Château-Gontier-sur-Mayenne ha acogido estos días la sexta edición del festival V and B Fest' (Vind and bière, o vino y cerveza, que es lo que produce el principal patrocinador del evento, V and B groupe), con relevantes artistas internacionales pero cuidando y mucho la escena local y los artistas nacionales.
Según llegamos nos encontramos con un recinto en un espacio rural, con extensión importante donde se palpa fácilmente que es un lugar de labranza y ganadería. Podemos observar las tiendas de campaña donde los más aventureros convivirán durante los cuatro días que dura el festival. Cabe destacar que existe una zona para que los voluntarios también puedan descansar dentro del mismo recinto festivalero.
Si, voluntarios. Porque el espíritu del festival y lo que prima es el amor por la música. Apenas cuentan con trabajadores profesionales en el V and B fest’ pero tienen un músculo de más de 1650 voluntarios trabajando año tras año para acoger a 50.000 personas por jornada y que la experiencia sea óptima. Tanto que para los que trasnochan allí mismo tienen un espacio llamado Village donde tienen actividades durante la mañana como juegos y eventos deportivos como el campeonato de fútbol playa (sí, fútbol playa en un pueblo sin costa).
El festival se creó por el amor a la música como hemos mencionado anteriormente y quiere ser un atractivo para el departamento de Mayenne, en la región de Pays de la Loire, en Bretaña, a escasos minutos de ciudades como Rennes o Nantes. Su director es Damien Jahier, un joven de 35 años que ya lleva más de media vida montando festivales de música, ya que el primero lo creó cuando apenas contaba con 17 años para poder financiar el sueño de unos jóvenes que querían tener un skate park (curiosamente, esta historia nos suena a algo, ya que en Biarritz, en Euskal Herria, la sala Atabal tiene al lado un importante Skate Park). Nos mencionaron que Damien era un amante de la música, muy apasionado, y lo pudimos comprobar con nuestros ojos ya que lo vimos dándolo todo en los circle pit y pogos que se montaron en el concierto de Airbourne la tarde del sábado.
El jefe de relaciones con los medios Tanguy Aubrée al preguntarle por la juventud del director, nos comentaba que el grupo motor del festival tenían edades comprendidas entre los 23 y los 34 años. Pero entre los voluntarios nos encontrábamos desde gente muy joven hasta personas de la tercera edad, todos a una, cuidando con mimo cada espacio y labor.
Una vez visto los aledaños del recinto festivalero, llegamos a la zona de prensa, donde la antesala es la joya de la corona del festival, y nunca mejor dicho, ya que cuenta con un palacio dentro de La Domaine de la Marouitère, donde el tiempo se para, ya que el lugar invoca a vivir una experiencia de la edad media. Las cuadras convertidas en oficinas y el palacio o pequeño castillo acogen a los artistas que van a tocar en el festival.

De ahí nos adentramos en el recinto donde la música es la mayor protagonista. Cuatro escenarios y dos espacios para los DJs. El escenario principal cumple la función de recoger las grandes masas, con 5 pantallas gigantes y equipos de sonido distribuidos a lo largo y ancho del espacio para que los que estén más alejados del escenario puedan disfrutar igualmente del sonido en directo. Y damos fe que si, que se escucha muy bien a la distancia. Algo parecido ocurre con el escenario secundario, un espacio más reducido, ya que los conciertos de ese espacio se solapan con otros y en esos momentos el público se divide. Aún así cuenta con otras dos pantallas gigantes, colocadas a una altura considerable, para que la gente lo pueda ver lo que ocurre sobre la escena desde una distancia considerable.
Digamos que esos dos escenarios nos podemos encontrar en cualquier espacio donde se organicen macro conciertos o festivales. Pero de ahí en adelante empieza la magia. Tenemos un espacio llamado Craft Scene, donde el rock cobra vida en cada una de las actuaciones y donde se puede degustar gran variedad de cerveza artesana. Saben cuidar a los viejos rockeros y saben lo que les gusta. Con una decoración tirando al stempunk en el entorno, el público que se vestía de negro se apilaba delante del escenario desde primerísima hora. Cosa que hay que destacar, que aún en las primeras horas el público acude en masa, y eso que las puertas se abren a las 16:00.
