En algún punto entre El petit de Cal Eril en lo instrumental, aunque bastante más sombrío, i Albert Pla en lo lírico. Ahí podríamos ubicar la propuesta del cantautor catalano-belga Nico Roig. Una apuesta distinta preñada de ocurrente humor negro –dedica una macabra letra a su difunta abuela y consigue ser gracioso- y falsetes de spaguetti western. “Hablo de la muerte y hoy debería llamarme ‘Expira’”, dejó caer. Roig publicará en breve su debut con el sello Amniòtic Records, hogar, también, de Inspira y propiedad de Pau Vallvé, quien a su vez se encargó de una de las dos baterías que éstos últimos utilizan en directo. Todo queda en casa. Inspira han publicado uno de los mejores discos en catalán del año pasado. Como muestra, la breve y ensoñadora “Talls nets d’arrel”, que abrió repertorio y corazones mientras los graves retumbaban en nuestros pechos. La formación liderada por el cercano Jordi Lanuza armó un atípico repertorio plagado de estructuras cambiantes y sutiles arreglos: unos cuantos teclados oníricos y delicados aquí; otros tantos arpegios de guitarras folk allá; y ocasionales arrebatos de psicodelia eléctrica. Capaces de citar a Mishima, Wilco o los últimos Standstill (la contundencia sinuosa de “Onades de nit”) sin sonar a ninguno de ellos, Inspira alternaron canciones de sus dos discos hasta la fecha, “Cova Placenta” i “Escapistes”; interpretaron “Moments de cristall” junto a Anaïs Pasqual y dejaron para el final uno de sus mayores logros compositivos, “Foc i brases”. Traqueteo, palmas, emoción pura.