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Al ritmo que llevaban, con disco por año, y atendiendo a su carácter punk efervescente tan dependiente de la frescura de ideas, bien podría pensarse que la trayectoria de Cuello terminaría como un estallido violento y fugaz. Por suerte, nada más lejos. Esa mina de oro que es la mente de Jose Guerrero tenía ya definida otra tanda de canciones para la banda, y “Regalo doble” es el resultado. En esta ocasión además se ponen en manos de Paco Loco, ahondando así en su faceta más pop. Pero más que esperar algún cambio drástico en su sonido, pues no lo hay realmente, toca seguir celebrando su personalidad. Cuello consiguieron prácticamente desde el principio lo que muchos anhelan durante toda su carrera, ser plenamente identificables con solo un par de segundos de canción. Y antes siquiera de decidir lo que este nuevo disco aporta al mundo y a su trayectoria, cabe aplaudir la valentía de Jose Guerrero para no repetir fórmulas tantas veces transitadas.

Cuarto disco de estudio para una de las mayores alegrías procedentes de Valencia durante los últimos años, respuesta primaria y clásica respecto a la rareza -en el mejor de los sentidos- que es Betunizer. En este nuevo disco encontramos otra buena colección de temas, muchos de ellos cercanos al himno e ideales para corear y disfrutar en directo. Valgan como ejemplos “Juego dominante”, con ese particular riff que se entrelaza con la voz y sus posteriores subidas y bajadas; o “La psicopatía del pulmón”, otra montaña rusa que parte de la sencillez para complicarse en diferentes fases y, finalmente, desenredarse con impresionante claridad.

No es fácil definir la música de Cuello pues aunque hablemos de punk realmente no tiene nada de simple, y pese a que todo gire alrededor de las letras estrambóticas y de la extraña manera de tocar la guitarra de Guerrero, generando un caos controlado al milimetro, el resultado final solo se entiende como una suma de las partes. Ahí tenemos por ejemplo a Óscar Mezquita, aportando fuerza bruta y precisión; a Nick Perry de nuevo al frente de un frenético bajo; o a Ubaldo Fambuena aportando clase a la guitarra. Los textos, tal y como nos tienen acostumbrados, retratan sensaciones entre mundanas y desgarradas pero nunca necesariamente comprensibles. Ingrediente perfecto para el cóctel que propone la banda.

Ya en la cara B, se alternan canciones tan frescas y directas como “Da igual si existe” o “La frase” con la arrastrada “Su calma sin sangre”. ¿La balada del disco? Disculpen el atrevimiento. Que este sea un término tan ajeno a la banda quizá les defina de algún modo. Y es que Cuello son, en muchos sentidos, algo distinto.

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