La otra postal de Málaga, retrato de una escena deconstruida
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La otra postal de Málaga, retrato de una escena deconstruida

Arturo García — 12-05-2026
Fotografía — Sara Moreno

Durante años, Málaga ha generado música, pero sin un relato propio que terminara de articularla. Quizá le faltaba también un lugar desde el que contarse. Hoy, sin embargo, ese relato empieza a tomar forma en sus márgenes, en una generación de artistas que no comparten necesariamente sonido, pero sí contexto. Ahí aparecen nombres como La Trinidad, Lord Malvo, Orina, Anadie, Faenna o Construimos Escaleras, proyectos distintos que, sin proponérselo, están dibujando una escena que no nace de una estrategia, sino de una necesidad.

“Por desgracia, influye de forma negativa”, explican desde Lord Malvo. No hablan desde la teoría, sino desde lo que ven y viven cada día. “Málaga está sufriendo la globalización turística… pero a lo bestia”. Una transformación acelerada que no solo redefine el paisaje urbano, sino también las condiciones de vida de quienes siguen intentando quedarse. La consecuencia es clara: “Alquileres desorbitados, calles con menos identidad y amigos que se tienen que ir porque no se pueden permitir vivir aquí”. Un proceso que, inevitablemente, termina filtrándose en la música, aunque no siempre lo haga de forma explícita. Desde La Trinidad el análisis va un paso más allá. “Nos han expulsado de la ciudad y de nuestros barrios, se ha roto todo sentimiento de comunidad”. Y lo sintetizan en una imagen difícil de esquivar: “Hemos obtenido una ciudad que parece el duty free de un aeropuerto”. Para Orina, ese proceso se traduce en lo inmediato, en lo personal. “Estoy pasándolo francamente mal en el terreno económico y me obliga a escribir siempre pensando en las complicaciones vitales que tengo”. Esa presión no se queda fuera de las canciones, ese dolor mudo impregna lo artístico. “Hace que las letras sean más oscuras”. Anadie introduce una lectura generacional que conecta todo lo anterior: “La pérdida de la identidad de los barrios y por ello el desmembramiento de nuestra propia identidad es una de las mayores desolaciones de nuestra generación”. Y esa desolación, inevitablemente, se convierte en motor creativo. “No es de extrañar que cada vez más nuestras letras viren hacia lo político y lo reivindicativo”.

“No es de extrañar que cada vez más nuestras letras viren hacia lo político y lo reivindicativo”

La idea de escena aparece constantemente, pero también se cuestiona desde dentro. “No sé si alguna vez ha habido una escena real… creo que era una ilusión”, reconocen desde Lord Malvo. Sin embargo, la experiencia cotidiana introduce matices. “Sí somos una especie de escena”, explican desde Orina, no tanto por compartir estética, sino por algo más tangible. “Compartimos las mismas salas de ensayo, los mismos puntos de encuentro y acudimos a los conciertos de cada uno”. Anadie amplía esa idea. “Hay un afán por estrechar lazos y vínculos entre los artistas”, y pone nombre a los lugares donde esa red se hace visible. La Térmica, La Invisible, El Muro o La Core, espacios donde “se producen simbiosis entre estilos dispares”. Más que una escena cerrada, lo que emerge es una comunidad en construcción.

"Hay un afán por estrechar lazos y vínculos entre los artistas. Se produce una simbiosis entre estilos muy dispares”

Si hay algo que termina de definir a esta generación no es tanto su sonido como su contexto. No es una cuestión estética, sino vital. “Nos une el barrio y las dinámicas de vida compartidas en la misma ciudad, no hay nadie que viva fuera, todos somos proletarios, currelas de mayor o menor estatus, nadie vive en un palacio de cristal”, explican desde Orina. La frase no es solo una descripción, es una forma de entender lo que está ocurriendo. Porque lo que une a estas bandas no es únicamente compartir salas o influencias, sino compartir condiciones de vida. La música aparece después. En ese sentido, la escena, si es que se puede llamar así, no se construye desde el estilo, sino desde la experiencia. Anadie lo formula desde otro ángulo.“El hecho de compartir los mismos pesares y los mismos privilegios que nos proporciona la ciudad es algo que nos une”, una raíz común que hace que “el crecimiento de unos favorezca al de los otros”. Desde Lord Malvo, esa conexión también se reconoce en lo cotidiano: “Nos sentimos muy orgullosos de nuestros compañeros de trincheras”.

“Nos une el barrio y las dinámicas de vida compartidas en la misma ciudad, no hay nadie que viva fuera, todos somos proletarios, currelas de mayor o menor estatus, nadie vive en un palacio de cristal”

Esa experiencia compartida también define su relación con la industria. “Todos hemos huido de la música de los macrofestivales que nos han ido plantando en la ciudad mientras nos quedábamos sin salas y sin programación alternativa”, explican desde La Trinidad. No hay una estética común ni una dirección sonora única, pero sí una voluntad compartida de construir algo propio. “Florecemos a duras penas en un ecosistema árido”. Desde Lord Malvo, esa desconexión también tiene consecuencias. “Al desligarnos un poco de ciertos sonidos, muchas veces hemos tenido más reconocimiento en otras ciudades antes que en la nuestra”.
Al final, todo vuelve a la experiencia. “Todo ese dolor se refleja en las canciones… aunque sea con humor”, dicen desde Lord Malvo. Una idea que conecta con lo que plantea Orina. “Creo que al final lo que nos une es la misma vivencia”. Una vivencia marcada por la precariedad, la pérdida de espacios, la incertidumbre y la necesidad de encontrar un lugar propio. Por eso esta escena no necesita definirse. Porque todavía se está escribiendo. Porque no nace de un plan, sino de una urgencia. Porque quizá la verdadera escena malagueña no la une un sonido, sino la necesidad compartida de seguir habitando una ciudad que cada vez se parece menos a ellos.

 

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