In illo tempore
DiscosMayte Martín

In illo tempore

8 / 10
David Pérez Marín — 08-06-2026
Empresa — Nuevos Medios
Género — Flamenco

Mayte Martín, cantaora y compositora, es una de esas voces genuinas que, allá por donde pasan, dejan huella. Así lo hizo directamente en la piel de la memoria colectiva y en cada cuerpo con su anterior “Tatuajes” (24), en formato de cuarteto y pulso jazzístico (voz, piano, contrabajo y batería), reinterpretando una docena de canciones inmortales de diferentes géneros y folclores que han calado y siguen calando a diferentes generaciones, en español, italiano, portugués o francés. Y aunque el flamenco siempre está presente en sus cuerdas vocales y en lado izquierdo del pecho, “amor que es cruz y herida” y que lleva “a cuestas, ay, pa’ los restos de la vida”, como nos cantó en su debut discográfico hace más de treinta años, “Muy frágil” (94), es cierto que su último trabajo “estrictamente” jondo tenía ya más de un cuarto de siglo, el formidable “Querencia” (00).

Ahora, con “In illo tempore”, Mayte vuelve a sus raíces, las remueve y acaricia, ríe y llora sobre la tierra de sus campos florecidos con un doble álbum ampliamente flamenco, diverso y emocionante. Dos volúmenes, uno más “Puro”, desnudo y directo, acompañada “solo”, en gran parte, por el toque de José Gálvez; y otro “Entreverao”, más creativo y maridado instrumentalmente.

Así despertamos de madrugada por “los pueblos de su Andalucía” con “Los campanilleros”, flotamos en una “Zarabanda y Peteneras” de mil aromas y civilizaciones, o volamos por cantes de ida y vuelta en la “Milonga del solitario”, con esa delicadeza y sentimiento que la hace única en cada canto; para volver luego a esos campos enamorados y empapados de rocío, por tangos templados a corazón abierto (Lorca y Morente bajo las alas) en “El lenguaje de las flores”, y abrazándonos previamente al son de bulería con “Un compromiso”, bolero eterno que ya es más suyo que de nadie, con Chicuelo a la guitarra y Paquito González a la percusión.

Casi hora y cuarto repleta de matices y lágrimas en la garganta, Diecisiete canciones emocionantes y únicas, como si nacieran, murieran y renacieran en cada interpretación. Surcos donde mística y poesía (decía María Zambrano) son el “lenguaje de la carne”, revolución interior desde las entrañas en cada quejío, destruyendo su propio yo para permitir que “otro” habite en ella, por soleá, seguiriya, tientos, cantes de Levante, verdiales o guajira, todo latido a latido y en el momento que las cosas deben ser dichas y cantadas, “In illo tempore”.

Reafirmando ese honrar la tradición no desde el yugo y la frontera inamovible, sino desde el diálogo vital y transformador entre el pasado y el presente, hacia el futuro. La frase de Gustav Mahler (“subtítulo” que aparece en la portada) deja las cosas claras: “La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego”. En esa candela encontramos y encontraremos a Mayte Martín, siempre avivándola con su voz, desde dentro de la misma llama o sobrevolando sobre ella.

 

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