Cuando el verano toca a su fin en el hemisferio sur, a este lado del globo se suceden las primeras ediciones del festival itinerante Lollapalooza, una marca puesta en marcha en 1991 por el cantante de Jane’s Addiction, Perry Farrell, acomodado en Chicago y en constante expansión. Si recientemente Berlín y París han sido las últimas capitales europeas en adherirse al imperio “Lolla”, el festival se foguea a principios de año con sendas ediciones en Chile, Argentina y Brasil. Este era el séptimo año que la cita se daba encuentro en São Paulo, convocando a 300.000 personas en el inmenso Autódromo de Interlagos, con un flamante sold out a merced de un cartel con más de setenta espectáculos plagado de estrellas, viejas glorias, y bandas brasileñas descubiertas y por descubrir.

Arrancaron la primera jornada un buen número de artistas locales que dejaron claro desde el principio que esta sería una edición con marcada voluntad reivindicativa. Tanto el grupo indie de Mato Grosso Vanguart como el rapero Rincon Sapiência y la reina de la samba moderna Mallu Magalhães tuvieron recuerdos para Marielle Franco, la activista asesinada la semana anterior en Río de Janeiro. El suceso ha removido conciencias más allá de Brasil, y también la estrella de pop Zara Larsson le dedicó a la fallecida concejal su pausada “Symphony” en un concierto en el que no faltaron sus hits más populares: “Never Forget You”, “Ain’t My Fault” y “Lush Life”.

Después de Larsson unos cuantos colosos se disputaron la arena. Para empezar, LCD Soundsystem tiraron de experiencia y saber hacer. Los de James Murphy llevan quince años mezclando géneros que van desde el rock y la música electrónica al funk, el house o el punk, una artillería que descargaron desde la inicial “Daft Punk Is Playing At My House”. El grupo brindó por primera vez al público paulista su álbum más reciente, “American Dream”, el segundo desde el regreso de la banda en 2015, para rematar con dos canciones inolvidables –“Dance Yrself Clean” y “All My Friends”– un concierto histórico.

Según las cifras oficiales del festival, 100.000 personas se dieron cita sólo el primer día. La vista lejana del concierto final del viernes, con Red Hot Chili Peppers capitaneando el cierre, confirmaba la certeza de que una buena suma de todas ellas se congregaron ante un ritual de clásicos del rock. Los de California pueden llenar un concierto entero de grandes éxitos y así lo hicieron. Las eternas “Can’t Stop” y “Otherside” encendieron una maquinaria que prendió con “Californication” y culminó con la saciante “By The Way”. Entre medio, el grupo quiso salirse del guión y sorprender con una versión algo desafortunada de la famosa canción “Menina Mulher da Pele Preta”, del artista local Jorge Ben Jor, que sin embargo fue bien recibida por un público que agradeció el gesto.

Fueron pocos los que se saltaron el concierto y pocos los que acudieron al directo ofrecido por Mac DeMarco a la misma hora. Pero el canadiense es siempre disfrutable e hizo que ir a verle valiera la pena: con humor, se quejó de la sombra que le hicieron los de Anthony Kiedis alternando las canciones del último disco “This Old Dog” con una versión continua de “Can’t Stop”. El primer día, ni los que querían mantenerse al margen del efecto Red Hot pudieron hacerlo.

El sábado recibió con un calor de justicia a los islandeses Kaleo, aunque pese a la temperatura parecieron sentirse como en casa. La voz rasgada del vocalista JJ Julius Son repasó acompañada de riffs de guitarra y a ritmo de blues temas tanto en inglés como en su lengua nativa, casando a la perfección con el público brasileño. Lo siguieron un escueto show de Anderson.Paak acompañado de los Free Nationals lleno de carisma para levantar los ánimos y un David Byrne que ponía la escena in crescendo mientras bailaba con todos sus músicos. En el concierto del ex-Talking Heads no faltaron éxitos de la banda, como “Slippery People”, “Once In a Lifetime”, “This Must Be The Place”, la eléctrica “Burning Down The House” y, por supuesto, “Psycho Killer”.

Inmediatamente después fue el turno de The National, recibidos con ganas en el festival después de que dos semanas antes tuvieran que cancelar su aparición en la edición Argentina a causa de la lluvia. Las canciones de Sleep Well Beast, estrenado el pasado septiembre y desde entonces harto celebrado, condujeron un concierto de esfera íntima donde un melancólico Matt Berninger arropó a los asistentes entrelazando dardos antiguos como “Bloodbuzz Ohio”, “Slow Show” y “I Need My Girl” para hacer saltar algunas lágrimas.

