La vigesimocuarta edición del festival de blues más esperado del sur de Europa arrancaba el jueves 12 de julio. Por delante nos esperaban tres días de goce musical, acostumbrados al contrastado nivel de las bandas que cada año componen el cartel del Blues de Cazorla, a las puertas del cuarto de siglo este año no podía ser menos. Cazorleans nos daba de nuevo la bienvenida y van veinticuatro.

John Primer fue el encargado de cortar la cinta de inauguración a base de guitarrazos, slide y puro blues de Chicago, acompañado por Quique Gómez y su banda. Cambio de tercio con una premonición: “Vamos a tocar un rockandroll en la plaza del pueblo”. Así comenzó Tequila un directo pleno de clásicos. Pero además de rockandroll se atrevieron con el reggae, dance y una ráfaga de hits (“Hace calor”, “Dime que me quieres” y “Salta”). El tercero y último de la primera noche fue Eric Gales, esperadísimo por los amantes del guitarreo. Gales trajo un show basado en pura “pachanga” guitarrera, grandes momentos al bajo, solos de batería y una magnánima señora Gales a la percusión. Aunque su mirada parece altiva, se muestra cercano en sus palabras. Y si presume, es porque puede.

La música nos recibió la mañana del viernes por las calles de Cazorleans con una charanga que nos condujo hasta la Plaza de Santa María, donde nos esperaban Tremendo Road, ganadores del segundo premio del concurso Blues Battle. El trío cartagenero hizo posible el binomio blues-punk de forma sorpresiva, merecedores de su distinción. Tras ellos, la banda de Quique Gómez salió a caldear la plaza a base de blues suave, rockandroll y algún que otro guiño a Fat Domino. Exhaustos ya, más valía recargar fuerzas para lo que se avecinaba con Ghost Number & His Tipsy Gypsies. El folk y el blues se fusionan en esta propuesta donostiarra que nos hizo bailar hasta darlo todo. Una fiesta a base de banjo, violín, contrabajo y trompeta en un despliegue de western swing y calipso cubano. El listón fue in crescendo con Jake Levinson. La banda de Texas tuvo a mano su pócima en forma de whisky para embelesarnos con su propuesta llena soul, country, un poco de funk, algo de latino y eastern. Los punteos flamencos en homenaje al país que le acogía fueron el principio del último desmelene del viernes por la mañana.

Los ritmos latinos de Jenny and The Mexicats inauguraron la primera tarde en el parque. La propuesta de esta banda nacida de la aventura de una niña inglesa que emigra a España en busca de nuevos sonidos convenció al público. Entonces llegó el huracán de Shirley Davis. A pesar de que el calor iba haciendo mella, nos dejamos seducir por su invitación a bailar. El escenario se convirtió en una pasarela de espontáneos, reuniendo a varias fans que acompañaban los coros con una improvisada coreografía a la altura de Las Supremes. Tras esto, Los Coronas se atrevieron con su show, siempre resultón, en el que hay cabida para las bromas. Comenzando con los tiempos medios de su Adiós Sancho, el tercer tema nos arrancó a bailar con un particular Corazón contento de la que confesaron su musa, Marisol. Cuando parecía que ya no había más mecha que prender, con un movimiento de manos de Javier Vaca y su Rockaway Surfer los madrileños volvían a tener el público a sus pies.

Supersonic Blues Machine

Cae la noche y comienza la música en la Plaza de Toros. Celebrando tres décadas de puro blues cachondo, llegaban al coso de Cazorleans Los Bluesfalos. El carismático Manuel Slim Gómez introducía himnos como Ponme otro whisky mañana te lo pago, Blues… como me gusta el blues o Protuberancias calientes. El público se iba agolpando para ocupar los mejores sitios con el aliciente de ver al mismísimo Billy Gibbons (ZZ Top) en acción, historia viva del rockandroll. El invitado perfecto de Supersonic Blues Machine, una megabanda con figuras como Kenny Aronoff a la batería o Lance López a la Les Paul Gold Top, que supieron caldear el ambiente hasta el éxtasis, que llegó con la esperada aparición de Gibbons sobre las tablas para interpretar junto a ellos seis cortes de los padrazos del Blues Rock estadounidense. Sharp Dressed Man, Tush o el hit de los hits, La Grange, dislocaron a un público, que tuvo la recompensa a su espera. Tras esta descarga, turno para el auténtico Blues de Chicago regado con fraseos contundentes de mano de Toronzo Cannon. Su propuesta, llena de genialidad y compases más pausados, invitaban a enamorarse de nuevo. Si la reina de la tarde fue Shirley Davis, no cabía duda de que la segunda noche estuvo coronada por Lindsay Beaver. Baquetas en mano y tocando de pie junto a Brad Stivers y a una banda espectacular, Lindsay derrochaba actitud a cada golpe con una propuesta rockera tan cañera que consiguió levantarnos del asiento para despedir la segunda noche de festival.

