B-boys maduros
Entrevistas / Beastie Boys

B-boys maduros

Joan Cabot — 26-09-2007
Fotógrafo — Archivo

Sí, han vuelto. Los tres judíos más divertidos de Brooklyn se marcan en “The Mix-Up” (Capitol/EMI) una jam intergaláctica junto a Money Mark para entregar un disco que no cambiará el mundo, pero que amplia el abanico de posibilidades del Mike D, Ad-Rock y MCA. Beastie Boys, mucho más que un grupo de rap.

Hay muchas y muy buenas razones por las que nos gustan Beastie Boys. Una de ellas son discos como “The Mix-Up” (Capitol, 07), en el que vuelven a coger los instrumentos y a mostrar su afición por el soul jazz instrumental. Ya la conocíamos. Está perfectamente documentada en el recopilatorio “The In Sound From Way Out”, primero publicado a través de su club de fans francés y posteriormente reeditado a través de su propio sello, el añorado Grand Royal. Beastie Boys son Beastie Boys porque tienen un pasado en el hardcore seminal, porque fueron de los primeros que, de la mano de Rick Rubin y con permiso de Run DMC, casaron el rap con el rock y porque nunca han renunciado a emprender proyectos paralelos con mayor o menor fortuna que dan a su carrera profundidad artística. Son cosas como que Adam Yauch haya producido el retorno de The Bad Brains, el Ep “Aglio e Olio” (Capitol, 95), su gira bajo otros nombres por pequeños locales, la visión detrás del catálogo de Grand Royal o proyectos paralelos como BS 2000 lo que hace de Beastie Boys algo más que un simple grupo musical al uso.

“Nos apetecía dar un giro y decidimos coger los instrumentos de nuevo, encerrarnos a tocar y ver qué pasaba”

