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El último trabajo de Quaoar debiera ser el que les encumbre de una vez por todas en la primera división que sus temas llevan reclamando desde hace años. El coctel definitivo que llevan desplegando los bilbaínos desde hace casi una década se hace gigante en este “Dreamers Dreaming”, mastodóntico si se le compara con la mayoría de propuestas que pululan por la escena, y de justicia sería que les acabase reportando la evidente importancia que su inabarcable calidad demanda.

Su apuesta vuelve a ser arriesgada y sincera, girando sobre las influencias que siempre han marcado el devenir del conjunto, aunque consiguiendo un acabado mucho mejor cohesionado que hasta la fecha. No han dejado cabos sueltos en este “Dreamers Dreaming”, haciendo que el ramillete de etiquetas que la banda acostumbra a llevar sobre la chepa se diluya en medio de unas canciones que nunca adivinarías por donde te van a salir. El camino aparece definido ante el oyente pero muchos e intrincados son los recovecos que aguardan al dejar de girar el redondo.

Arrancan con el riff saturado y musculoso de “Tough Guy”, un single iracundo, que hace cierta la idea de darnos en todo el morro desde el primer asalto. Una vez asimilado el ataque frontal que Quaoar han preparado como bienvenida, vemos agolparse los recuerdos a Eddie Vedder a medida que “A Big Hole” se abre ante nosotros. Nos devuelve hasta el momento justo en el que los grandes himnos del grunge fueron creados pero con una banda que sigue rugiendo debajo de su aparente fachada noventera. El metal progresivo con el que siempre se les ha asociado sigue sin haberse escapado de la ecuación, habiéndose montado todo el trabajo sobre tal disparidad de influencias que se hace imposible para un solo crítico englobar todo el redondo bajo una única etiqueta.

Personalmente veo a Quaoar, y a este maravilloso trabajo en concreto, como la evolución justa que hubieran debido tener los Soundgarden con su último trabajo fallido, la misma que cristalizo Jerry Cantrell con sus trabajos en solitario o -en clave mucho más mainstream- los mismísimos Alter Bridge de Myles Kenedy. Post grunge que viene a ser más retro que post y más metal que grunge. Un hijo bastardo, perfecto y orgulloso.

Los mejores suspiros para admirarlo serían “Goodbye”, con su crescendo apoteósico y zeppeliniano, o la bellísima oscuridad que despliegan a lo largo y ancho de “Fable”, aunque la gran fuerza que resida bajo esta obra magna tenga que ser degustada sin detenerse demasiado tiempo sobre ningún corte en concreto, dejando fluir la seductora cadencia con la que somos mecidos desde un tramo hasta el siguiente. De esta manera concluiremos sin demasiada dificultad que Quaoar han trabado uno de los mejores álbumes en lo que va de año y les auguraremos una suerte mucho más propicia de la que han disfrutado hasta el momento.

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