Si los revivals siguen con su caprichoso orden, el siguiente, por anunciado, debería ser el shoegazing, un estilo etéreo y cautivador aunque de paso fugaz. Hace años que suenan campanas de bienvenida y, ahora, se apuntan al carro unos The Autumns, desde Los Ángeles, que ponen la etiqueta antes que el sonido.
Porque mirarse los pies y unos cuantos efectos especiales no bastan. No encontrarán aquí nada de My Bloody Valentine, apenas algo de Slowdive y poco de Ride. Su segundo disco, más de siete años después del primero, es una mezcla de los Radiohead más íntimos con Coldplay, todo cantado intentando ser Jeff Buckley pero acercándose peligrosamente en las formas a Matt Bellamy (Muse). En “Deathly Little Dreams” incluso con excesos guitarreros. “Wonderfully Wonderful” es irritante desde el título. “Every Sunday Sky”, que tiene mimbres de gran éxito, queda deslucida por un envoltorio plastificado y poco creíble. Así, la escucha del compacto se convierte en una carrera de obstáculos que dificulta la calma necesaria para apreciar pasajes bellos como “Désolé”. Llegó la primavera, aún falta para el otoño.
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