Con la clara intención de provocar a los lectores, al reseñar el arrollador “Joy As An Act Of Resistance (Partisan/[PIAS], 18) –sorpresivamente coronado Mejor Disco del Año para nuestra publicación– dije que se trataba de un soberano “Iros todos a tomar por el culo nada gratuito”. Pero el tiempo, y los conciertos de la banda, han acabado por darme la razón. Idles han nacido para tocar las narices y, quizás sin pretenderlo, recordarnos que los conciertos en directo deben ser excitantes y volarnos la cabeza, aunque de eso hablaremos más tarde.

Cuentan que la actuación de Madrid estuvo a punto de cancelarse por motivos de organización, algo que posiblemente provocó que los británicos salieran al escenario en Barcelona con las pilas cargadísimas y entregados desde el minuto cero. Ahora bien, seguro que también sumó que centenares de personas se dejasen la garganta ya a los pocos segundos de que Idles arremetieran con “Colossus”, abriendo una noche que se me antoja uno de los mejores epitafios para el año que está a punto de acabar: ahí fuera está todo hecho una mierda, así que disfrutemos aquí al máximo… y eso de todos a tomar por el culo que les decía unas líneas más arriba. En la audiencia, dicho sea de paso, no existía un único perfil. Obvia e inevitablemente, había unos cuantos ingleses borrachos, pero también chicas –muchas chicas–, rockeros relativamente auténticos y mucho indie, todas y todos arremolinados en una maraña de brazos y piernas que iba y venía descontroladamente. Se contorsionaban casi tanto como los dos guitarristas del grupo. Al final todo influyó y sumó de cara a que Idles pusieran la sala patas arriba. Los astros se alinearon en una noche en la que todos los elementos encajaron a la perfección. Barcelona echaba en falta un concierto caótico tras tanta corrección, tanto grupo anodino con ínfulas de comerse el mundo, tantas reglas absurdas… e Idles reclamaban el trono de grupo que no acepta mierdas y que conoce las claves para, precisamente, ofrecer conciertos caóticos.

idles concierto Barcelona

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Sonaron “Never Fight A Man With A Perm”, “Mother”, “I’m Scum”, “Danny Nedelko”, “Television”, “Benzocaine”, su versión del “Cry To Me” de Solomon Burke, o “Rottweiler”, entre muchas otras, contundentes, vibrantes y ocasionalmente algo descacharradas. Como debe ser. Pero también hubo insultos a mansalva, codazos, stage diving, escupitajos, deportivas volando, decenas de chicas arremolinándose alrededor del quinteto, guiris que pedían a gritos que la banda les patease el grupo, botellazos inesperados (con botellas de plástico, no nos pasemos de alarmistas) y hasta una petición de mano en riguroso directo. Dirigiendo el caos estaba Joe Talbot, un curioso vocalista de voz cazallera que tan pronto se comporta como un primate pendenciero citándose para darse de hostias al acabar el concierto como se lleva nuestros aplausos al compartir con sus fans emotivos discursos de igualdad de género o proclamas anti-Brexit. Podría contar muchas más anécdotas, porque la noche dio para ello, pero mejor lo dejo aquí. Lo mejor que les puedo contar es que hacía muchos meses que no veíamos un concierto tan fuera de control y al mismo tiempo sin incidentes que lamentar. Idles me recordaron a aquellos Black Lips que nos dejaron exhaustos en sus primeras actuaciones en España, y el público de Barcelona, esta vez sí, estuvo a la altura.