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Directo a la yugular. El nuevo disco de Estricalla tiene fuerza. Muchísima fuerza. Y es que, a estas alturas, es esa combinación de velocidad y melodía lo que con más ansia espera el seguidor del quinteto. Arrancan fuerte con “Aterkills”, que tiene gancho y va a mil por hora. El tratamiento de la voz de Fernando le va como anillo al dedo a tal propósito, por no hablar de su enorme carisma en directo; pero esa entonación, esa manera de alargar las notas… le dan al grupo un sello muy personal e identificable al instante. “Krossrock” y “Nik-Pizar-Nik” refuerzan este comienzo del disco con nota, aunque es “MTzTT-438”, en mi opinión, el destinado en esta primera parte de la obra, a perdurar por mucho tiempo en su repertorio merced a su evocadora melodía, siempre dentro de su poderoso estilo.

“XXXPrinter (hautsa)” es una excelente macarrada de 53 segundos en la mejor tradición del hardcore más potente. Así, a toda ostia y con la intro a la voz de Angela Davis, entra sin avisar “Könbergger” para transportarnos a cualquier tugurio, gaztetxe o sala donde el amor por la música se masque en el ambiente. Al hilo de esto último, cualquier festival de auténtico rock (incluido el Azkena Rock Festival) se nos antoja como el escenario ideal para que, de una vez por todas, el público medio se dé cuenta de la valía y vigencia de la propuesta de Estricalla, como, de hecho, ya hicieron en el Gasteiz Calling del año pasado.

De esta manera, la segunda parte del disco nos depara más sorpresas, tales como Yukkie Gipe de Bullet Lavolta cantando unas estrofas en inglés en la tremenda “X-izpia”, arrasando junto a las afiladísimas guitarras para, a los dos minutos, cambiar el ritmo e introducirnos en unos pasajes instrumentales muy pesados, con las guitarras chirriando y voces y ecos y repeticiones y atmósferas embriagadoras. “Karniborous TB” muestra samplers y disparos, kaña y otra línea vocal pegadiza hasta que los guitarrazos entrecortados muestran su poderío para alternarse con la voz. “Lurrunkor” abunda en el estilo de Estricalla, pero es “Sokamothor” el que se lleva el premio gordo final, con especial mención para el tratamiento (¿comprimido?) de la voz y la penetrante guitarra, sin olvidarnos de los originales remolinos del bajo. La breve instrumental “Zaldiko Maldi-K.O.” remata un trabajo más que recomendable, donde el conjunto de música y producción (Mikel Kazalis, en el estudio Fidelenea de Zarautz) cumple de sobra con el cometido de ofrecer un producto original, atractivo y, por encima de todo, siempre combativo.

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