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La aportación más importante de la música popular en la última década ha venido de la mano de una labor arqueológica que nos ha permitido recuperar antiguas y desconocidas grabaciones, a menudo de nacionalidades periféricas, con las que reevaluar constantemente -siempre desde nuestro etnocéntrico punto de vista occidental- al menos los últimos sesenta años de Historia. Buena parte de esa música se ha recuperado a menudo por golpes de suerte como el que relata el productor británico Stephen Coates a modo de introducción en el cuaderno de esta antología: Coates estaba tomando un café en un local de Moscú cuando la música que sonaba en el hilo musical rápidamente llamó su atención hasta el punto de no poder pensar en otra cosa. Algo extraordinario porque, como él mismo bien explica, nos hemos convertido en “consumidores” y hemos dejado de ser “oyentes”, más aún en el caso de profesionales que viven inmersos en la música. Lo que sonaba era la banda sonora de “Do svidaniya, malchiki!” (traducida aquí como “Goodbye Boys!”), una película de 1964 dirigida por Mikhail Kalik, que a su vez había encargado la banda sonora a su colaborador habitual y antiguo compañero de estudios Mikael Tariverdiev. Esa historia es el origen de la triple antología que ahora tenemos entre las manos, “Film Music”, un recorrido por algunas de las piezas que el compositor soviético descendiente de armenios escribió y grabó para más de 130 películas entre mediados de los años cincuenta y prácticamente el momento de su muerte, en 1996.

Tariverdiev no limitó su producción al mundo del cine: tal y como relata su viuda Vera Tariverdieva en el lujoso (en textos, fotografías y edición) libreto que completa esta caja de tres vinilos, su principal ocupación como compositor consistió en musicar la obra poética de autores tan dispares como Voznesensky, Hemingway o Shakespeare. Pero el que aún hoy su música sea sobradamente conocida en su país tiene que ver con la huella indeleble que las composiciones para filmes como la citada “Goodbye Boys!”, “Chelovek idyot za solntsem” (”A Man Follows The Sun”) o los éxitos televisivos “Semnadtsat mgnoveniy vesny” (“Seventeen Moments Of Spring”) y “Ironiya sudby, ili S legkim parom!” (“The Irony Of Fate”), todas ellas representadas en esta compilación, en algún caso con tomas inéditas.

Dividida en tres discos bautizados “Goodbye Boys”, “Snow Over Leningrad” y “I Am Tree”, “Film Music” nos muestra a un autor que en plena Guerra Fría traspasaba el telón de acero dejando volar su imaginación. No disimulaba la pasión por la chanson francesa -influencia tan o más palpable que la música popular, esencialmente coral, de su propio país- y eso convierte a Tariverdiev en una suerte de primo lejano de Michel Legrand, que como él maneja por igual los recursos orquestales y las composiciones más sencillas; una manejable vanguardia y atmósferas de corte jazzístico; la euforia, el intimismo y la torch song de corte “breliano”. Volviendo otra vez a los recuerdos de su viuda, en la música de Tariverdiev no pesan tanto sus ansias de apertura (con una evidente lectura política) como la absoluta necesidad de expresarse a través de ella. “¡Yo soy mi música!”, llegó a exclamar. Y en consecuencia “Film Music”, primera y completísima antología para el mundo occidental, es una magnífica oportunidad de conocerle bien.

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Discos 08 diciembre, 2015 MIKAEL TARIVERDIEV

Film Music

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