Tras su último e inestable álbum “Aliens” (24) el curtido rapero madrileño Elio Toffana y miembro de los colectivos Ziontifik y Acqua Toffana regresa a la tierra con la publicación de “Gravitas”, más encendido y con un mayor ímpetu y solidez a la hora de rimar, demostrando que para radiografiar los bajos mundos de la urbe y la mente le queda mejor la sudadera con capucha que el casco de exploración espacial. El de Aluche firma un álbum que, sin ser redondo, aglutina de manera notable varias de las virtudes que le llevaron a poner su silla en el respetable salón del rap español.
Una de ellas es su escritura frontal y sumamente gráfica, como en “Bad Boyz en Madrid”, que metaforiza la fortaleza con el aparente destino trágico de un cangrejo cazado: “Soy el cangrejo que logró salir del cubo”. O la síntesis de las penurias familiares en el tamaño de un coche: “Hay Land Rovers más grandes que la casa de mis padres”. El orgullo de clase obrera y la crítica a los que se “confunden” de estrato social también permea el disco de principio a fin, por ejemplo en “Estos golpes”: “Os engañaron y sois todos de la clase obrera”. Esa canción contiene una entonación melódica –igual que en el último track– en la que por momentos se siente a un Elio funambulista caminando por el típico y fino alambre del rapero que le da por entonar, entre el acierto o la caída, y la mayoría, aunque con intenciones nobles, fallan y caen. Al final aparece un sample de una entrevista al actor y director de cine Kiefer Sutherland en el que se le pregunta por su palabra favorita y este responde que es “gravitas”, con lo cual aparece inteligentemente traído el concepto del álbum. “Gravitas” es una palabra latina de origen romana que significa presencia, peso moral, compostura y ausencia de frivolidad, de la que Elio se sirve apuntalar su zeitgeist y transitar firme por su complicado barrio físico y mental. Bajo este marco se desarrolla espiritual y carnalmente el álbum. Hay que remarcar el grandísimo nivel de producción del disco, con especial mención a Dano, que firma ocho de los doce, el resto lo completan Tensei One, Swiper, Gese da O y Dj Swet. Probablemente alguna instrumental aquí presente esté entre las mejores elegidas a lo largo de su carrera. Muy a destacar este apartado, repito.
También hay espacio para un gran tropo en el género como es la belicosidad, con enlaces deliciosos: “Esto es la guerra de un golfo / Husein en Irak”, escupe en “Se te va de las manos” junto a N-Wise Allah, con una gran base pesada y acorazada a cargo de Tensei One. Para posteriormente pasar al posse cut de “Es Así” junto a Ergo Pro, Ill Pekeño, Israel B, Dano y Lil Supa, este último el que más sobresale por su frescura idiomática y su novedosa inclusión dentro de un grupo de raperos al que ya hemos visto colaborar bastantes veces entre sí, sintiéndose repetitivo. Los traumas de la infancia y el choque de bruces contra la verdad adulta de la vida es otro tema que electriza al disco, en “Borsalino” con colaboración del canario Lass Suga rapean “los niños nunca sufren, el entorno es perfecto / tan solo cuando crecen sobreviene el efecto”, una canción que finaliza con un extracto que habla sobre la, por entonces, irrisoria política de prevención del consumo de heroína.
A lo largo del álbum Elio logra transmitir con eficacia una sensación de claustrofobia mental, pero maridada con esperanza y superación. Su condición de actor sale a relucir con buenas interpretaciones de las letras y deliverys propios, aportando un crisol de matices y gesticulaciones sonoras que expanden su hondura. “Hierro y Cromo” –con un espectral sampleado de “La gata bajo la lluvia" – junto a la malagueña Faenna es un original homenaje a la cultura popular musical española en la que cada uno va haciendo un juego de palabras enlazando fraseos y nombrando artistas y grupos como Robe de Extremoduro, Radio Futura, Estopa, Hombres G, Héroes del silencio o Chambao. Elio también hace alusión al fast food musical en “Macarrones” y la resaca trotadora por los bajos mundos se manifiesta en las dos últimas canciones del trabajo, “Galería” junto a Bejo, con un mullido beat acristalado, y “Algo de luz”, donde la guitarra eléctrica comanda y cierra el disco entre aires de orgullo, una vez más, todo queda en casa: “Difícil que lo entiendan chonis de clase media / Influencers de mierda que no sufrieron miseria”.
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