Y es que en muchos sentidos, su carrera desde “License To Ill” (Def Jam, 1986) ha sido un intento continuo para borrar la imagen de niñatos garrulos que Russell Simmons creó para ellos. Ahora, tras volver a casa en “To The 5 Boroughs” (Capitol, 04), se encierran junto a Money Mark y el percusionista Alfredo Ortiz para entregar un disco menor pero divertido. Puede que si no fuera de los Beastie Boys no le hiciéramos ningún caso a “The Mix-Up”, pero a la vez es uno de esos discos que ayuda a apreciar mejor al trío de judíos más divertido y famoso de Brooklyn. “Los últimos discos los habíamos hecho de manera bastante parecida, sentándonos delante del ordenador para componer las canciones”, explica Michael Diamond. Después de varias horas de retraso se pone al teléfono y parece lanzado. “Nos apetecía dar un giro y decidimos coger los instrumentos de nuevo, encerrarnos a tocar y ver qué pasaba”. El resultado de esas sesiones es un álbum evidentemente construido a partir de jams no del todo dirigidas. Y eso se nota. Muchas canciones parten de un detalle mínimo y luego van expandiéndose de a poco, a ritmo de soul jazz festivo. “Se parecía bastante a cuando grabamos las partes instrumentales de ´Check Your Head´. Hacíamos jams y las grabábamos. Luego lo escuchábamos todo y veíamos qué se podía utilizar y qué no servía entre los tres. De hecho, incluso cuando hacemos hip hop, el proceso es más o menos el mismo. Nunca sabemos qué vamos a hacer hasta que estamos allí en medio”. Si quieren una anécdota, en el libro que Alan Light escribió sobre los tres MC´s, “The Skills To Pay the Bills” (Three Rivers Press), Sean Lennon cuenta cómo se encontró a Adam Horovitz jugando con un vocoder que se acababa de comprar. Dos días después escuchó por primer vez “Intergalactic”. La mayoría de sus canciones, sentencia Lennon, salen de ir “fucking around” con juguetitos. Y “The Mix-Up” sale de ir “fucking around” con instrumentos, a ver qué sale. Eso sí, muy bien acompañados. El peso de Money Mark en el disco es tremendo. Si en el anterior trabajo de Beastie Boys se podía decir que eran cuatro contando a Mixmaster Mike, cuya presencia condicionó completamente también “Hello Nasty” (Capitol, 98), en esta ocasión Mark Nishita es el cuarto miembro de la banda y uno de los mayores activos de su nuevo álbum. “Tanto Mark como Alfredo han dado un toque definitivo al disco, su trabajo es impresionante y han mejorado todo lo que habíamos hecho”, comenta Diamond. Al fin y al cabo Beastie Boys siempre se han sabido rodear de buenos colaboradores, gente a la que además le han dado cancha. Además de Rick Rubin en su primer disco, con quien mantienen todavía una relación algo tensa (“Está muy ocupado grabando a Metallica”, espeta Mike D cuando le pregunto si algún día volverán a trabajar juntos), están The Dust Brothers, Mario Caldato Jr, Mixmaster Mike, Money Mark… Todos han sido algo más que meros productores, músicos de sesión o Dj´s de directo. Han determinado el sonido de los Beastie Boys tanto como les han permitido. De hecho, Mike D se escuda en eso cuando le comento mi extrañeza por la falta de colaboraciones en los discos de Beastie Boys, algo de lo más habitual en el mundo del rap, pero que ellos nunca han hecho. “En nuestros discos siempre trabajamos con otra gente”, dice, y tiene razón. Pero también es cierto que ya desde su primer disco muchos MC´s negros han visto a estos tres paliduchos con cierto recelo. A Mike D no le apetece hablar mucho de todo esto y prefiere volver al disco. En algunas entrevistas previas a la publicación del álbum él mismo comentó la influencia de bandas de post-punk como Gang Of Four, P.I.L, The Slits y Killing Joke. Le confieso que me cuesta verlo con mi inglés de my-tailor-is-rich y no le hace mucha gracia. “¿Me estás llamando mentiroso?”. No, no, hombre. Todo el mundo sabe que Beastie Boys nunca mienten, pero a mí me cuesta ver la influencia marcial de Gang Of Four en “Suco de Tangerina”. “Muchos de esos grupos están muy influenciados por músicas como el reggae cuya presencia sí puedes percibir en el disco. Public Image Ltd., por ejemplo, le deben gran parte de su sonido al dub. Además de tocar juntos, hemos estado escuchando mucha de esa música juntos. No sólo post-punk, también hip hop y afro-beat”. Y la verdad es que de todo hay en “The Mix-Up”. Digamos que es un disco de soul jazz instrumental por decir algo, pero a pesar de que el concepto puede englobar el sonido del conjunto cada tema tiene su propia historia. Es fácil seguir la pista a muchas de estas canciones: te remiten directamente a los pasajes instrumentales de “Check Your Head” e “Ill Communication” (Grand Royal, 94) y al ya mencionado “The In Sound From Way Out!”, que recopilaba todo ese material. De nuevo ellos quieren desmarcarse de ese álbum. Éste es otra historia, es un disco concebido como tal y no una compilación de temas como el otro, pero de nuevo se antoja como la banda sonora perfecta para películas de serie B. “Más que películas de serie B, yo diría que encajaría como banda sonora en alguna de Spike Lee”, comenta Diamond. Y sí, no se lo digo a Mike D, pero “The Mix-Up” es un trabajo menor dentro de la discografía de Beastie Boys, un alto mientras esperamos el siguiente paso de los tres de Brooklyn. Es un buen disco, claro. Pero de Beastie Boys esperas siempre algo más que eso: esperas que tengan tu culo bailando durante meses con barbaridades del tipo “Body Movin´”, “Hey Ladies”, “Sure Shot”, “Triple Trouble”, “Intergalactic”, “Shake Your Rump” y demás. E incluso su reciente visita a Barcelona durante el pasado Sónar dejó a más de uno con el gusanillo de la duda carcomiéndole los intestinos. “No sé cuál será el siguiente paso. Nunca lo sabemos. Hasta que no nos pongamos a trabajar en el siguiente disco, hasta que no estemos allí en medio, no sabremos nada”.

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