Los músicos evolucionan y el enfoque de algunos de ellos también. Esto es lo primero que se desprende tras escudriñar el nuevo proyecto en el que Aleix Martín –una especie de fierecilla desbocada con su anterior aventura Master System Never Died y más bailable en su etapa en Kickbombo– acaba por rendirse a la emoción. Debuta como Hypersense, un nuevo estado donde la electrónica abandona la inmediatez para explorar una naturaleza más interna, más cercana a una experiencia sensorial que a un set de club parrandero y poco juicioso.
En un panorama saturado por los mismos mecanismos para petar la pista de baile, “Presence” debería tomarse como una desviación consciente: no se trata de hacer bailar, sino de hacer sentir. El bueno de Aleix lo ha logrado explorando y afinando de un modo pasmoso el siempre fértil universo de los sintetizadores. Y queda clarinete en el tema que abre este nuevo trabajo (“000”), así como en varios compases de “001” o “004” (estos dos predestinados a fundirse cuando los escuchas y aunque tengamos otras dos paradas de por medio). En contra, el disco se mantiene quizás en una zona de confort emocional que, por momentos, roza en demasía la homogeneidad. Algunos pasajes se perciben más como variaciones.
Y bueno, ya que estoy, añadiría también “008” a esta corporación de canciones estimuladas por las melodías sintéticas. Todas ellas, con paridad y muy afines entre sí en cuanto a notas, narrativa y construcción de los espacios. De alguna manera, me asaltaron a la cabeza artistas como Stephan Bodzin, Kiasmos o Tale Of Us donde, en muchas ocasiones, lo emocional ronda lo épico.
La percepción vocal –con un estilo cercano al pop– me ha pellizcado menos. Sin embargo, deduzco que es una sección importante de este proyecto bautizado como Hypersense y al que auguramos un buen crecimiento. No es un acierto menor que al lenguaje musical se adhieran tanto el tacto de las máquinas, los BPM poco o nada desbocados… así como el calor de lo humano. La voz busca esa conexión. Curiosamente, y quien me conoce bien lo va a tener muy en cuenta, incluso puede llegar a sorprenderse, la canción “cantada” que más me sedujo está en castellano. “005”, que así se titula –ah sí, los títulos son estos– es el que más cosquilleo generó. “Sin preguntar, tengo respuestas… no hay que entender, solo parar”. ¡Qué rico, tú!
Desde su concepción, el disco articula una premisa clara: la presencia como estado expandido. Las composiciones se construyen sobre capas progresivas, con una paciencia casi reflexiva, evitando la alteración constante por picos evidentes (que algún torniscón sónico también lo hay) en favor de una tensión sostenida. Hay aquí una voluntad hipnótica que remite tanto al ambient como al melodic techno funcional.
Lo interesante es cómo Hypersense equilibra lo introspectivo desde un plano accesible. Las vocales funcionan como anclaje emocional dentro de estructuras más abstractas. No son protagonistas en un sentido tradicional, sino vectores que guían la escucha a través de estados como la vulnerabilidad y la apertura.
"No se vayan todavía, aún hay más" que diría Super Ratón. El cierre del disco es una sorpresa. Un punto de inflexión a tener en cuenta. Una remezcla oficial de “Cualquier otra parte” de la banda barcelonesa Dorian. No funciona como un simple ejercicio de nostalgia, sino como un desplazamiento emocional. La original canalizaba una huida generacional, ahora se recontextualiza hacia dentro. Para quienes crecieron con ese himno –es el caso de Aleix Martín, a quien marcó su juventud– el remix actúa como un eco distante, transformado, casi onírico. No apela a la euforia del recuerdo, sino a su huella emocional.
Por lo general, el álbum evita la saturación. Es música que respira, que invita a una escucha activa y casi física. Y aún no lo dije, Hypersense debe tratarse como una trilogía conceptual. A “Presence” le seguirán “Absence” y “Trascendence” con otras cuestiones como la oscuridad, la pérdida o la evolución como hilos conductores.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.