‘La Villana Canta’ es una colección de canciones exquisita, doméstica, tan frágil y tan fuerte como esas mujeres que nos han salvado de los crujidos de la vida. Bajo la máscara de La Villana se esconde Natalia Quintanal, voz de las asturianas Nosoträsh. Con temas atesorados desde hace tiempo y la colaboración de su hermano Pablo y Pedro Vigil a la producción, ha facturado un disco en los que los ecos de su banda anterior planean en el ambiente, pero no son protagonista de una historia en la que desearías quedar con los malos para tomar un café.

¿Cómo surgió el proyecto?

Más que el cómo sería el “para qué”. Cuando has formado parte de un grupo y has tenido la oportunidad de escribir canciones, grabarlas, publicarlas y llevarlas al directo durante 20 años, el cómo ya está rodado. ¿Para qué surge La Villana? Para poder seguir escribiendo, cantando y tocando en directo. Cambian los compañeros, las letras, el tono de las canciones e incluso la forma de publicarlas.

¿Por qué “La Villana”?

Por dos motivos: uno, más relacionado con disfrutar del lado oscuro y de las villanas de cómic, pese a la dificultad que supone tratar de ser Villana y tener la nariz chata; y otro, porque es el nombre de la casa de mi familia.

Tenías las canciones grabadas desde hace tiempo, ¿cuándo llegó el momento de sacarlas?

Cuando me di cuenta de que tenerlas encerradas en un cajón era lo más absurdo del proyecto y me empezaban a salir sarpullidos por la piel sólo de pensar que tanto trabajo se iba a quedar guardado. Y ese no es el sitio que se merece. Por eso decidí construir un espacio donde las canciones habiten de la manera en que se merecen en www.lavillanacanta.com

¿Cómo fue el proceso que seguiste para publicar las canciones en la web?

Tomé la decisión de sacar las canciones del cajón e imaginé el espacio; luego le pedí ayuda a mi amiga Susana Lago y tan sólo tuve que escoger el día del mes en que publicaría la canción y empecé a trabajar con los chicos de Fium en los autoretratos villanos.

¿Qué ventajas te da la autoedición?

La autoedición fue la única forma que encontramos de poder darle a las canciones un formato físico. No le veo mucha ventaja más, lo que sí veo es que te supone mucho más trabajo todo. Nosotros grabamos, producimos, buscamos quien nos lo masterice, quien fabrique los cds y los vinilos, buscamos el packaging, los llevamos a la imprenta para la serigrafía, y contratamos a Gran Sol para que nos ayude a distribuirlos. Luego los vendemos a través de nuestra web, se los enviamos a la gente y los vendemos en los conciertos. Lo hacemos todo.

¿Quién te ha acompañado en este proyecto?

Ha salido adelante haciendo frente común Pedro Vigil (músico, productor y co-fundador de La Fórmula discos) y Pablo Quintanal (músico, compositor y co-fundador de La Fórmula Discos).
¿Queda algo de las Nosoträsh de “Popemas” en La Villana?
Por supuesto, siempre va a quedar algo de Nosoträsh en cualquier cosa que haga.

¿Te sientes más libre o con más presión en un proyecto que no es compartido?

Me siento cómoda. Con Nosoträsh siempre me he sentido muy libre y muy arropada a la hora de componer y cantar; ellas entendían, no sólo mi forma de cantar, también la forma en que yo componía, me respetaban y yo siempre respeté mucho su criterio. De hecho, al principio era lo que más miedo me daba, no contar con sus apreciaciones, cambios o apoyos y eso me volvió más autocrítica.

¿Cómo surgió el primer concierto de La Villana?

Mar y Alicia de Pauline en la Playa me animaron a presentar mis canciones en la presentación de su último disco “El mundo se va a acabar” en Oviedo.

¿Hay muchas canciones de amor en el disco?

Si te refieres al amor romántico te diría que no, pero todas las canciones hablan de una forma u otra de amar. Del amor por el que ves sufrir, del cansancio de amar, de amar a las personas equivocadas, de los que aman de formas tan diferentes que lo más probable es que no se lleguen a amar nunca, de los que han empezado a amarse a sí mismos. En fin, como vuelva a escribir el verbo amar me voy acabar empalagando.