En uno de esos momentos íntimos
entre la multitud que solo puede dar un
festival como el Primavera Sound pude comprobar como un emocionado Ira Kaplan
(Yo La Tengo), pasando casi desapercibido, disfrutaba como un niño del
concierto de The Bats. Estaba justo detrás de mí y, como yo, observaba las
evoluciones de los neozelandeses con una devoción casi religiosa. Y no era para
menos. Estábamos viendo el retorno a los escenarios de uno de los grupos que certificaron
el nacimiento del pop independiente tal como lo conoceros ahora. Fue a
principios de los ochenta, ocurrió en Nueva Zelanda y el sello que se encargó
de ello fue el seminal Flying Nun, casa donde The Bats compartían protagonismo
con otros héroes del calibre de The Clean o The Chills. Ahora, tras más de una
década de parón, la banda neozalendesa regresa a la vida con un disco que deja
bien a las claras que aun no se han oxidado y que conocen todos los secretos
del pop leído, honesto y elegante. Ese que también dominaban a la perfección
The Go-Betweens, sus hermanos de sangre australianos. “The Guilty Office”, como los discos que
marcaron el second coming de
Robert Forster y el tristemente desaparecido Grant MacLennan, mantiene la
magia. Magia que está presente en canciones como “Crimson Enemy”, “The Orchard”, “Like Water In Your Hands” (la mejor del lote) o
“Satellites”.
Es una maravilla este disco. A mi me recuerdan en cierta medida a REM y a Crowed House.