Endless Summer In Peckham
Discos / Reykjavik606

Endless Summer In Peckham

8 / 10
Fernando Fuentes — hace 1 semana
Empresa — Forbidden Colors
Género — Electrónica

Sin duda lo mejor de Reykjavik606, es que no saben nunca que harán mañana; musicalmente hablando, claro. Por eso los donostiarras Kino Internacional y Borja Piñeiro detentan una feliz capacidad de sorprendernos con este “Endless Summer In Peckham”, un álbum de electrónica nu-jazzera, con claro ascendente británico, que supone un feliz y valiente paso más en su propio –y muy particular–devenir musical. Se trata de su primer trabajo adscrito a dicho estilo, lo que no supone que sea el último, puesto que todo proviene del gusto personal de ambos músicos por el sonido de gente, contemporaneizadores del jazz, como 2headed Deer, Takami y Gilles Peterson, entre otros. Lo curioso del asunto es que, contra lo que puede parecer, y a pesar de contar con el festival de jazz más importante de España, su bella ciudad natal no tiene nada que ver con este viraje hacia las lides jazzy del dúo de Donosti. Qué cosas.

El caso es que este “Endless Summer In Peckham” –producido en el estudio Mecca del guernikés Aitor Extebarria– contienes seis temas en los que se alejan de su habitual electrónica underground, sintetizada y modular, para entregarse a las mieles orgánicas, contando con –casi– una banda al completo en la gestación del álbum. Y, además, se ha hecho como mandan los cánones jazzy: casi desde una sola toma, en modo jam session, y con la improvisación como principal modus operandi.

Engancha a la primera el encantador dubb-jazz de “Endless Summer In Peckham” –con esa línea de Wurlitzer y sonido solista de saxo como principales atractivos–; nos aupa hasta otra dimensión “1980” y sus sintetizadores vintages –a base de Korg– y el disloque percusivo que todo lo sube dos o tres grados y, sobre todo, nos admiramos con la belleza nostálgica de “The Absence” y su intenso y veraz mano a mano entre el piano de Borja Piñero y el violín de Arantza Molina. Finalmente, todo vuelve al principio con la revisión houssie, y hasta bailable, que Tenderlonious le perpetra al tema que titula el disco. Puro deleite sensorial, en cualquier caso. A ver si cae la breva y los disfrutamos tanto en el Sónar como en el Jazzaldia 2020. Sería lo justo y necesario.

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