Ha sido una edición complicada para los organizadores del Sónar. El festival, de forma excepcional, se ha celebrado por vez primera en su historia en el mes de julio; la detención en Suecia de A$AP Rocky provocó que tuviera que buscarse un sustituto casi in extremis (menos mal que Stormzy tenía su agenda libre), Lil Uzi Vert canceló ya hace semanas (Sheck Wes entró en su lugar) y, por si fuese poco, un conflicto laboral con los montadores de la Fira de Barcelona nos puso a todos en vilo porque hubo un momento en el que la celebración de esta vigesimosexta edición estuvo pendiendo de un hilo. Finalmente, sobre el terreno, nada de eso afectó a las 105.000 personas que durante tres días y dos noches disfrutaron de su cartel. Nada ni nadie pudo con la fiesta.

Los peruanos Dengue Dengue Dengue fueron un buen calentamiento el jueves en el Village con sus percusiones tribales minutos antes de que Lotic dejara a muchos ojipláticos con una puesta en escena con tintes de ciencia ficción gracias a la corona reactiva de luz prismática y los ventiladores que llevaba tan Beyoncé, ambos igual de protagonistas que las canciones de aquel “Power” (así como algún que otro atronador tema nuevo) que el pasado año vio la luz a través del sello Tri Angle. No debería de extrañar que en futuras ocasiones la veamos actuando a altas horas de la madrugada.

Los británicos Snakehips apostaron por una sesión principalmente hip hop en la que sonaron desde un remix con el pitch acelerado del “Never Be Like You” de Flume hasta aquel “Somebody That I Used To Know” que hace ocho temporadas puso sobre el mapa a Gotye y Kimbra. Cierto es que el SonarDôme estuvo un poco a medio gas para ver en acción al danés Noah Carter, algo que se remedió minutos después cuando en el mismo escenario hizo acto de presencia Sevdaliza. La danesa de raíces iraníes, al igual que hiciera en 2016, brilló con luz propia con un teatral espectáculo en el que se dejó hasta acompañar de un bailarín de danza contemporánea. Juega ya en las grandes ligas del R&B gracias a números vocales tan hipnóticos como “Human Nature” o su reciente “Martyr”.

La expectación por ver a Arca en SonarHall estrenando “Sal de mi cuerpo” se hizo palpable minutos antes de que empezara, ya que las colas para poder acceder al escenario fueron incluso más largas que las que un año antes hubieron para Rosalía. Aunque se quitó de encima en los primeros minutos “Desafío” y “Piel”, lo cierto es que la pretenciosidad arty de su nuevo directo provocó que muchos disidieran durante una primera mitad marcada por cambios de vestuario que afectaron mucho al ritmo del show. Aunque en la traca final sumó puntos cuando mutó en una rapera cyberpunk, su propuesta no acabó de convencer esta vez. Le quedan muchos elementos por pulir porque el carisma no lo es todo. A falta de Caribou, Dan Snaith bajo la careta de Daphni fue el encargado de cerrar el Village con una sesión prominentemente house y tropicalista. Fue un jueves de lo más completo, porque realmente dio para mucho. Por ejemplo, para el show tecnológico y sonoro de Daito Manabe + Kamatani Lab, que prometía mayor cuota de experimentación. El espectáculo consistió en la colaboración entre el gran artista japonés Daito Manabe junto al doctor Yukiyasu Kamitani. Ambos han desarrollado un sistema que selecciona datos del córtex visual para luego procesarlo y proyectarlo en forma de imágenes. Daito Manabe es uno de los artistas digitales más reconocidos y premiados del mundo. Programador creativo y diseñador de interacción, Manabe es también compositor y DJ, y ha colaborado con artistas como Squarepusher y Ryuichi Sakamoto, entre otros. La artista británica Afrodeutsche aportó la cuota exótica acorde con una composición variada en su ascendencia cultural, en la que se mezclan tradiciones de Rusia, Alemania y Ghana. Su propuesta la colocó dentro de un marco de IDM, en la que plasmó una composición sonora más bien paisajista, muy a la manera de artistas como Christ y el roster de sellos como Benbecula. Leon Vynehall, en cambio aportó una sesión bastante anodina, como si se tratara de una de esas etapas del tour de Francia previas a las de montaña. El de Ninja Tune no se supo muy bien hacia dónde tirar y no salió del estadio confortable del house de fácil deglución. Sin más. Por su parte los sudafricanos Faka sorprendió con su propuesta. Este par de travestís comprometidos con el movimiento LGTB venían con la etiqueta de concebir sus espectáculos a base de Gqom y mucho descaro, pero lo cierto es que en Sónar hubo mucho más de lo segundo. Los minutos de calentamiento iniciales se hicieron eternos, pero al final consiguieron arrancarse y meterse al público en el bolsillo.

