Flamenco, jazz y otras artes desde el corazón del Casco de Huesca
Conciertos / Nanjazz

Flamenco, jazz y otras artes desde el corazón del Casco de Huesca

8 / 10
Carlos Naval — hace 7 meses
Empresa — Ayuntamiento de Huesca
Fecha — 16 mayo, 2019
Sala — Centro Cultural Manuel Benito Moliner, Huesca

¿Cómo definirías la banda sonora del Casco oscense? Imagina un lugar recogido, como un secreto. Donde cada uno puede expresarse como quiere, pero todos lo hacen unidos. En el que se fusiona la tradición gitana de generaciones y
generaciones con las nuevas corrientes más variopintas. Ésa es la raíz de NanJazz, la esencia que destilaría el sonido del corazón de Huesca. Un grupo que ha nacido de la amistad de grandes músicos que se conocen de toda la vida y se nutre del increíble talento de unas personalidades musicales irrepetibles. La banda presentó el pasado jueves su primer disco: ‘Manuco’, en el Centro Cultural Manuel Benito Moliner de Huesca dentro del ciclo Primavera Flamenca.

Sin duda, el primer nombre que hay que citar de los miembros del grupo es el del compositor y artífice de la banda, Adán “Nano” Giménez al piano, y Gerardo López Pontaque, virtuoso trompetista de jazz que también toca en otros proyectos como Aragonian y The Swinging Pools, y dirige la Huesca Big Band; así como el del ya legendario Willy Giménez, de Willy Giménez &  Chanela a las percusiones junto a Marquitos Giménez; Jesús Martí “Pelón” al bajo, armando una base armónica de cada canción totalmente impresionante; y el cantaor Raúl de Huesca, inconfundible y que emocionaba en cada ‘quejío’. Por último, tampoco hay que olvidar al letrista y alma mater del proyecto: Manuel Avellanas. Un tándem espectacular que trasladó a todo el auditorio a una época más sincera, donde contaban menos los clichés y las etiquetas y primaba el sentimiento personal para contar una historia real.
¿Qué pudimos ver en su presentación? “Tenemos ritmos de todo tipo, una composición pianística de Nano, un bajo eléctrico, un cantaor flamenco con una voz única y una trompeta con sordina que parece sacada de un disco de Miles
Davis. ¿Qué es NanJazz? ¿Qué es esta farsa?”. Gerardo López, el trompetista y maestro de ceremonias, resumió en tono jocoso esta fusión tan diversa y rica en matices que es NanJazz.

En la actuación desgranaron todas las canciones de su disco, comenzando por ‘De Jerry a Javier’, en un sentido recordatorio al difunto amigo de la banda Javier de Cambra, también amigo del conocido artista de latin jazz Jerry González, fallecido  en 2018. Así, arrancaron suavemente, con ritmos pausados, melancólicos, con protagonismo de la trompeta delicada y brillante de Gerardo López y la polisémica armonía del piano de Nano Giménez; siguiendo con ‘Barrio de la Catedral’ y la guajira de ‘Agosto’, con temática más local, siempre con un sabor entre alegre y
triste, ambas con la colaboración del violinista oscense de jazz Carlos Ochoa, que participó en varias canciones del espectáculo con un manejo vibrante del violín.

Pero lo mejor del concierto llegó con las canciones más progresivas, que mezclaban diferentes cambios de tonalidad y ritmos trepidantes con una naturalidad pasmosa, como ‘Lluvia de Notas’, las bulerías de jazz de ‘This Is of my
Mark’, sin duda uno de los momentos de la noche y una canción que compone algunos de los elementos que convierten al grupo en un conjunto único en fusión de géneros y estilos musicales; y el martinete ‘Penas de mi pesar’ – una modalidad de cante originada en las fraguas- con una increíble interpretación de Raúl de Huesca y con trepidante solo de cajón flamenco incluido.

El punto final vino con la revisión de ‘La Leyenda del Tiempo’ como bis muy solicitado, que Manuel Avellanas recordó como obra de Lorca, pero que fue popularizada por el inmortal Camarón de la Isla como una de las mejores
canciones de flamenco de todos los tiempos. Como todos los temas que tocaron durante la velada, la canción se metamorfoseó como si tuviera vida propia en las manos de NanJazz y poco a poco pasó de un ritmo ligero de tango a casi una salsa jazzística. Añadiendo un verso como homenaje a Camarón y como lamento final: “¡Ay! Cómo cantaba, cómo cantaba…”.

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