Pura poesía alrededor de una fiesta
Conciertos / Xoel López

Pura poesía alrededor de una fiesta

8 / 10
Karen Montero — 22-05-2018
Empresa — Ruta Firestone
Fecha — 17 mayo, 2018
Sala — Bikini, Barcelona

“Hoy es el Día de las Letras Gallegas… debería decir ‘bona nit!’ Pero voy a decir… Boas noites!“. El saludo inicial de Xoel López antes de iniciar el concierto era, en realidad, una pequeña muestra de la complicidad colosal que se ha labrado, durante años, entre él y el público, así como con su banda. Nacido a principios de los 2000 como Deluxe, continúa alimentando su leyenda gracias a “Sueños y pan” (Esmerarte, 2017), su último disco, el restante para completar su primera trilogía. Tras más de 15 años en los escenarios y un pop versátil soberbio, nada de su esencia ha cambiado: ni su elegancia orgánica, ni la gran libertad artística que se otorga para componer ni la impecable puesta en escena en directo. Poesía escrita desde las entrañas para ser recitada en un ambiente musical casi festivo. 

La complicidad entre el artista gallego y su banda fue la reina durante hora y media en la Sala Bikini de Barcelona en un concierto organizado por Firestone. Con un formato de seis músicos encima del escenario, Xoel López tuvo tiempo de darle la vuelta a las posibilidades de voces y sonidos de su banda. Si bien hacía un par de meses habían venido a presentar su último disco, empezaron con una primera parte de su nuevo álbum, como “Cometa” o “Madrid”, dejando claro que aunque puedan haber cambiado levemente de registro, con toques más electrónicos y sonidos ochenteros, su directo, casi festivo, demuestra una solidez envidiable fruto de una confianza notable entre los seis músicos.  

La nostalgia, tan arraigada en las letras de sus canciones, salió a flote cuando interpretó “El amor valiente”, de la era Deluxe. Xoel, la voz principal, se fusionaba con su guitarra y parecía que la música emergía de dentro de sí. Cada músico de su banda cantó parte de la canción, lo que motivó al público a cantar en coro para el estribillo. Un público que seguía al maestro de ceremonias en sus nuevas canciones, pero que se emocionaba todavía más al cantar los himnos de antaño. Con “Ningún hombre, ningún lugar”, de su penúltimo disco, “Paramales” (Esmerarte, 2015), empezó a crear un espíritu festivo gracias a sus sonidos tropicales y a una percusión que hizo despegar los pies de los asistentes del suelo para bailar efusivamente.

Un hombre de ninguna parte, un apátrida y, a la vez, alguien que se siente en casa en cualquier lugar cuando está con su gente. Su música, influenciada por toques de medio mundo, acerca a cualquiera al hogar, a la idea de casa o al mundo más intrínseco de uno, arrastrando por aquella morriña gallega que destilan sus canciones. En “El asaltante de estaciones” y en “A serea e o Mariñeiro”, la fórmula de su música transformó la sala en un espacio de experimentación rock, una improvisación de influencia jazzística con base rock que acabó en el éxtasis de músicos y público -este último, perplejo por ver hasta dónde podía llegar ese concierto. 

Sin las palabras, dime, ¿qué nos queda?“, coreaba el público, eufórico, con “Tierra”, uno de los auténticos regalos de la noche -la que es, sin duda, una de sus canciones insignia. Con una sincronización impoluta entre ellos, la banda se despidió con “De piedras y arena mojada”, una de sus canciones de su primer disco, “Atlántico” (Esmerarte, 2012), en la que se sumieron en un final puramente instrumental que hizo las delicias de los espectadores, que habían vuelto a revivir la inocencia de sus inicios musicales. Xoel fue la electricidad que conectó un ambiente familiar con una fiesta de diez. Un espectáculo en la que los versos de su música y la complicidad con su banda y con el público fueron esenciales. Puro motor poético. 

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