Yo La Tengo siempre ha sido un grupo especial para alguien. Por descubrirnos otros grupos que vinieron antes y tuvieron peor suerte como los DB’s, Holy Modal Rounders o NRBQ, por tener canciones como soles, por vestir siempre las mismas camisetas, por todos esos tópicos de músicos majetes que sólo en ellos tienen un sentido pleno. Pero independientemente de lo que sus canciones signifiquen para cada uno de nosotros, Yo La Tengo son especiales porque hacen cosas especiales como la serie de conciertos “The Freewheeling Yo La Tengo”. Consiste en Georgia, James e Ira tocando sin un plan preconcebido y con el equipo mínimo (media batería, bajo, guitarra y un par de amplis) muy juntos, con el público a media luz preguntando sobre sus canciones y con ellos explicando todo lo que su público tenga ganas de saber, y a partir de eso ir elaborando el repertorio sobre la marcha. Parece sencillo, pero requiere confianza tanto por parte del grupo, que se pone un poco en manos de unos cuantos cientos de personas, como del público, que acude sin saber muy bien que es lo que va a ver. Además, a la audiencia se le pide el esfuerzo extra de preguntar (no se trataba de ir pidiendo canciones al tuntún) delante de toda una sala. Pero si con alguien podía salir bien la jugada es con Yo La Tengo. El primero en aparecer sobre el escenario fue el crítico y amigo de la banda Ignasi Juliá, cuyo papel de maestro de ceremonias fue en realidad el de introducirnos lo que sería el concierto. Una vez hechas las presentaciones, Ira, James y Georgia empezaron tirando la casa por la ventana con una favorita de todos, “Sugarcube”, para empezar los turnos de preguntas. Sorprendentemente, enseguida se alzaron varias manos que acabaron propiciando otras tantas canciones. Abrió la veda su versión de la imperecedera “Speeding Motorcicle” de Daniel Johnston, y a partir de ahí, fueron desgranando lo mejor de su repertorio: “Let’s Save Toni Orlando’s House”, “Mr Tough”, “Blue Line Swinger”, “My Little Corner Of The World” (con el público silbando el estribillo), “Stokholm Syndrome”, “The Story Of Yo La Tango”, “Tom Courtenay”, “Did I Tell You”, todo sin escatimar en momentos para el recuerdo como el de Ira diciendo que la gente piensa que uno no puede expresarse a si mismo con las canciones de otros, pero que ellos si lo hacen, a James eligiendo su temporada favorita de “Buffy Cazavampiros” (“cualquiera menos la última”), o Georgia siendo abrazada por una chica de las primeras filas. Todo sonrisas y ojos brillantes. Porque de verdad nos alegra verles cada cierto tiempo, y porque esto es lo que hace a los grupos especiales: conciertos de verdad con gente de verdad, donde el grupo y su público se cuidan mutuamente e intentan pasar un buen rato juntos. Todavía es posible.