Viernes 19

Los Voluble continúan dando mucha guerra. Su creatividad, aunque pluridisciplinar, se desarrolla con un fin muy claro: hacernos pensar y, de paso, tocarle las pelotas a quienes lo merecen. Ideal para abrir una jornada del viernes del festival. Fue divertido ver cómo se las gastaba Cascales, responsable de la revista Shangay y pinchadiscos desde hace años en salas madrileñas. No dejó de bailar mientras pinchaba mucho pop del nuevo siglo, algo también ideal para continuar la jornada. Gracias a temas como “Anna Wintour” de Azealia Banks o un remix de “Loose!” de su adorado Prince, demostró que no hay horario que se le resista. Aunque si había expectación por ver algún show del viernes en horario diurno, no cabe duda de que se trataba de “Proto”, el nuevo espectáculo de Holly Herndon. La estadounidense se dejó acompañar por el habitual Mat Dryhurst a los controles, por un grupo de coristas de aires new age y por la máquina de inteligencia artificial Spawn. Nos sumergió en una suerte de distopía que, en realidad, es lo que echamos en falta desde hace años en Björk. El jamaicano-estadounidense Masego (en la fotografía) apareció en el Village evidenciar que, sobre el escenario, hace desaparecer los matices más trap de las canciones de “Lady Lady” para cargar las tintas en la cara más jazz de su propuesta. Saxo en ristre, cumplió a pesar de ser una versión menor de Anderson .Paak.

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A priori, Glassforms de Bruce Brubaker & Max Cooper era una de las propuestas más suculentas para el viernes noche. Su fórmula consistió en unir a un pianista de clásica contemporánea con un productor de techno. Lo cierto, es que tampoco era una apuesta tan descabellada puesto que Brubaker ya había sido remixado por luminarias de la escena de baile como Plaid o Akufen y Cooper procede de la escena de electrónica mínimal. ¡El resultado fue increíble! Colocados en el centro de la sala, la conjunción de piano y resortes electrónicos fue magistral. Poco después Fakethias, artista de Oslo que produce música electrónica intensa y muchas veces aparentemente inconexa, ofreció un directo cargado de contraste. O lo que es lo mismo, ruido de procedencia industrial pero con espacio para las melodías. Intenso, con una propuesta audiovisual de lo más potente y con un pitch bastante elevado hilvanando una serie continua de proclamas sonoras que se movieron entre el gabber y la rave. Un poco más tarde fue el turno de Lorenzo Senni-Stargate. Senni vuelve a unir fuerzas con sus colegas de grupo para recuperar los días en los que cautivaron con el proyecto Stargate. Senni es un artista sonoro que ha expuesto en el Centro Pompidou de París, pero también ha publicado para WARP o pinchado en Berhain de Berlín. Sin duda es un hombre del Renacimiento en plena era digital.

No nos olvidemos del escenario Sonar XS, en el que Aleesha cautivó mucho más de lo esperado, pese a que la podamos considerar todavía una artista en pleno desarrollo y evolución, o en el que Bill Kouligas, el capo del sello PAN (Yves Tumor, Objekt, Errorsmith…), arremetió con todo tipo de aberraciones sonoras: del noise al free jazz pasando por el techno y otras marcianadas.

Cerrando el escenario nos encontramos con la mayor gabber de Madrid: Virgen María. Dicen que su madre, Verónica Forqué, estuvo en primera fila para no perderse ni un solo detalle. Su directo puede ser algo atronador y desconcertante, pero ella sola llenó el escenario con su innata sensualidad y unas gafas (¿o era un casco?) futurísticamente lumínico.

El andaluz Dellafuente se dio todo un baño de masas en el Dôme presented by Red Bull. Todas y cada una de sus canciones, desde que arrancara con “Dime”, fueron celebradísimas. El público quedó encantado y, por poner un único pero, podríamos decir es que echamos en falta “París”. La propuesta de SebastiAn en el Hall se puede resumir con dos simples palabras: french touch. El productor venía a presentar su nuevo “Thrist”, que sigue siendo puro Ed Banger gracias a esos bajos demoledores que nos transportaron a la primera década de los 2000. Eran las ocho y media de la tarde, pero parecían altas horas de la madrugada. La próxima al SonarClub, por favor. Volviendo al Village, el público se mostró entregadísimo con la sesión de Artwork, combinando acid, house fresquísimo y disco con gemas como el “Baby’s Band” de Tele Music o la siempre a reivindicar “Happy People” de Margino.

