DUEÑO DE UNAS INTUICIONES MELÓDICAS IRREPROCHABLES, DE UN SARCASMO DIFÍCILMENTE DESCRIPTIBLE Y DE UNA BANDA, EELS, QUE ATESORA UNA DISCOGRAFÍA NOTABLE, EL SEÑOR E REGRESA CON “SOULJACKER” SU NUEVO, RECOMENDABLE Y ARISCO TRATADO SOBRE LA MISERIA. LA PROPIA Y LA AJENA, CLARO.

Incrustado en una silla más ancha, mucho más, que su espalda, Mr. E me recibe sin que sus facciones dejen aprehender sentimiento alguno. Con esa barba en cuarto creciente descansando sobre la parte superior de su pecho, y esas lentes, diminutas y pujando por la circularidad, bien podía pasar por un Carrington con chupa vaquera o por un Clarín de nuestros días. Le ha robado tiempo al tiempo para intercambiar impresiones con la canallesca española acerca de “Souljacker” (Dreamworks/Universal, 01), el cuarto disco de Eels, que es casi lo mismo -editó dos discos en solitario en los albores de la década pasada- que decir su cuarto disco. O eso es lo que yo creía, porque sus declaraciones terminan convirtiéndose en un ejercicio de parquedad y síntesis difícilmente igualable. Vayan abriendo boca, si es que les da tiempo: “No es que tenga miedo a los discos demasiado pulidos o desarrollados, es que las canciones me salen así”. La primera en la frente. “Respirar, inspirar”, pienso para mis adentros, junto a la cama deshecha, y repaso con una mirada nerviosa mi cuestionario, que de inmediato comienza a ofrecer asideros. El primero me advierte de que este disco lleva cociéndose lentamente desde marzo de 1999 y que se ha ido grabando de forma casera (en el garaje del propio Mark Oliver Everett según nos cuenta el mito) durante los últimos veinticuatro meses.

“No es que tenga miedo a los discos demasiado pulidos o desarrollados, es que las canciones me salen así”

Luego cabe preguntarse si el resultado final, lo que podremos escuchar desde finales de este mes, sigue pareciéndose a las intenciones primigenias. “No puedo especificarlo. He ido grabando este disco, pero he estado haciendo un montón de cosas más. Normalmente suelo tener en marcha cuatro o cinco proyectos a la vez. En el caso de este disco he ido haciendo las cosas a trocitos, cuando tenía tiempo. Algunas se grabaron a la par que el anterior disco, otras después, otras al acabar una gira… no podría decirte si esto las ha afectado o no”. Nunca lo sabremos, entonces, pero consignar diferencias con respecto a “Daisies of the galaxy” (Dreamworks, 00) no es demasiado difícil. La crudeza de “Souljacker” contrasta con el sosiego, sólo aparente, de su predecesor. Peter Buck (REM) y Grant Lee Phillips (Grant Lee Buffalo) han sido sustituidos y su cesantía es ocupada ahora por John Parish (PJ Harvey, él mismo) y Joe Gore (Tom Waits, por ejemplo). Y no sólo eso: las canciones funcionan. Son directas, ásperas y arenosas. Y, sobre todo, suenan como tienen que sonar. “Estos cambios obedecen en parte a que siempre quiero un músico determinado para cada tipo de sonido, pero sobre todo a que lo que siempre busco es la libertad. No quiero hacer las mismas cosas siempre. Cada proyecto es distinto y necesita gente distinta”. Hablar de acierto en el casting, focalizando méritos únicamente en ese aspecto, es hacer de menos al taciturno E. De forma soterrada, inmóvil en su butaca, él mismo se encarga de recordármelo. “John y yo coincidimos casualmente. De hecho yo ya había grabado algunas de las canciones en las que parece que él es imprescindible para que suenen así, como ´Souljacker part one´. Yo le mostré algunas de esas canciones y a él le gustaron, y fue John Parish quien propuso hacer más material en esa onda. Fue él quien se ofreció a colaborar”. Aclarado queda. Lo cual no quiere decir que el capítulo de aclaraciones se cierre en este punto. Ni mucho menos. En ciertos lugares de internet se le atribuye la producción de bandas como Gameface o Cadillac Tramps. Una cuestión del abajo firmante en esa dirección ejerce como milagroso, casi curativo, reactivo a su sedente actitud. El señor E se dispara (moderadamente), sus constantes vitales se aceleran (un poco) y su verbo se torna fluido (pero menos) cuando llega el momento del desmentido: “No soy yo, -sonríe, menos mal- es otro tipo. Lo único que he producido en mi vida han sido mis discos, y lo hago porque así suenan como quiero que suenen. Ya sé que en algunos sitios de internet dicen que soy yo, pero lo que tienes que hacer es informarte a través de mi página oficial”. Agradeciendo el consejo desde mis adentros, vuelvo a toparme con una respuesta llegada desde latitudes demasiado frías, articulada a través de la voz de aquel que tras fracasar comercialmente con su primer proyecto se topó con el éxito millonario de “Beautiful freak” (Dreamworks, 96). “No pienso en esa dirección. No sé lo que vendió ´Beautiful freak´, ni lo que vendieron los anteriores, pero si fracasaron comercialmente seguro que fue por alguna buena razón”. Seguro. Tanto como que su gélida ironía empieza a amenazarme, así que decido vacunarme contra la hipotermia, abandonando ese hotel caro, con su salón, sus chatis pijas, su piano y su señor con chistera y abrazando de nuevo el sofoco del estío madrileño. Es un espejismo, lo sé, pero ahora me siento un poco más a salvo.