terrenales, desenfadadas y vitalistas, en sintonía con “L’olor de la nit”, como “El camí més llarg” o “Ossos dins d’una caixa”.

“Son temas más terrenales, sensuales, humorísticos, más de aquí te pillo aquí te mato. También vivimos en esta tierra” (sonríe). Y en mitad de unas y otras, ese single grandioso y adhesivo que es “L’última ressaca”. “Tiene ese juego y esa sintonía con ‘Set tota la vida’ y ‘Qui n’ha begut’, uno de nuestros temas más conocidos”. Una canción irresistible que atrapa de nuevo las contradicciones del impulso vital en todas sus vertientes. “Todas las cosas que te molan en la vida tienen esa doble faceta, adictiva y que, por tanto, te convierte en un esclavo, pero que también te libera y te pone en contacto con aquello por lo que vale la pena vivir”. Intentar luchar contra ello: “es un ejercicio exigente que te desgasta. Además, sabes que seguirás bebiendo. ‘No pienso beber nunca más’ es la mentira que nos hemos dicho todos cada domingo”.