¿Alguna vez habéis pasado por el lugar de un concierto con la esperanza de cruzaros con el artista? Vais unas horas antes y os paseáis por allí, esperando al golpe de suerte. Desconozco si es una práctica habitual o si es algo más bien propio de los periodistas que nos movemos en este mundillo, pero esto es algo que suelo hacer bastante a menudo. No suele funcionar, la verdad. Sin embargo, en esta ocasión, sería diferente. Quedaba apenas media hora para que la Sala 2 de Razzmatazz abriera sus puertas. La cola era interminable, un sold out en toda regla. Al otro lado de la calle, Elías, Guille, Héctor, Joan y Pablo tomaban algo en la terraza de un bar: Charlaban con quien se acercara, apuraban los últimos cigarros y, seguramente, disfrutaban de la calma antes de sembrar la tormenta.
Como ha venido siendo costumbre en estas últimas fechas de su gira, Mala Gestión compartió escenario con un invitado especial. Para este concierto de Barcelona, Perfecto Miserable fue el grupo encargado de preparar el terreno. La nueva sensación del Emo/Indie trajo consigo una variedad de temas como “Termonuclear” o “Si todo va bien (por qué estoy tan mal???)” que muestran el porqué de su reciente éxito. Abrazados por el shitpost y bajo los efectos de la ruleta de la keta, dieron un show memorable.
Tras una previa que no decepcionó en absoluto, la característica batería de “Morir lejos de aquí” marcó el pistoletazo de salida para Mala Gestión. Su show es pura actitud y descaro. Su música, una muestra de ello. Intercalando sus grandes himnos como “Metroviolencia” o “Todos mis amigos tienen sarna” con sus temas más recientes, no tardaron en meterse al público en el bolsillo. En esta nueva etapa, los valencianos conservan ese carácter rebelde y letras llenas de ironía y crítica social que los hacen únicos, pero añaden una producción y una interpretación que reflejan una clara evolución en su carrera. Sacaron adelante un repertorio muy heterogéneo que hizo destacar sus virtudes y versatilidad. La acogida de los temas de Hacemos lo que podemos fue sencillamente brutal.
En consecuencia, las reacciones de los asistentes no tardaron en llegar: los pogos, la intensidad y el sudor. Un efecto secundario no apto para aprensivos. Verdaderamente, la sala parecía una sauna, pero sin humo. Algo que me sorprendió, teniendo en cuenta el éxito de “Dios me tiró un ducado rubio”. Lo que no le faltó al público, desde luego, fue hacer gala de sus cánticos. Sin duda, afirmaría que en el público no había ningún fan de El Hormiguero. Ni del sistema ferroviario español. Seguramente echaron de menos “Carlos Coches”, un tema que, según dijo Pablo, borrarán de Spotify. Esperemos que nunca suceda.

Hace apenas dos meses publicamos una entrevista en la que Pablo comentaba lo que podíamos esperar de la banda en concierto. Ahora, podemos afirmar que no iba muy descaminado. Joan se quedó en una posición de power metal y solo se movió para tocar con Guille, que aprovechó el cable inalámbrico para moverse libremente por todo el escenario. Elías demostró que es buen frontman, gracias a su mezcla de presencia y carisma. Pablo se sentó más de una vez en el suelo para descansar mientras tocaba. Y lo de Héctor… Eso solo lo sabe él. Por mi parte, si hay algo que puedo decir con seguridad es que tocan guay, muy guay de hecho.

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