Gijón es la estrella
Conciertos / Gijón Sound Festival

Gijón es la estrella

8 / 10
Ernesto Bruno — hace 8 meses
Empresa — Mestizo Producciones
Fecha — 05 abril, 2019
Sala — Varios Escenarios
Fotógrafo — Miriam Mora

En el mundo de los eventos musicales existen los macro-conciertos (1 escenario, 1 día), los ciclos (conciertos programados a lo largo de varios días) y los festivales. Entre estos últimos tenemos los de formato clásico (varios escenarios durante varios días) y los que aprovechan las infraestructuras de una ciudad (salas de conciertos, teatros y carpas) para programar conciertos a lo largo de varios días. Estos últimos, sin embargo, suelen estar ligados o bien a una feria profesional, como es el caso del Eurosonic de Groningen (Holanda), o bien se suelen realizar  en ciudades muy grandes en las que quedan diluidos, menguando su repercusión. Por eso el Gijón Sound es un evento tan especial. Y por eso se puede decir que la ciudad es el verdadero cabeza de cartel del festival. porque son sus gentes, bares, restaurantes y hoteles asociados, los que acogen al viajero para proporcionarles una estancia inolvidable.

La jornada festivalera se inició el viernes por la mañana con una serie de charlas y conferencias sobre diferentes aspectos de la industria musical y la cultura. Y es que la programación paralela a los conciertos está ganando cada año más peso en este festival con vocación multidisciplinar. Un hecho este que también le confiere un sello de distinción con respecto al resto. Pero vayamos a los platos musicales que vendrían esa misma noche. Jacco Gardner fue el encargado de dar el pistoletazo de salida, interpretando en formato duo y en medio de la penumbra de la Sala Casino su último trabajo “Somnium“. Un colchón de notas ambientales que nos sumieron en un sopor hipnótico a base de motorik y de generar atmósferas electrónicas tan herederas de Kraftwerk como de Jean-Michel Jarre. Afortunadamente cuando la cosa parecía que iba a degenerar en una duermevela, que acabaría con todas las ganas de fiesta, un power trío femenino con ganas de gresca asaltaría el escenario para despertarnos con una buena dosis de crudo punk-rock de mucha calidad. Se trata de The Manil.las, nuevo proyecto en el que se encuentra inmersa una desenfrenada Maika Makovski que se lo pasó en grande arengando a las primeras filas. La fórmula es sencilla, pero su desparpajo sumado a un sonido muy sólido nos dejaron a todos con muchas ganas de más. Algo de lo que se encargarían más tarde y ya en la sala Swami Ballroom Los Vinagres con su siempre efectivo show.

El sábado, y ante una mañana soleada que acabó por traer una tarde desapacible sobre la ciudad, el Escenario Mahou situado en la Plaza del Ayuntamiento, se iba llenando para la primera de las sesiones vermú. Dos actuaciones gratuitas que congregaron un ambiente familiar inmejorable. La primera corrió a cargo de Stone Foundation, solvente combo de soul británico que nos dejó con un enorme sabor de boca y cumplió a la perfección con el cometido de arrancar las primeras danzas del fin de semana. Tras ellos el numeroso combo holandés Jungle By Night demostró su pericia instrumental, a base de tejer una especie de sesión sin interrupciones que nos puso a bailar a base de funk, acid-jazz y ritmos latinos de todo tipo.

Tras el parón del mediodía para comer, nos desplazamos hasta el paraninfo de la Universidad Laboral para quedar rendidos ante el excelente homenaje que Dorian Wood realiza con las composiciones que popularizó una artista tan colosal como Chavela Vargas. Con el apoyo puntual de Alberto Montero a la guitarra (se ha encargado también de los arreglos del espectáculo) y rodeado de un cuarteto de cuerda, percusión y programaciones, el estadounidense de origen costarricense deja que su imponente figura, y su magnífico registro vocal, conviertan el espacio en un lugar de culto a una figura inmortal como la de la gran Chavela. Un reto solo en manos de unos pocos elegidos. Tras esta impactante demostración de poderío, tan solo había que cruzar el patio de al Laboral para acudir al imponente teatro del recinto donde Rozalén desplegó su simpatía natural ante un auditorio con muchos menores. La fórmula es conocida por todos: pop con aires copleros más letras emotivas y próximas. Aunque la artista sabe tejer una telaraña de buen rollo capaz de atrapar a cualquiera, y máxime si, como al presentar “Justo”,  trata temas capitales como la recuperación de los cadáveres de los ajusticiados durante la guerra civil.

