Primer avistamiento público de Los Santos, la nueva reencarnación de Kaydy Cain, Khaled y Yung Beef tras Pxxr Gvng. Jugando en casa, y esta vez con más publico suyo que curiosos o modernos. Y como era de esperar el centro de este concierto bautismal era la autorevindicación. Con “2K14DPG” y esa frase clave, “Al que estaba lo jubilé y al que venía lo bauticé”, abrieron y cerraron un bolo que confirma su posición en la escena, que se cuenta entre los mejores que han dado pero que también revela la necesidad de tapar las grietas presentes desde su nacimiento si quieren aspirar a más. Cosa que espero que quieran, porque es lo único que justifica ponerse bajo el paraguas del Primavera Sound y cobrar 15 euros anticipada y 18 en taquilla, hoy por hoy algo bastante por encima de la media en la escena. Y ojo, que pocos reproches se les pueden hacer cuando La Vendición Records es uno de los proyectos más vitales de los últimos años por estos lares y cuando están ayudando a difundir la autogestión y la independencia. Pero las cosas como son.

Además de Los Santos teníamos a Elmini, ex-Kefta Boyz y presente en la última hornada de fichajes de El Segell del Primavera, como telonero. Y básicamente sigue encarnando la peor parte del directo de los otros. A estas alturas poco problema hay -o debería de haber- con el uso de las voces pregrabadas como herramienta en la puesta en escena, pero vamos, que no es mucho pedir que uno se aprenda sus propias canciones y no entre cuando no toca. Entre que de carisma no anda sobrado y que las pocas veces que intentaba cantar por encima la voz estaba tan baja que era prácticamente inaudible, si no llega a ser porque empezaron a sonar los temas más reggaetoneros -incluyendo el “Hangover” de Tomasa del Real- hablaríamos de desastre total. Que oye, si lo haces en el Primavera con su pan se lo coman, pero cuando la gente se rasca el bolsillo, pues… no.

Poco después aparecían Hakim y AC3 para calentar el ambiente y tras ellos llegaría la primera y gran sorpresa: Steve Lean, recién salido de la cárcel, no solo se dejaba ver por el escenario sino que se ponía al cargo de la mesa durante toda la primera mitad del concierto. Un escenario en el que no hubo menos de diez personas en ningún momento, claro. Y partir de ahí queda clara una cosa: Los Santos le tienen pillado el truco a esto. Ni la ronquera de Khaled ni el desfile de colegas por ahí arriba hicieron que perdiera fuerza un espectáculo que no sería posible sin la sensación de comunidad ni sin el magnetismo de los tres. Y aunque es una palabra que se usa muy a la ligera Los Santos tienen himnos, tanto los firmados con nombre grupal como los de Yung Beef que son asumidos colectivamente en directo. Y contra eso poco puede hacer su competencia.

La pega viene por la manera en que evoluciona el concierto, puede que por estar acostumbrados a recitales más cortos y ser esta una de las quejas que les han caído en otras ocasiones. Lo que era éxtasis acabó desdibujándose lentamente con la entrada de la parte reggaetonera, que otras veces funciona tan bien pero que aquí fue marcando la cuesta abajo poco a poco. Se repitió el momento en que las mujeres pueden subir al escenario -y lo digo así porque antes de eso aquello era un campo de nabos de manual-, aunque con más selfies y menos bailes que en otras ocasiones, y como suele suceder en el 90% de los casos de “que suba la gente” la cosa se les fue un poco de las manos y tuvieron que cortar la música para que fueran bajando, ya sin ninguno de Los Santos por ahí. No se puede negar que el final con la repetición de “2K14DPG” y Kaydy Cain dando botes entre el público consiguió rescatar un poco el subidón, eso sí. Pero lo que tampoco se puede negar es que a corto/medio plazo tendrán que repensar y estructurar mejor el directo si quieren ir a más y seguir manteniendo un puesto que, hoy por hoy, tienen por derecho propio.