Pasemos a la noche. Y debemos empezar con el británico Stormzy, quien obviamente no defraudó aunque su actuación no fuera tan masiva como la que protagonizó hace unas pocas semanas en Glastonbury. La fuerza de sus rimas y su carisma son innegables. Dudamos de que A$AP Rocky hubiese venido con las pilas tan cargadas si hubiese tenido la oportunidad de actuar en el SonarClub. De todos modos, fue un placer ver a Stormzy tan crecido artísticamente tres años después de que pasase modestamente por el propio Sónar en 2016. Otros artistas que han crecido mucho desde que aparecieran por primera vez por el festival barcelonés son Acid Arab, una apuesta segura, oscuros y bailables al mismo tiempo, tejiendo puentes techno entre Oriente y Occidente. Su live siempre es sorprendente. Volvamos al Club. Dj Seinfeld es reconocido por sus producciones house, pero minutos antes de que Underworld tomaran el escenario principal del festival lo suyo fue puro techno de bombos musculados. Bailar el remix de Pump Panel del “Confusion” de New Order siempre es una apuesta segura. Igual, o más, que ver a Underworld en acción. Los de Cardiff no defraudan principalmente porque sabemos qué esperar de ellos: hits a granel como “Dark And Long”, “Cowgirl” o “Born Slippy” (con marea de móviles elevados grabando el momento); subidones tranceros y un Karl Hyde siempre desbocado a quien, a sus sesenta y dos años de edad, no hay quien frene. Clásicos (merecidamente) incontestables.

Sam Shepherd, más conocido como Floating Points, fue el protagonista de la sesión larga de Sonarcar. Lo suyo fue música disco a toneladas. Lástima la poca asistencia de público de la jornada nocturna del viernes, que dejó desangelada la pista durante prácticamente toda la maratón de seis horas. Un rato después llegó el turno de Vince Staples, quien coincidió en el tiempo con Underworld. Lo suyo fue de otro planeta. Hizo un set redondo de apenas una hora, combinando hits antiguos con otros de nueva hornada. Se detuvo en “Big Fish”, “745”, “BagBak”, “Relay”, “FUN!” –con la que abrió fuego– y “Norf Norf” con la que acabó. Fue –como ya vimos en su show en el Primavera Sound– un paseo por su universo futurista con imágenes de televisión en las que se iban sucediendo programas protagonizados por él mismo. En cuanto a las sesiones, se sucedieron los grandes nombres y la verdad es que, pese a ser de muy distinto pelaje, todos ellos consiguieron firmar buenas sesiones. Podríamos empezar por Four Tet, que optó por el componente sorpresivo y global, y continuar con Daniel Avery –mucha clase– o Dj Koze, que jugó la carta de la contundencia y del “echar el resto” para los pocos festivaleros que todavía aguantaron a primera hora de la mañana ya (su set se enfrentaba en horario de cierre al de Joseph Capriati). En cuanto al Dj set de Disclosure, fueron a lo seguro. Sonaron desde éxitos propios como “When A Fire Starts To Burn” o “F For You” con la voz de Mary J. Blige, hasta algunas de sus mejores remezclas como la que facturaron a Jessie Ware en “Running”, o ajenas como la que Flume firmó de su “You & Me”. Por sonar sonó hasta el “Lady” de Modjo, así que todo el mundo terminó el set con una sonrisa de oreja a oreja y dos kilos menos de regalo.

Sábado 20

Aunque el cansancio suele apretar mucho durante la jornada diurna del sábado, no cabe duda de que vivimos algunos grandes momentos. Una de las actuaciones más esperadas era la de Bad Gyal (en la fotografía), quien pasaba de estar programada años atrás en el escenario XS a gozar de excelente horario en el Village en 2019. Respaldada por cuatro bailarinas que no pararon de moverse ni un segundo, Alba Farelo ahora luce una mayor presencia escénica y un espectáculo mucho más pensado. Hasta sus detractores tuvieron que rendirse a la evidencia y afirmar que su show fue de lo más entretenido. No se olvidó, claro está, de su reciente “Hookah” y nos obsequió con unos frescos temas nuevos que más pronto que tarde podremos escuchar en casa. Quién no perree con “Internationally” es que no tiene sangre en las venas. En terrenos urbanos, tampoco podemos olvidarnos de Cecilio G, quien llegó al escenario XS a caballo –como ya hiciera Jimi Tenor muchos años atrás–. Llenó el espacio a reventar y repasó algunos de sus temas con más visionados en Youtube: “From Darkness With Love” o “Gucci Shanna”.

