La puesta en escena de los portugueses TT Syndicate da suficientes pistas del show a punto de explotar, casi a la par que los fuegos artificiales de Aste Nagusia. Trajes-pincel y camisas hawaianas, que musicalmente se traducen en una exhibición vibrante de R&B y soul, con ramalazos de improvisación jazzística y alguna que otra marejada de surf-rock. De hecho, los ‘Nunos’ de esta banda, Nuno Riviera (guitarra) y Nuno Gomez (batería) integran el combo de “surf-noir” -no te acostarás sin descubrir una etiqueta más-, Thee Chargers.

Los incondicionales del rock, ajenos a la verbena masiva que rodea la bilbaína sala-oasis Azkena, comienzan a acercarse curiosos al escenario donde este particular sindicato toma posición. El frontman Pedro Serra nos avanza el repertorio: nuevas canciones que verán la luz a finales de año -ya han publicado el segundo EP de seis, que se fusionarán en un LP-, junto con canciones de su discografía actual: una cuidada colección de 7” recogida en su mayoría en su debut en LP homónimo (2017), publicado bajo el sello alemán Migraine Records (si bien han fichado por la malagueña Sleazy Records). “Buen provecho”, bendice la mesa el grácil cantante.

Su voz negroide -¿Se puede emplear este adjetivo hoy sin ofender a nadie? Seguramente no: siempre hay alguien ofendiéndose-, engrasa con espontaneidad soul con los envolventes vientos, acompañados por un beat sutil que nos funde todos los plomos y unas cuerdas que tiran de nuestros pies, anclados al suelo (no por mucho tiempo).

Los siete fantásticos han calentado suficiente y se muestran espléndidos para el tercer tema de esta velada, “Last Night”, el cual se remonta a su primer EP, de 2012, año en que se formó esta banda de Oporto. El cantante ejerce a su vez de pizpireto director de orquesta de los vientos, y dedica unas palabras al saxofonista de repuesto que hoy les acompaña (¡de sólo 17 años!), en sustitución del original, a quien “están operando de la boca”, aclara Serra, en un simpático español.

Temas sugerentes y de indiscutible elegancia (Northern) soul, como “Venom Dream Queen”, llevan a la conclusión de que si no se te van los pies/cabeza, probablemente estés muerto por dentro. No falta ningún ingrediente ni aderezo: guitarras surf, percusión certera, coros tipo doo-wop y alaridos de lobo de medianoche -por algo uno de sus temas se titula “I’m the Wolfman”-, por parte de un ya entregadísimo y sin chaqueta Serra. “Hace mucho calor, por eso la gente está fuera”, ironiza el cantante, quien confiesa sus ganas de calzarse unas “bermudas”, mas respeta el dress code elegante hasta el final. Como debe ser.

Grandiosa versión swing de “Fever”, con la que celebran “la intensidad del amor entre un hombre y una mujer”. ¿Se percibe algún conato de abucheo al oír esto o es la paranoia de esta plumilla? Es igual: el clamor final espanta toda chaladura enfermiza. Serra se autoproduce una curiosa voz nasal al micro, y sus momentos más excéntricos recuerdan, con toda la distancia de un océano de por medio, a un Screamin’ (en este caso más bien Laughin’) Jay Hawkins.

“Little Girl”, uno de sus más recientes temas, es un swing alocado que encierra sin embargo “la historia triste sobre una muchacha”. El soul más revitalizante patrocina esta fiesta (casi) privada. Pobres diablos los de allá afuera, entregados a los fuegos artificiosos de la romería urbana… Inciso incisivo del cantante, que pide refuerzos: “Al batería se le ha olvidado traer algo de beber, si podéis arreglar unas cervezas”, solicita con exquisita educación.

La complicidad socarrona entre cantante y batería, líderes de la banda, se evidencia poco después cuando el segundo boicotea una improvisación-pavoneo del primero. La camaradería entre los miembros de esta pequeña-big-band es manifiesta y sin duda consiguen transmitirla al público en cada nota. “Tocamos 3 o 4 conciertos al año en Portugal, y entre 20 y 40 en España”, observa Serra. Le sigue la cara B del nuevo y reluciente 7”, “The Price To Pay”; junto con otros de sus éxitos como “What Ever Happened To You” y “Baby, Baby, Baby”. Si no entras al trapo, el espectáculo puede llegar a resultar algo repetitivo por momentos. Insistimos: sólo los tibios de espíritu corren este riesgo. Nota mental: Hay que entregarse siempre.

Pasión ahogada y transfronteriza en “Seven Veils”, un hechizo arabesco en sintonía con “Abu Dhabi Twist”. Poderío groove en la altisonante “Sinner Man”, número uno en las radios de Portugal, según nos cuentan. La dulce hipnosis se prolongará hasta el final del show, con la serpenteante y tribal “Jungle Eva”, single que también cierra su LP (en el que destacamos, por cierto, la tremenda colaboración de su paisana Marta Ren en “No One’s Going To Rule My World”).

Sólidos en su ejecución, de espíritu efervescente y versatilidad líquida, nos afiliamos sin titubeos al sindicato del swing.