De regreso a la carpa pudimos comprobar que se había colgado el cartel de no hay billetes. Sobre el escenario, y causantes de sacar de casa en este lluvioso día a tanta gente, dos propuestas diferentes en estilo, pero enfocadas en el mismo camino de ocupar la renovación necesaria de nuevos referentes en la escena musical española. Si bien La Casa Azul lleva ya unos cuantos años en el intento, su largo silencio y las circunstancias de la industria invitan a pensar que los herederos de Pet Shop Boys o Fangoria les llegará más temprano que tarde el reconocimiento comercial a escala masiva.

Morgan

Pero vayamos por partes en este cóctel en el que el primer ingrediente corrió a cargo de los grandes triunfadores de los Premios NIM 2019. Morgan, la banda liderada por la impresionante voz de Carolina de Juan, no para de crecer. Su meteórico ascenso parece no tener fin, y viene avalado por un brillante directo en el que el grupo se ciñe al difícil reto de llegar a la cima con la mayoría de su repertorio cantado en inglés. Salir del reconfortante cobijo de la escena más independiente, y presentarse en auditorios más amplios que exigen conocer la lengua para darte su aprobación, da muestra de su solidez. Aunque para optar al trono quizá les falte ese estribillo que haga al público enloquecer, porque la balada ya la tienen.

El excelente sabor de boca dejado por los madrileños dio paso a la brillante producción de La Casa Azul. Tres pantallas led llenaban el escenario, distribuidas en una gran pantalla que ocupaba la trasera y dos más donde se encaramaban dos de los integrantes de la banda. Por delante el batería y en el medio Guille Milkiway, que presentaba su esperado trabajo “La gran esfera”. El público, quizá absorto en los impresionantes visuales o todavía anclados en los ritmos anteriores, tardó en entrar en calor. Aunque poco a poco el catalán se fue ganando al respetable y la plaza fue cogiendo ritmo, para acabar en una multitudinaria pista de baile cuando ya sonaba su coreada “Revolución Sexual” y su último single “Nunca Nadie Pudo Volar”. Atrás quedaban temas como “El Momento” o “Podía Ser Peor” que animaron un día frío y provocaron el calor de la emoción compartida que se bombeaba hacia el resto de la ciudad.

Si el sábado cerrábamos con agua abundante sobre Xixón, el domingo amanecía con un brillante día de sol que anunciaba el comienzo de una nueva jornada. La sesión vermú en el Escenario Mahou se está convirtiendo en el impulso emocional de toda una ciudad. Una cita que reúne un variado ambiente familiar donde se mezclan formas y estilos. Los primeros en salir a escena fueron Mona. Dúo asturiano formado Montse Álvarez (ex Nosoträsh) e Ismael Piñera (ex Tommy Crimes) que realizaron un recorrido por su primer trabajo “Entretiempo”, mientras continuaba la llegada de adeptos. Avanzaba la mañana y ya con la Plaza Mayor cercana al sold out por dentro y fuera de la carpa, sonaban los primeros acordes del “rock reposado” de Santero y los Muchachos. Traían bajo el brazo su recién trabajo “Rioflorido” con el que los valencianos demostraron ser el secreto mejor guardado del rock en castellano. Con una formación solvente en directo, presencia y buenas canciones se perfilan como una apuesta segura en la escena nacional. Su nuevo disco, lleno de buenas canciones, lo complementaron con algunas de su primer álbum: “Ventura”, “Abracese quien pueda”… dejando un gran sabor de boca en su segunda visita a Gijón. Llegaba la hora de la comida y la abarrotada plaza se quedaba vacía: unos a buscar a sus hijos, para el Festinfante de la tarde, otros a recuperar fuerzas para Rufus Wainwright. Y el resto simplemente a dormir, pensando que no ha sido un sueño, Gijón Sound ha llegado para quedarse.

Rufus Wainwrignt

El recinto de la Laboral abría las puertas de su teatro para acoger a Rufus Wainwright. Los foráneos miraban estupefactos y sorprendidos, rindiéndose a la majestuosidad y la inmensidad del colosal edificio. Lo que en sus inicios fue un hospicio creado por el régimen para dar cobijo a los huérfanos de la mineros, es hoy un tributo a la cultura. Escenario recurrente en Gijón Sound, vestía sus mejores galas para acoger lo que sin duda fue el concierto más sobresaliente del encuentro. El canadiense, celebraba su 20 aniversario de su primer álbum con la gira “All These Poses”. Dividió el recital en dos partes, con descanso incluido, y tanto a la guitarra, como al piano, con capa o sombrero de copa, dio un repaso a temas de sus inicios, como: ‘Barcelona’, ‘Foolish love’ o ‘Sally Ann’, cantó al innombrable Donald Trump su ” Sword of Damocles” para finalizar con un bis apoteósico: un “Across de Universe” que hizo al público levantarse de sus asientos despidiendo al músico en pie, con una sonora ovación. No pudo ser mejor la despedida de un encuentro que cada año concita más pasiones y refrenda su ideario: “creemos en el poder transformador de la cultura”.

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