Si algo tiene el pop global es que es un género desprejuiciado como pocos. Eso le viene que ni pintado al valenciano Bearoid, culo inquieto por naturaleza y que siempre suma colores por doquier. Años después de darse a conocer y de ser incluso demoscópico de esta publicación, publica “Ultravida” (Helsinkipro, 19), un disco que no engaña en el título. Es todo y es mucho. Es sentimiento y trascendentalidad. Es baile.

Que lo bueno y lo nuevo sea cuanto más bastardo mejor es algo que le va de diez a Dani Berenguer, el productor tras Bearoid. Ahora vuelve con un largo, algo extraordinario en una carrera basada en los pelotazos de tres minutos, por título “Ultravida”. Como se puede interpretar: abundancia de sensaciones. Y, claro, como buen hijo de esta generación (ronda la treintena), mucho día a día y a la vez un trascendentalismo paralizante. Pero no está solo, el valenciano; en el largo hay productores amigos como Sr. Chen o One Path. Quedan atrás los años en los que ponía su voz al servicio de Kostrok. Porque nunca fue él muy sumiso a los corsés: capaz de producir los más variados singles, desde coqueteos disco, dígase “Bad Karma”, a una versión marciana del “Antes de morirme” de C. Tangana. Precisamente el rapero, en la picota por haber extendido por nuestro país eso del pop global, ha influido sobremanera en la forma de expresarse de Bearoid. Incluso le ha ayudado a derribar la barrera idiomática: bye, bye inglés.

“En un disco, el artista está por encima de la canción, en un ‘single’, no”

¿Cómo es eso de que tu renacer musical vino de la mano de C. Tangana?
Hace un tiempo viví una especie de depresión musical. Disfrutaba lo que hacía, pero no me llamaba demasiado la atención, fui perdiendo interés en mi propia música. C. Tangana lo cambió todo. Para mí es un concepto.

¿Un concepto?
Lo que hizo fue abrir un melón: unir muchos mundos, una piscina con todo por descubrir. Todo lo que podía sonar ahí me iba a gustar. Yo no soy ni clásico del rap, ni del indie… Siempre me habían dicho que estaba en el medio de la nada. El melón que abrió C. Tangana, ese pop nuevo de España, fue iluminador. A partir de hacer iniciar todo un campo en español para artistas descubrí mi propio idioma.

¿Cuándo crees que C. Tangana abre ese melón?
Para mí, personalmente, C. Tangana empezó como tal con “Antes de morirme”, antes no se había tirado a dicha piscina. Con “Ídolo”, eso sí, disfruté de muchas más cosas. “Llorando en la limo” me hace llorar e hizo que me gustara muchísimo más el castellano. Y mira que siempre he tenido problema con él, no me había llamado la atención usarlo.

¿No se entiende “Ultravida” sin el cambio al castellano?
“Ultravida” viene de poder componer en español. Nunca hablé con tanta honestidad, nunca me exploré tan bien. Es un análisis de mi propia personalidad. Con mi idioma puedo desarrollar mejor esas sensaciones profundas.

¿Cuándo lo descubriste?
Estoy en una agencia que trabaja con discográficas y nos propusieron hacer un stage en un estudio de Portugal. Nos llamaron para que diferentes artistas fueran allí a hacer temas. Escritores, letristas o lo que fuese. E íbamos rotando, en equipos de tres o cuatro. Me llamaron y me pidieron que hiciera temas castellano. Ya había sentido la llamada del nuevo pop, pero no entendía la mecánica en castellano… En inglés funciona por encajar monosílabos y hay mucho rango y el castellano te tienes que pasar de sílabas… Primero les dije que no, me daba miedo. Al final dije que sí. Fue como coger el coche de tu padre sin carné; pero no me metí una hostia. Esa nueva etapa fue un nuevo flow. Una oleada de energía.

Energía a tutti. ¿Por eso “Ultravida” es tan diverso? Incluso para ti…
Esta forma expansiva de “Ultravida” me encanta.

