Vida entre las flores
Conciertos / Rufus T. Firefly

Vida entre las flores

8 / 10
David Pérez Marín — 03-08-2020
Empresa — Oh Salvaje
Fecha — 31 julio, 2020
Sala — Auditorio Finca el Portón (Alhaurín de la Torre)
Fotógrafo — David Pérez Marín

“Que mis ojos atraviesen la coraza / de la tierra enferma, / que se abra el manto negro de la noche / y libere las estrellas…”. Así abren el show y el manto de la noche en tierras malagueñas (Alhaurín de la Torre) Rufus T Firefly, en una velada interestelar, entre lotos y magnolias de neón que, desde el primer segundo, se antoja inolvidable.

El ciclo Alhauthor ha organizado en un marco de ensueño, el auditorio de la finca El Portón, rodeado de arboleda y jardines que huelen a verano eterno, una programación que hoy alcanza una de sus cimas psicodélicas más radiantes. El quinteto de Aranjuez Rufus T Firefly, encabezado por la dupla Víctor Cabezuelo (voz y guitarra) y Julia Martín-Maestro (batería y programaciones), más el cofundador Carlos Campos (guitarra) y los imprescindibles Miguel de Lucas (bajo) y Marta Brandariz (teclados), salen a escena esparciendo los mil aromas de Magnolia (17), despertando “el bosque muerto” con una vibrante Tsukamori, despegando del suelo el escenario y haciendo que sobrevuele nuestras cabezas y no vuelva a tocar tierra hasta el suspiro final del espectáculo, como un ovni llegado de otra galaxia dispuesto a abducirnos y salvarnos, canción a canción.

Flotamos en el espacio temporal, borrando estados de ánimo defectuosos, centrifugándolos suavemente en el caleidoscopio de colores imposibles que dibuja la estela del Halcón Milenario. La banda al completo exprime cada uno de sus instrumentos y esparce un jugo que resplandece en el frescor del anochecer brillante. No hay vuelta atrás y los más de 400 asistentes que han agotado las entradas, coreando tema a tema, siguen a pies juntillas y hasta el final de los finales, cada llamada y salto al abismo que marca Rufus T Firefly. “Déjate caer conmigo dentro del lado oscuro de la luna. / Quiero que veas toda la verdad, / vamos a correr por el esqueleto de la creación / hasta que nos explote el corazón”.

Seguimos nadando en oleadas de psicodelia y llegamos a “una orilla silenciosa, / donde se levanta una flor de Loto que embriaga y crece como una enredadera resplandeciente; desembocando después en los surcos de Nueve”(14), con El problemático Winston Smith cogiendo velocidad, “acortando todas las distancias” y poniéndonos en pie (con mascarilla y protocolo de seguridad en vena), provocando la primera gran algarabía y baile colectivo en esta nueva normalidad de la música en directo.

Volvemos aLoto”(18) y la “luna en llamas que cubre la ciudad en tu nombre”, se contonea en el embrujo del vaivén lisérgico que desprenden los teclados de Final Fantasy y Demogorgon, pasando por una Última noche en la Tierra “en la que todos los sueños confluyen” y eliminan, por arte de magia, cada una de esas “mil jodidas millas” tarantinianas que nos separan “de estar bien” en Pulp Fiction.

Pompeya, sin Vesubio a la vista, está a punto de erupcionar, con Julia al mando a cada golpe de batería y la banda al completo en llamas, poniendo a prueba los cimientos de un auditorio que se tambalea en cada embestida sónica.

Cogemos aire y “una paz sobrenatural” nos inunda por dentro como una brisa fresca cuando, al girarnos, nuestros ojos colisionan con esos otros que siempre están ahí, arrastrándonos en un parpadeo hasta el centro de la Nebulosa Jade, el infinito y más allá.

Tras dos trabajos sobresalientes y reconfirmando que en directo nadie teje paisajes sonoros y abre agujeros de gusano multicolores como ellos, nos anuncian que en septiembre graban nuevo disco. Ya contamos las horas.

Y si aún huele en Alhaurín a Loto, recorremos en la recta final un laberinto de Magnolia(s) con “todas las puertas abiertas”, resonando, a corazón abierto y a los cuatro vientos, ese: “Mi amor, este viaje / va a llevarnos muy lejos. / Mi amor, no hay horizonte / que pueda detenernos”. No, no nos detienen, ni detendrán, pero es hora de despertar “dentro de un diente de león”, con una Río Wolf que, entre enjambres de riffs, distorsiones, atmósferas sintetizadas y el latir desenfrenado de un bajo y una batería a tumba abierta, crea su particular big bang. Milagro y éxtasis compartido.

“Ven conmigo, hay un camino más allá de este desierto”. Seguimos cicatrizando el tiempo perdido a base de amor y música. Que continúe el viaje de la mano. “Acaríciame la herida, / he venido a darte todo mi amor. / No quiero saber dónde vas, / solo llévame”.

 

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