Imagine Dragons volvían ante el público de Lollapalooza cuatro años después sin alterar su receta de canciones grandilocuentes plagadas de energía –las veces llena de drama y otras de buenrollismo–, una fórmula que no ha caducado en los tres álbumes que ha firmado hasta hoy la banda. Un sonido poco innovador y menos estimulante no dejaron de hacer vibrar a más de uno y confirmaron la cuerda que aún tiene el grupo para llenar estadios y pabellones y recoger alegrías pese a la falta de nuevos recursos. El cantante Dan Reynolds, bandera de arcoíris en mano durante algunas canciones como muestra de apoyo a la comunidad LGTBI, tuvo palabras contra el manejo de las armas en Estados Unidos y dedicó la canción “Demons” a los pacientes de depresión.

Otra banda norteamericana tomaba el escenario a continuación. Los maestros de ceremonias del sábado no podían ser otros que Pearl Jam, de vuelta a los noventa. La canción “Metamorphosis Two” de Philip Glass los acompañó mientras subían al escenario y a cada paso crecían las expectativas. Eddie Vedder se atrevió con el portugués para presentar las canciones más míticas de los pioneros del grunge, que cuentan con diez álbumes publicados y son autores de temas que derrotaron a todos. La tríada “Corduroy”, “Do The Evolution” y “Why Go” sonó durante los primeros compases. Momento especial fue el del homenaje al creador del festival, Perry Farrell, que hizo aparición sobre el escenario para que Vedder le cantara un feliz cumpleaños por adelantado. La puesta en escena repasó hits –“Even Flow”, “Can’t Deny Me” y “Jeremy”, entre tantos otros–, celebró el álbum “Ten” y se rindió a otras bandas con covers de “Comfortably Numb”, de Pink Floyd, y “Baba O’Riley”, de The Who, hasta el cierre con la bonita “Yellow Ledbetter”.

Para los que prefirieron una dosis de fiesta en vena, en los escenarios más electrónicos el noruego Kygo y el popular DJ Snake pusieron el toque discotequero a la misma hora que el concierto de los de Seattle, que se alargó casi dos horas.

El domingo, jornada de clausura, quedó inaugurado por el trío alemán Milky Chance, que pisaba Brasil por primera vez. Les siguió el ritmo tropical de Metronomy para hacer bailar al personal. Pero una vez satisfecho el gusto gringo, no hay duda de que los reyes de la tarde fueron los paulistas Tropkillaz, de voluntad electrónica y ganas inagotables de baile. Ante un público enloquecido que bajó hasta el suelo para bailar a ritmo de funk, el dúo de DJ’s hizo sonar versiones de Drake, Diplo, Kendrick Lamar, Kanye West y un largo etcétera. Tampoco faltó su colaboración con Aloe Blacc, “Milk And Honey”, ni el recuerdo de nuevo para Marielle Franco, ahora acompañado de una advertencia: “dejen de matar a nuestra gente”.

Liam Gallagher Mila Maluhy M Rossi

En los escenarios principales, al rato llegó el turno del imprevisible Liam Gallagher, que esta vez y al contrario de lo sucedido en Chile, decidió llevar su concierto hasta el final. El también vocalista de Beady Eye no tuvo su noche más afortunada. Algo apagado, interpretó de principio a fin trece temas propios intercalando algunas canciones emblemáticas de Oasis, entre ellas “Morning Glory”, “Wonderwall” y el cierre con “Live Forever”, que levantaron los ánimos del público.

La energía no duró mucho en el ambiente, y es que el siguiente concierto no era otro que el de Lana del Rey. El melodrama es el punto de partida creativo de la norteamericana, y lo que la hace conectar con la mitad del público a la vez que la aleja del otro medio. Su personaje es amado con pasión por una horda de fans, y difícilmente creíble para el resto. Algunos de sus temas más coreados fueron los éxitos primerizos “Born To Die”, “Video Games” y “Summertime Sadness” que emocionaron, y mucho, pero solo a los primeros. Con ironía, la música bromeó durante la interpretación de “Get Free” sobre su batalla legal con Radiohead, que la acusa de plagiar su “Creep” en esta canción. Insinuó que el asunto está zanjado y prometió interpretarla muchas veces más.

Y al final, a quien se le ocurriera programar a The Killers como broche de oro de un festival para la memoria, merece premio. Que de las decenas de canciones que ha parido la banda a lo largo de su historia la mayoría son absolutamente intrascendentes, lo sabemos. Pero también escribieron “Mr. Brightside”, “When You Were Young” y “All The Things That I’ve Done”, y es sobre sus himnos que el grupo construyó un directo que tuvo a centenares de miles fundiendo las cuerdas vocales durante hora y media. De éxitos primerizos a lo “Starman” y momentos para el apogeo como el que protagonizó la batería carioca Dedé Teicher al acompañarlos en su interpretación de “For Reasons Unknown” fue el concierto. También hubo lugar para perder los pulmones con “Jenny Was A Friend Of Mine” y recordar el éxito casi inexplicable que tuvieron años atrás “Human” o “Shot At The Night”. The Killers serán un grupo normalito de pop-rock que ha firmado un disco de retorno que deja algo frío al oyente. Pero qué bien lo hacen pasar sobre el escenario y qué buen sabor de boca dejaron en São Paulo.