Anochece en el centro de Madrid, y la cola que se amontona a través de la calle Embajadores, en las inmediaciones de la Plaza de Cascorro, augura que algo gordo está por suceder cerca de allí. Los culpables de tanta expectación, León Benavente, antaño supergrupo y hoy banda consolidada, presentaban en directo su tercer larga duración antes de que hoy, viernes 13 de septiembre, viese definitivamente la luz. El Pavón Teatro Kamikaze acogería un avance exclusivo de Vamos a volvernos locos (Warner, 2019), título que, en palabras de Abraham Boba, guarda una doble lectura, en ningún caso frívola. Sirviendo tanto de reflexión sobre el mundo que nos rodea como de iniciativa, o invitación, a sublevarse. La idea de bailar como acto de catarsis y liberación.

Estamos viviendo el mayor punto de inflexión en la carrera de la banda, formada desde su origen en 2012 por Abraham Boba, Luis Rodríguez, César Verdú y Eduardo Baos. Pues, al tiempo que ponen la primera piedra de su gira más ambiciosa hasta la fecha, marcan un punto y final a su colaboración como banda de confianza de Nacho Vegas. De la que formaban parte como músicos todos menos Verdú y desde donde surgía el propio germen de León Benavente, hoy una de las formaciones más importantes del panorama nacional.

Daban las nueve de la noche cuando el periodista Ángel Carmona hacía acto de presencia como maestro de ceremonias, introduciendo a la banda en un concierto retransmitido por Radio 3 en el que sonaría íntegro el nuevo disco, nada más y nada menos. En orden y con un breve descanso entre caras para darle la vuelta al disco. Y es que, por mucho que se transformen las maneras de consumir música en nuestra sociedad, bandas de rock como León Benavente persisten en un romanticismo innegociable. Algo también presente en la propia escenografía, elegante y curiosamente dispuesta sobre el montaje de la recomendada obra teatral Las canciones, de Pablo Messiez, en cartel actualmente en el Pavón. Un purificador tratado sobre el acto de escuchar.

Abraham Boba, no descubriremos ahora su explosividad y carisma como frontman, lideraba el comienzo del concierto con Cuatro monos situado en el centro del escenario. Frente a frente con Eduardo Baos, al bajo pero también a cargo de diversas programaciones y sintetizadores. No obstante, Boba llegaría a reconocer que Baos “es el que más ha currado en este disco”. Un álbum que alterna el uso de bases electrónicas con el potencial del cuarteto como banda tradicional de rock. Caso de Amo, sin ir más lejos, que en el disco cuenta con la colaboración de Eva Amaral. Otras colaboraciones del disco llevan la firma de Miren Iza (Tulsa) y Maria Arnal, sin duda dos de las autoras con mayor personalidad de nuestra música.

Lo de ayer supuso una gran oportunidad para probar en directo los temas y valorar cuál puede funcionar mejor cara al público. En ese sentido salen ganando canciones como No hay miedo y, ya parte de la cara B, Disparando a los caballos, quizá el tema más punk de su trayectoria. Spoken word combativo en la línea de los textos del primer disco: “¿Y ese de dónde ha salido, que sube en las encuestas con su discurso de mierda?”. Momento también para el pseudo rap de Volando alto, que cerraba Boba caminando entre el público. La canción del daño se convertiría en otra de las novedades más prometedoras. Un retrato deprimente del supuesto estado de bienestar que rompe acercándonos al final con unos imponentes teclados y unas líneas que evidencian nuestras contradicciones: “Reconoces esa euforia que luego da paso al llanto / porque estar mal, ya sabes, también tiene su encanto”.

No habría lugar para bises, guiños ni regalos. Tocaba centrarse exclusivamente en un nuevo disco que ya está dando mucho que hablar, que como poco asentará a la banda en una primera división que pide a gritos compromiso, voz propia y esa pizca de irreverencia.