El escenario con más color se encuentra justo en el lado opuesto del recinto festivalero, entre ruinas de trenes abandonados, el escenario Terminal acoge a los amantes de la electrónica, con mucha música electro y mucho techno, con luces estroboscópicas en todo momento y mucha gente con ganas de bailar y deshinibirse. En ese espacio no cesa la música desde que el festival abre las puertas hasta su cierre. Recorriendo el camino que hay entre un escenario y otro (las distancias no son enormes, 10 minutos como mucho de una punta a otra), contemplamos los espacios que tienen para el comercio y el bebercio.
Un enorme comedor con gran variedad de puestos de comida (y no hamburguesas y pizzas sólamente, también productos más locales como quesos y embutidos) y espacios con mesas alargadas donde poder sentarse y disfrutar de la comida entre amigos ocupa un importante área en el V and B fest. En la parte posterior de la misma transcurre el concurso de bandas emergentes que realizan desde hace 5 años en el festival. En total han recibido 1.600 propuestas y los finalistas tienen la oportunidad de actuar en un espacio que les ofrece visibilidad. Hemos podido ver bandas de muy diferentes géneros, desde el metal hasta un DJ y la ganadora ha sido Marcia, una mujer que nos hacía pensar que El mal querer de Rosalía ha tenido una gran influencia o que tenía también un aire a Judeline en su manera de cantar, pero lo combinaba con música electrónica en directo. Se mostraba muy emocionada al saber que ha sido la ganadora de ésta edición.
Pero como hemos mencionado, no solo es comer, si el festival en su nombre lleva el vino y la cerveza, pues existe una calle entera donde poder degustar dichos productos. Calles coloridas, que nos recordaban un poco las txosnas de Bilbao, con estructuras coloridas y con música propia cada una. Muchas marcas de cerveza, vino y bebidas espirituales tienen sus propios puestos allí, aparte de existir unos bares más habituales en cualquier festival. El colorido y el buen rollo que transmitían los que estaban detrás de la barra, era una gozada y un espectáculo para todos los sentidos. Y cuidado, que no hemos mencionado nada sobre los precios, que siempre pensamos que en Francia tienen unos precios alocados, pues bueno, podías tomarte una cerveza artesanal de medio litro por unos 8 euros, un mojito, un cubata o un gin-tonic por menos de 10 y una copa de champagne por 8 euros. A, y el agua a 1,5 euros (por supuesto había puntos donde poder rellenar el agua).

Por último mencionar que había un espacio llamado Barrio Habana, donde la música latina que tanto les gusta a los franceses tenía su lugar en una casita comandada por el colectivo con sede en Marsella Twerkistan. Durante el recorrido también nos cruzamos con muchísima gente disfrazada, que les daban un colorido interesante a la gran fiesta de Château-Gontier. Público de todas las edades, familias enteras (empezando desde los niños hasta los abuelos) y con una media de 31 años. Eso sí, quien quiera acudir tiene que andar con tiempo, ya que los bonos se agotan con relativa facilidad. Eso si, la experiencia bien lo merece. Para viajar lo ideal es ir primero a París y desde allí en tren existe la opción de ir a Angers o Laval (hora y cuarto en tren) y moverse en los autobuses o navettes que ofrece el festival. Sino también hay opción de volar a Nantes y moverse de ahí.
En cuanto a lo musical arrancamos el festival disfrutando del cantante de Estrasburgo Matt Pokora. Artista pop que hace guiños al R&B o funk, música colorida. La lluvia hizo una pequeña aparición, pero no evadió a la gente (tampoco es que pudieran, la única nota negativa del festival, la falta de cobertizo ante la lluvia, pero todo no se puede). Con Pokora pudimos gozar de un medley de los temas "Price Tag" de Jessie J, "No one" de Alicia Keys y "No woman, no cry" de Bob Marley. La gente lo coreó con ganas. Por detrás vinieron la propuesta de pop urbano de Suzane, cantante de Avignon, y el desert rock de los noruegos Slomosa. Los parisinos Feu! Chatterton ofrecieron una mezcla de música actual y de los 70, con un punto de vista inclusivo, ya que en el escenario tenían a dos intérpretes en lenguaje de signos, interesante sin lugar a dudas. Una pena que el chaparrón cayera justamente a esa hora, ya que jóvenes y los no tanto estaban bailando y disfrutando mucho con ellos.
