Todos los indicios señalaban hacia una noche especial, pero quizá pocos alcanzaban a imaginar el auténtico impacto sentimental y consiguiente poso que finalmente depararía la velada en cuestión. José González llegaba a Madrid con todas las entradas del Teatro López de Vega vendidas de antemano, junto a la orquesta filarmónica The String Theory -dirigida por el berlinés PC Nackt- y dispuesto a demostrar la inabarcable sinergia desprendida de dicha asociación.

La base es conocida, con el sueco probando esa sensibilidad compositiva concretada en inconfundible forma de tocar la guitarra y una voz preciosa alejada diametralmente de la grandilocuencia. La limpieza de formas y su aparente sencillez imponen los cimientos sobre los que construir todo lo que vendrá después, en un obligado imposible de sacrificar. Una humanidad inalterable que marida con las virtudes de una orquesta atípica, tan precisa como agradecidamente actualizada e inquieta. Y, justo ahí, radica el mérito descomunal de la idea y posterior presentación. Las bases tradicionales del músico y de la propia orquesta progresan a través de una simbiosis perfecta, que ya no se detiene hasta alcanzar al vanguardismo más distinguido. Clasicismo y evolución. Elegancia y experimentación. Todo sucede con naturalidad, en progresión y sin estridencias ni adornos excesivos que desluzcan el resultado o caigan en la trampa de la épica facilona.

La relectura de la obra del protagonista se sucede con una intensidad emocional ininterrumpida y siempre pareja a la belleza de todas sus formas: las minimalistas ejercidas por el propio autor, y las detallistas y enriquecedoras tejidas en complicidad por sus veinte acompañantes sobre el escenario. Su templada candidez resulta además empática, y ni siquiera el catarro del cantautor logró mermar unas aptitudes tan profundas y poco comunes como las suyas. Sucedió con la ejecución inolvidable de canciones como “Abram”, la instrumental “Vissel”, “Crosses”, “What Will”, el “Heartbeats” de The Knife, “The Forest”, o esa apoteósica revisión del “Teardrop” de Massive Attack que cerró el grueso del concierto. Los añadidos sólo certificaron el triunfo, con esplendorosas (e implicantes) acometidas de “Down The Line” y “Let It Carry You”.

Por si fuese poco, el entorno majestuoso y la comodidad del lugar no hizo sino realzar todas las especificidades del asunto, terminando de apuntalar una experiencia tan acongojante que por momentos llegó a tornarse mística. La unión de José González & The String Theory logró que, durante casi dos horas, no hubiese un lugar más hermoso en el mundo que aquel teatro de la Gran Vía madrileña. Así de sencillo, así de mágico, así de inolvidable.