Fràgil
Discos / Saïm

Fràgil

8 / 10
Victor Forés — 02-04-2021
Género — Rock
Fotógrafo — Archivo

Menos es más. Empezando por los ojos, una portada minimalista que tiñe de pastel la cáscara rota de un huevo. Rota pero colocada elegantemente. El caos ordenado. Toda una declaración de intenciones que se vaticina cuando seguimos por los oídos. Menos es más, de nuevo, cuando a contratiempo nos acarician los primeros acordes de guitarra en primer plano. Por delante de cualquier otro matiz y a lo largo de todo el trabajo. Con una producción exquisita a cargo de Santi y Víctor García en Ultramarinos Costa Brava, el power trio mallorquín Saïm hace gala de su tercer trabajo, “Fràgil”, levantándonos de donde quiera que nos encontremos sentados con doce himnos de rock alternativo con poca extensión y mucha intensidad. Contundentes, en catalán y sin miramientos. Como una vacuna de calidad más que necesaria en un año marcado por el castigo cultural.

El tándem conformado por Joan Roig (voz y guitarra) y los hermanos Gómez, Natalia (bajo) y Daniel (batería), aleja del yoísmo palmesano a la música mallorquina y extiende sin barreras una madurez técnica y compositiva que hace justicia al currículum de los componentes. Los incontables conciertos a sus espaldas no han hecho sombra a que sea, probablemente, su álbum más personal e introspectivo. Justo en un momento en el que desnudar los miedos internos se ha impuesto en el orden del día. Justo en un momento más que necesario.

El viaje de “Fràgil” transcurre a partir de golpes, percusivos y de realidad. Los baquetazos duelen menos que la lírica, que repasa amargamente la crudeza de la vida adulta. Romper la cáscara para enfrentarse a hacerse mayor es un proceso que seguramente pida a gritos una banda sonora como esta. Los errores, los sacrificios y los enemigos que nos acompañan por el camino son la inspiración perfecta para materializar una obra rompedora que sabe terminar a la perfección con “Celobert” que demuestra que el trío, con colaboración trompetera, también puede regalarnos su faceta más bella y dejarnos con un gusto de boca agridulce. Como la vida misma.


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