Robbie Williams ofreció el mismo show que deleitaba hace algo más de un mes en Bilbao para el disfrute de los que acudieron al festival. Anteriormente Parcels dio un conciertazo donde tuvieron el guiño de homenajear a Kavinsky con la canción "Nightcall". El público lo agradeció y mucho. Y cerramos la primera noche con el show visual de Dimitri Vegas, quien encadenó hits pop en versión EDM y canciones de cosecha propia durante más de una hora.
El segundo día arrancaba con la francesa de ascendencia inglesa Laura Cox, que actualmente vive cerca de Baiona, Lapurdi, según nos comentaba tras el concierto. Pronto actuará en varios puntos del estado y la recomendamos fuertemente, ya que toca varios palos del rock con una banda más que interesante. Tras ella una artista de la región, Adèle Castillon, jóven cantante que anteriormente militaba en la banda Videoclub hasta su disolución. Banda que la hizo famosa y que tiene presencia durante su actuación. "Alabama" seguramente sea la canción más conocida ya que la melodia es la de la canción "Amore disperato de Nada", del año 1983 y conocida por haber sido utilizado como jingle en varios anuncios de RTVE. Desde el primer momento tuvo al público en el bolsillo, demostrando que jugar en casa tiene que ser una ventaja (ojalá pudiéramos decir lo mismo en otros festivales).
Una fuerte tormenta cayó entonces, con una duración aproximada de una hora, y aunque pensábamos que se anegaría por completo, la tierra absorbió todo el agua y no vimos ni pozos, ni charcos, ni barro. Sorprendente. Por lo que seguimos adelante en el festival escuchando a Marcia en el escenario de talentos emergentes antes de acudir a ver a Dub Inc, referentes en el reggae no solo en Francia, sino que también a nivel mundial, que desde el minuto uno lanzaron proclamas antifascistas que el público vitoreó. Tras ello la gran estrella de la noche, el congoleño Damso, presentando su último trabajo "Bēyāh". La gente acudió en masa con ritmos de drill y hip-hop.
Nos llamó especialmente la atención que en la previa de los conciertos grandes, Deezer mostraba en pantalla una canción en modo karaoke del artista que iba salir en escena y que la gente lo cantaba a todo pulmón, creando una especie de vínculo entre lo que iba a suceder y los presentes.

El último día que pudimos disfrutar del V and B Fest' tuvimos la oportunidad de presenciar la locura de los más rockeros desde primera hora. El grupo de Nantes The Dislockers ofrecía un metal con toques de electrónica y screamo a tope donde los pogos y los circle pit empezaban a verse desde las 16:30 de la tarde. Cosa que se repetía en el concierto de Revnoir y los australianos Airbourne. Éstos últimos ofrecieron el concierto más loco de todos, donde la polvareda se levantaba en diferentes puntos del espacio por el movimiento del público que disfrutaba del hard rock de los hermanos Joel y Ryan O’Keeffe. La nota de color la puso la banda californiana de roots reggae Groundation y la noche se colmaba con la gran sesión ofrecida por la belga Charlotte de Witte, que mantenía al público en trance durante más de una hora de techno que retumbaba por todo el festival. Espacio que aprovechó para reivindicar la cultura de club por las pantallas.
Una pena no poder quedarnos en el último día que prometía, y mucho, con las actuaciones estelares de Moby y Paul Kalkbrenner. Pero todo no se puede. Eso sí, el que pueda, que se apunte la fecha de mediados/finales de agosto para el año que viene. Música de todo tipo, buena gastronomía, espacio interesante, oportunidad de hacer turismo con encanto y sobre todo, para huir del calor de la Península Ibérica. V and B Fest', un descubrimiento.

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