¿Cómo un tipo tan enfocado a los singles decide tirarse a un largo de once temas?
Lo primero que hice casi en mi carrera fue sacar dos Ep’s. Y luego empezó a crecer la cultura Youtube. Eso era bombazos y más bombazos, y la gente lo escuchaba. Pero ahora quería algo diferente: una decisión conjunta de la agencia y mía. Un single funciona como campaña de promoción y el producto se convierte en el márqueting, claro. El disco responde a que estaba un poco harto de esa búsqueda continua del hit y quería hacer un discurso, enseñar lo que soy. Quería explicarme. La gente no acaba de entender todo lo que soy…

“Yo no escucho casi discos. Porque los artistas que me gustan van sacando singles o porque los discos no me gustan enteros”.

¿No te gustaba cómo te consumían?
Yo no escucho casi discos. Porque los artistas que me gustan van sacando singles o porque los discos no me gustan enteros. Pero escuchando un disco tienes una postura diferente. En un disco, el artista está por encima de la canción, con un single, no.

¿Con tanto color, se extreman las ideas? Hay mucho existencialismo en “Ultravida”.
Soy existencialista. No habrá un disco mío que no lo sea. Esa es mi puta vida. Es una explicación de cómo soy. Yo sabía que lo quería llamar así porque el concepto me define mucho.

¿Se puede bailar menos el existencialismo?
“Final Days” no se puede bailar. [Ríe] Puedes mover, como mucho, la cabeza. En fin, para mí, la definición de “Ultravida” es abrazar lo insignificantes que somos pero que a la vez somos capaces de sentir y sorprendernos con lo sencillo. Esa frase, como muchas otras, abrazan lo ridículo de existir.

Hay mucha sorna con esto de “ser alguien normal”…
Los hits de ahora los rellenan temáticas que no son en absoluto lo que define la vida. Las canciones no reflejan en absoluto lo que define la vida. Se desdibuja como es realmente una vida. ¿Enamorarte fuerte? ¿Mucha emoción? ¿Vivir a tope? Pues no. Todas esas cosas son mentira. Si tu escuchas un top list y quieres extraer una conclusión sobre la vida, no lo conseguirás.

¿Pero el pop no intenta, en parte, embellecer un poco toda esta miseria?
Pero yo, como me analizo todo el puto día, me he dado cuenta de que soy así. Me cuesta hablar con tías para ligar o no sé si alguien liga conmigo… Me come la cabeza. Yo soy consecuencia de todo eso, y soy ridículo. Soy uno más. Hablo de esa sensación de no puedo ser quien me dicen que seas las canciones.

Estás a nada de hacer un tema emo...
Yo soy bastante sad boy, lo tengo todo. [Ríe] Si me apetece hacer una canción emo, la haré… Soy tan depresivo como alegre, “Ultravida” también es eso. Tengo sensaciones muy fuertes de todo. Y la tristeza tiene imágenes preciosas.

¿Muchas horas solo en el estudio?
Yo he estado cinco años siendo autónomo. Te rayas especialmente por todo. Con nadie cerca para hablar. Tu cerebro empieza a hacer cosas raras. Yo ahora curro como productor en un estudio haciendo música para publicidad, videojuegos… Pero, en esencia, sigo estando solo en el estudio. Los productores siempre vamos a vivir encapsulados. Seres nocturnos con movidas, rayadas y pocas habilidades sociales.

Tan solo tampoco… En el disco colaboras con One Path, Sr. Chen o InnerCut
Con One Path, Sr. Chen o InnerCut seguiré haciendo cosas, sí. Se me amplía el rango con ellos. Ahora mismo no tengo límites. ¿Todo es continuista respecto a “Ultravida”? Sí, porque es expansivo.

Se puede transmitir desde la emoción o desde el baile. Uno viene más de la cadera y lo otro de la cabeza. ¿Qué habrá más en tus directos?
Mi intención con los bolos es… Depende. Siempre he querido curar. Me gusta invadir la cabeza de la gente durante una hora e intento ganarme su confianza para acabar entrando en su mente. Diciendo cosas o sin decirlas. Pero transmitiendo mucha energía; un concierto va sobre eso. Hay muchos que plasman el disco. Y yo ahora no sé si soy músico o entertainer, que parece una denostación, pero no. Yo canto, claro. Pero ya me he dado cuenta de lo que le mola a la gente de mi. Yo he ido con banda de cinco y ahora con Dj y autotune. Y la gente disfruta. Estamos conectando, se hacen bromas… Al final todo es como un megáfono de tu mente y sentimientos. La intención es que se acaben sintiendo igual que nosotros.