Lindsay Beaver y Brad Stivers

El vencedor del Blues Battle 2018, Alv McMartin, abría la mañana del sábado con esa suerte de autor folk entendido al modo estadounidense. Tras él, Carlos Moreno (Kid Carlos) llegaba al escenario para demostrar su buen hacer con clásicos del blues y otros estilos como el jazz, rock y el funk marinados con temas propios que tuvieron una gran factura en directo. El público abarrotaba la plaza en espera de uno de los platos fuertes de la mañana. Nadie quería perderse al misterioso Vurro en directo. Ataviado con su característica cabeza de vaca cuyos cuernos se encargan de aporrear los platos a sus dos lados, el avilés demostró que él solo basta y sobra para dar un show espectacular. Este one-man-band consiguió dejarnos con la boca abierta con cortes como El Toro Raúl o Rock y Vaca. El bombo a sus pies, cada mano en un teclado y acompañado por un sintetizador que hizo las delicias momentáneas de los menos ortodoxos, el resultado fue una mezcolanza bizarra que merece la pena experimentar. Tras recuperar las formas y tomarnos un merecido respiro, Pápa Júlu volvía al escenario de la plaza por segundo año consecutivo para cerrarlo “dando la lata”. En la banda liderada por Pedro Peinado los instrumentos al uso están desterrados. En su lugar, las AOVE Can Guitars (latas de aceite de oliva) dan ritmo a sus temas, tanto propios como covers. Nos pidieron nuestra mejor sonrisa para ser protagonistas de un videoclip en directo del tema Volviendo al Sur. Los de la capital jienense cerraron su setlist con uno de los temas ya convertidos en himno del festival: Thunderstruck de ACDC al grito de Cazorleans.

Vurro

Iba cayendo la última tarde en Cazorleans cuando la sorpresiva Nat Simons, compositora y cantante de música country americana contemporánea nos embelesó con su folk-rock particular. Esta española criada escuchando a Bob Dylan bebe además de otras influencias blues-jazzistas que quedan bien reflejadas en su nuevo disco Lights que presentó en el festival. Desde canarias, Red Beard, el grupo liderado por Jaime Fleitas, llegó como una revelación en directo que bien merece los reconocimientos que está teniendo, como la nominación a mejor grupo por parte de Radio Nacional y sus giras internacionales por Guinea Ecuatorial y Estados Unidos. A mitad de la tarde, las colas se hacían kilométricas para ver a Lapido en directo. Cada año cuesta más acceder a este escenario del Parque y el público no se pone de acuerdo en su parecer sobre el acceso, a pesar de que los abonados tienen preferencia durante unos minutos previos a su apertura. En medio de ese caos, el granadino hizo gala de sus casi cuarenta años sobre las tablas para regalar los éxitos de su carrera a los que tuvieron claro que querían estar allí, a pesar de las consecuencias.

Ana Popovic

Entramos al albero para dar la bienvenida a la última noche con algo más pausado y muy digerible para hacer cuerpo a lo que nos esperaba después. Así llegaron The White Buffalo, una de las bandas que conquistó el corazón del público, acompañada del carisma de Jake Smith. Su voz, aterciopelada y rasgada a partes iguales, evocaba por momentos al mismísimo Eddie Vedder (Pearl Jam). Tras este baño de música contemporánea, volvemos a las raíces con dos bluesmen de prestigio unidos. Pero sólo durante los últimos temas a modo de popurrí. Sorprendentemente, el segundo concierto de la noche se convirtió en uno doble porque, aunque anunciados conjuntamente, Joe Louis Walker y Zac Harmon dieron conciertos propios, cambiando todos los músicos para cada set. Eso no fue óbice para disfrutar de dos veteranos que saben lo que se hacen a la guitarra, derrochando historia del blues en cada acorde. La diosa de la última noche fue ella y se lo ganó a pulso. Ana Popovic dio un repaso a todos los bluesmen del festival derrochando simpatía y genialidad. Además de sus temas propios, recogidos en una extensa discografía de once álbumes, uno de los momentos álgidos vino con el momento improvisación de un clásico del género como el Going Down de Freddie King. Esa misma tarde ya lo advertía en la masterclass: “Pido un buen caché porque quiero llevar a los mejores músicos conmigo”. Y vaya que si lo hizo. Cerrar el escenario grande es siempre una responsabilidad de las importantes. En anteriores ediciones esta tarea recayó en rockeros como Eric Sardinas o el joven Davy Knowles, que nos enamoró el pasado 2017. Este 2018, la puntilla la puso el funky blues de Derobert & Halftruths con una compenetración pasmosa que incluía baile sobre las tablas y una fiesta que no quisieron perderse más de uno, concretamente, hasta el doble de personas que suele aguantar cada año para despedir la plaza la última noche. Con los deberes hechos y los placeres disfrutados, esperamos impacientes lo que nos deparará el próximo BluesCazorla en su 25 aniversario.