Cuando alguien se llama Házme Cosas Malas y publica en un sello llamado Hay que Destruir la Música, más vale que su disco sea bueno, porque si no el cachondeo está servido y no seré el primero que diga que con discos así la música va a durar poco. Es lo que tienen los supergrupos que quieren ser demócratas: son nueve miembros, cada uno de su padre y de su madre, todos tienen que quedar contentos y el resultado es un batiburrillo de stoner, glam, r&b, soul, funk, hard rock y presunta tensión sexual que quiere imitar a los Scissors Sisters pero no hay por dónde cogerlo.
¿Recuerdan los medleys que se hacían años ha? Pues cómo uno de grupos malos pero sin empalmar las canciones. No pienso molestarme en describir ni un tema, porque ninguno lo merece. DMBT son capaces de hacer buenos a The Darkness, compañeros de sello, que al menos tienen canciones reconocibles. Aburrimiento en estado puro. Pero como siempre habrá algún fundamentalista que sólo por adoptar estilos “clásicos” ya los considerará defendibles voy a contenerme. Cien discos que deben llegar por semana a la redacción y que tenga que tocarme éste...
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