Pese a la desafiante y explícita portada del nuevo disco de la banda californiana, no ha sido su gestación precisamente un ejercicio de inmediatez. Porque los tres lustros que le separan de su predecesor, “Hard Times and Nursery Rhymes”, han sido años a lo largo de los que su concepción se ha ido postergando e interrumpiendo, a veces por giras o empresas lúdicas y otras por envites más traumáticos, como la grave enfermedad de su líder, Mike Ness. Quizás por eso su arrebato musical se presiente, más allá de insuflado por el necesario impulso visceral, como una coreografía perfectamente organizada para ilustrar esta rebelión contra el tedio.
Mientras que otros representantes del punk-rock se dedicaban a abdicar de cualquier paternidad previa, Social Distortion siempre ha escogido mostrar un absoluto respeto, y absorber sus enseñanzas, por antecesores y maestros. Un método que les ha ayudado a esquivar cualquier síntoma de envejecimiento artístico y que les permite en la actualidad utilizar su veteranía para declarar la guerra y saberse invencibles en la confrontación directa.
Comandados por ese dandy de los bajos fondos que es su tatuado cantante y guitarrista, este nuevo repertorio, buscando el equilibrio entre su pasión vitalista y caer rendido ante la frustración cotidiana, apabulla desde un arrebatador tema homónimo, majestuosa forma de adaptar el más aguerrido legado “ramoniano”, con trazas de himno imperecedero, condición extrapolable a "No Way Out" o a la brizna melancólica posada en "Walk Away (Don't Look Back)". El medio tiempo “The Way Things Were" confirmará que su sangre delata unos genes vinculados a Tom Petty o Bruce Springsteen y que su alma beoda y orgullosamente popular rima con The Pogues en "Never Goin' Back Again", alargando incluso el rastro de sus influencias hasta el vals country que circula –en compañía de Lucinda Williams– por "Crazy Dreamer". Demostración de que su arrogancia eléctrica proviene y se abastece de un extenso relato histórico y sonoro.
“Born To Kill” nace y se desarrolla con los puños en ristre, luciendo un estado de forma creativo envidiable que extiende y, lo más importante, eleva la biografía de una banda siempre condenada a una segunda línea de los paraísos rockeros, pero, del mismo modo, difícil de obviar si se pretende descifrar su ruidosa naturaleza. Y es que Social Distortion no muestran sus fauces al dictado de filigranas estilísticas, sino como la única forma de vida que conocen.
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