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Ya dijo el escritor catalán Eugenio d’Ors que todo lo que no es tradición es plagio. Una frase que sirve perfectamente para resolver el recurrente dilema sobre la supuesta originalidad en el arte y la necesidad, a veces tan obsesiva como innecesaria, de transgredir las enseñanzas. Una deliberación que no parece ocupar demasiado tiempo en la mente de este grupo bilbaíno que debuta -lo que no les convierte en primerizos en estas lides- con un trabajo corto que no oculta, desde la iconografía cuatrera desplegada en su portada, un sustrato musical alimentado por el rock clásico sureño, convirtiéndolo en su arma identificativa.

Son solo cuatro temas los que dan forma a este EP -de anglosajón título, “Dead Man’s Hand”, pese a que sea el castellano el idioma elegido para sus textos- pero que funcionan perfectamente de explícito resumen de su rocosa propuesta. Un concentrado recorrido en el que se puede contemplar con total claridad la aparición, con mayor o menor profusión, de todo ese continuo de nombres que han representado, y representan, en grado sumo el mencionado género musical, ya sean Lynyrd Skynyrd, Humble Pie, The Black Crowes o más recientes como Rival Sons o Blackberry Smoke. Referentes que dejan bien a las claras las aspiraciones de la banda pero que de ninguna manera coartan o encapsulan su expresividad.

Empezar esta concisa colección de composiciones con “La disciplina del Diablo”, en la que recurren a la arquetípica simbología mefistofélica para reflejar su particular impulso vital, supone una acertada decisión, al margen de por su propia valía, a causa de la energía y contundencia que transmite sumado al buen manejo instrumental y el gusto para jugar con los tiempos y las melodías, posiblemente los elementos distintivos de la banda. Una circunstancia que todavía destacará más en el recio entorno construido para “Quedándome sin tiempo”, a la que no renuncian a adornar con giros vocales. Una base más hard rockera, en este caso representada por machacones y cortantes bases, terreno conquistado ya hace tiempo por los australianos AC/DC, se apoderará de “La chica del volcán”, de la que sus endurecidos cimientos no serán ajenos tampoco a un tono lírico que mutará en “Mis malas formas” hacia un arrastrado ritmo de boogie.

Quizás este debut de The Renegados no sea apto para aquellos que sueñan utópicamente con la quimera de encontrar en cada disco un ignoto hallazgo musical. Una aspiración tan ingenua como, en este caso, innecesaria cuando delante se tiene a un grupo que de forma tan ejemplar ha conquistado las maneras clásicas del rock americano en su vertiente más cruda. Y si alguien cree que entraña mayor facilidad el hecho de ceñirse a unas pautas o cánones impuestos desde hace décadas, simplemente tiene que ponerse manos a la obra, pero probablemente solo obtenga un sonido insulso con el que molestar a los vecinos, muy al contrario de lo que nos ofrece esta formación vizcaína, que no es otra cosa que una encomiable forma de materializar su pasión por este tipo de música.

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