¿Qué tienen en común Mark E. Smith y Mark F. Smith? Pues casi todo: fueron parte de la misma moda sin caer del todo en brazos de ella, compartieron escenarios con Gang Of Four y su banda sonaba como una verbena gitana con guitarras eléctricas. Sin embargo la historia les deparó lugares bien diferentes: de cabecilla del afterpunk (el de Manchester) a olvidado por reivindicar (el de Seattle).
Han tenido que pasar veinticinco años, tres de extenuante revival, para que otro gurú medio oculto del rock deslavazado, Calvin Johnson, recupere a The Beakers con un disco recopilatorio que recupera singles, perdidas tomas en directo y alguna que otra contribución a recopilatorios de la época. Con un line up que cedía el protagonismo al saxofón de Jim Anderson, y una sección rítmica no especialmente virtuosa pero de enorme contundencia, los de Seattle tendían puentes entre el jazz punk de los Contortions y la ortodoxia de la legión británica. Lo que es tanto como decir que no fueron especialmente originales, pero van a hacer las delicias de los buscadores de tesoros en esa inabarcable mina de diamantes que son los finales de los setenta y principios de los ochenta.
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