I Had A dream That You Were Mine
Discos / Hamilton Leithauser + Rostam

I Had A dream That You Were Mine

8 / 10
Carlos Pérez de Ziriza — hace 3 años
Empresa — Glassnote Entertainment Group
Género — Pop

Ambos se conocían desde que eran adolescentes, y por fin han concretado una alianza que se eleva, sin ataduras ni limitación estilística alguna, unos palmos por encima de cualquiera de las últimas entregas de sus respectivas bandas (The Walkmen y Vampire Weekend). Si a Rostam le apetece pincelar el final de un tema con un saxofón eloquecido que nunca hubiera tenido cabida en un disco de The Walkmen (aunque siempre los imaginó así), ahí está “Rough Going (I Won’t Let Up)”, con ese inicio doo woop y su tránsito a una suerte de gospel postmoderno, para dejarse rematar. Si a Hamilton le apetecía marcarse un buen fingerpicking con guitarra de nylon que tampoco hubiera encontrado acomodo en su banda matriz, ahí está el folk crepuscular de “In A Black Out” para certificar su viabilidad, evocando a Leonard Cohen o Vashti Bunyan. Si se trataba de vestirse de crooner sin aprecio por la ortodoxia, ahí está “Peaceful Morning” para demostrar que un banjo también puede ser una buena herramienta para introducir el satén.

Si lo que intentaban era marcarse vodeviles bastardos, aderezados por percusiones desguazadas y pianos que, como los de Tom Waits, también han estado bebiendo, ahí está “Sick As Dog” para probarlo. Tampoco falta en esta deliciosa maniobra vintage conjunta, que fija en muchos momentos sus ojos en géneros de los 50 y 60 del siglo pasado para hacernóslos ver (y oír) como si fueran nuevos (con una pericia solo al alcance de maestros como M Ward), apelaciones muy bien filtradas al libro de estilo de Dylan (“You Ain’t That Young Kid”), ni travestismos como el primoroso dueto (“1959”) que Leithauser se marca con Angel Deradoorian, mutado prácticamente a soulman de nuevo cuño. “I Had A Dream That You Were Mine” es un álbum magistral, reflejo de ideas larvadas en el tiempo y de dos años de trabajo concienzudo, pese a su apariencia fresca, espontánea y hasta -en algún momento- algo desvencijada. Con la gran e inusual virtud de hacer que lo difícil parezca fácil.

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