Como si de un latido persistente se tratase, este proyecto, ya desde su propio nombre, revela una dualidad en su idiosincrasia. La antagónica naturaleza de los integrantes de este vínculo marital, un ex militar estadounidense y una actriz y cantante, queda enunciada en su nuevo disco a modo de sístole y diástole emocional, una escarpada biografía romántica convertida en pieza fundacional de un repertorio en el que brotan tantas rosas como espinas. Un ejemplo -en este caso lírico- de ese reiterado juego de contrastes que paulatinamente se ha ido contagiando a un ámbito musical donde lo telúrico se debate con lo ampuloso. Puede que consecuencia de esa búsqueda del idioma adecuado para traducir los dilemas del corazón, este cancionero actual haya escogido habitar ritmos con un pedigrí especialmente melódico.
Una identificativa personalidad asociada a esta producción que sin embargo debe conjugarse con una desatada y -en no pocas ocasiones- abigarrada épica constituida en lo que parece, al menos en los últimos títulos, un rasgo característico de The War and Treaty. Disposición que desemboca en episodios, como el R&B asfixiado por su sección de cuerdas visible en “Litty” o una desnuda “Don’t Give Up Now” herida de afectación, donde la acumulación, no necesariamente cuantitativa, se percibe como generadora de distanciamiento respecto a sus emociones, y no al contrario.
Sigue siendo por lo tanto el aporte procedente de entablar un diálogo orgánico con las raíces el verdadero cenit de este repertorio, y su verdadera y encomiable aportación. Un registro focalizado en una zona intermedia por la que asoma, en compañía de Valerie June, el excelente arraigo country alojado en “Reclaim All of Your Time”, o el desgarro soul con mediación gospel -siendo la invocación religiosa el tercer vector de esta historia de dos- de “Shouldn’t Have”. Composiciones que logran en todo su expendedor hacernos copartícipes de este diario íntimo expuesto al público.
Al igual que en su anterior trabajo, “Plus One” (25), los destellos y las sombras -artísticas- vuelven a encarnarse en los mismos lugares, lo que invita a reiterar el deseo futuro de hallar su firma estampada, ya que sus gargantas son absolutamente aptas para ello, en un álbum que impida la aparición de cualquier valoración dubitativa. De momento, el relato de su historia sentimental, como su representación sonora, está dictada por renglones torcidos llamados a ser enderezados por esa fuerza superior que emana del compromiso mutuo y el palpitar irracional.
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