Por lo que respecta a la electrónica, la leyenda del house Theo Parrish preparó un set especial de tres horas en SonarDôme que sirvió para demostrar el amor que siente por la música negra en todas sus formas: del jazz al funk, haciendo paradas en la música disco y el house pretérito. El dúo israelita Red Axes ejerció de primer plato ideal para calentar el recinto antes de Erol Alkan y lo hicieron a base de toneladas de trance-house con pinceladas acid. Recordaron a The Chemical Brothers y perpetraron uno de los conciertos más redondos de día. Una de sus bazas fue la combinación de instrumentos digitales con percusiones. También su entusiasmo sobre el escenario. Poco después Max Cooper, en su segunda comparecencia en el festival, ofrecía un directo visceral en el que construyó paisajes sonoros de techno crepuscular. Fue una experiencia de brain dance por los cuatro costados. Inmenso en su propuesta. Erol Alkan en cambio desplegó todo su arsenal de indie guitarrero, synth pop y electrónica de beat grueso.

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Actress, en el Hall, no lo puso nada fácil. Tuvo problemas de sonido nada más empezar y el loop de los primeros minutos se hizo algo pesado. Finalmente, a medida que las melodías pasaban por un filtro algo más humano, gustó más. No fue el mejor día que le vimos a Darren Cunningham. Por otro lado, Theo Parrish se encargó de poner a bailar al respetable en una sesión de tres horas que, por lo que pudimos oír, ofrecía las mismas dosis de zapatilla que de hedonismo disco (desde el “Wood Brass & Steel” de Funkanova, pasando por el “Chain Reaction” de Dance Freak).

Fue una lástima que, a primera hora del sábado noche, coincidieran los sets de $kyhook y Fake Guido, y el directo de RRUCCULLA. Optamos por Fake Guido, habitual acompañante de Bad Gyal, y su sesión a base de reggaeton nuevaolero, de cara a abrir boca para Bad Bunny (en la fotografía). La estrella puertorriqueña volaba a Barcelona poco después de participar en las manifestaciones políticas en su país. Eso sí al principio se hizo de rogar, apareciendo veinte minutos tarde y con toda su corte de fans gritando desesperadamente. No faltó ni uno de sus hits: “Soy peor”, “Sensualidad”, “Caro”, “Otra noche en Miami“, “Tenemos que hablar”, etcétera. Ofreció un show muy a la americana y cargado de colorido (algo que comparte también con J Balvin), con agradecimientos continuos al (muy entregado) público. Aprovechó para ofrecer un discurso de concienciación sobre la situación en Puerto Rico y utilizar el pañuelo que tapaba su rostro como metáfora.

A continuación, nos fuimos a la otra punta del recinto para ver al estadounidense de ascendencia senegalesa Sheck Wes, quien tomó el relevo de Lil Uzi Vert, cancelado semanas atrás. Mostró consistencia con una fórmula que bebe del trap propio de Atlanta y el hip hop crudo de New York, acompañado por un DJ que no dejó de hacer coros e interactuar con Sheck Wes a la hora de descargar todo un bombardeo de rimas y ritmos de filo muy cortante. Body & Soul se encargaron de aportar la cota hedonista a lo largo de seis horas en el SonarCar. El all star team del house formado por François Kevorkian, Danny Krivit y Joe Claussell se despachó a gusto con una sesión con lo mejor del house de las tres últimas décadas. También hubo cabida para el electro y clásicos como Kraftwerk.

En los últimos años, Skepta se ha convertido en un habitual de nuestros festivales. Esta vez se le programó en el escenario principal y, como podíamos imaginar, volvió a convencer. Presentó temas nuevos, no se olvidó de algunos de sus estiletes de grime directo y subrayó por qué se le respeta tanto como se le respeta. Como Skepta, otro que volvía al Sónar era un Kaytranada que ha crecido todavía más desde su anterior visita. La verdad es que fue un imán de masas con una fórmula infalible a base de disco, house, hip hop y pop negro. La suya fue una sesión sin fisuras en la que demostró una vez más que lo suyo tiene mucha clase. HAAI, la DJ de moda de Londres, salió a por todas, siguiendo la premisa de no dejar prisioneros. Su sesión la elaboró alrededor del hard techno saliéndose del guion del house y acid que acostumbra a seguir en sus sesiones. Dj Tennis, en cambio, empezó con el “Good Life” de Inner City, toda una declaración de intenciones. Apareció en el escenario con un brazo en cabestrillo, pero poco importó porque su sesión fue impoluta. Como siempre apostó por el house sintético desde el minuto cero, exprimiendo al máximo los recursos de la mesa. Paul Kalkbrenner ofreció un espectáculo que se sustentó en su último trabajo, “Parts Of Life”, compuesto por temas inspirados en la música que escuchó en su juventud y con el que lleva girando desde que empezó el año. Pero se echó en falta la fiereza de las mejores sesiones que le hemos visto a lo largo de estos años. Es por eso que buena parte de los asistentes optaron por una sesión menos encorsetada para esas horas, y la persona que se los ofreció no fue otra que el berlinés Dixon. Con mucha más cintura para el freestyle y una óptica más lúdica que su compatriota.

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