Ya sabemos que si arranca julio, toca Pulpop. Un año más, el decimoquinto, con lleno en la Plaza de Toros de Roquetas de Mar y bandas interesantes de aquí y de fuera. Las cifras oficiales hablan de un total de 7.000 personas durante el fin de semana, que no está nada mal.

El viernes, a primera hora, se celebró el (ya consolidado) Concurso de Jóvenes Valores, que a partir de esta edición pasa a llamarse Concurso Andrés Reyes, en homenaje al bajista de The Dry Mouths recientemente fallecido y muy querido por toda la gente de la música en el municipio y en Almería. En esta ocasión, el aire post punk y el oficio de Doctor Lobo, se impuso al rock alternativo (de corte noventero) de Scoff y al pop para masas de Naponia. El premio: 500 € y repetir el próximo año en el festival. Antes de saber el ganador, Trepàt avanzaron tres canciones de su próximo e inminente disco: Canción divina, Power y Moverse mantienen el nivel del celebrado El amor está en la tierra (Miel de Moscas, 2015), su último trabajo hasta la fecha. De ese álbum es Torturas en los bares, una canción que sigue funcionando en directo igual de bien que el primer día. Y para cerrar la primera jornada: Cala Vento. El grupo del Ampurdán disfruta del momento más dulce de su carrera tras la edición, bajo su propio sello discográfico (Montgrí), del álbum Balanceo. De ahí, escuchamos Un buen año, La comunidad, Gente como tú o Todo. Pero no podían faltar canciones de sus anteriores trabajos: Historias de bufanda, En cueros, Isabella Cantó, Abril… ¡Bravo por Aleix y Joan!

Llega el sábado y, tras una sesión aperitivo al mediodía con Los Mejillones Tigre y Harakiri Beach en El Puerto, los conciertos de la plaza de toros se reanudan con Pájara Rey, que venían a defender su título del año pasado. Aún luchando contra el reloj y sin oír los coros de la bajista por ningún lado (no se entiende cómo no se pudo corregir esto en toda la actuación), las murcianas sonaron como un cañón. Con un primer disco inminente, donde seguro incluirán los himnos La vida son cosas y Paquita Natillas junto a Campamento, El tapicero o Perro, que son más nuevas. Guadalupe Plata cogió el testigo a continuación. Sin duda, el grupo más singular de todos los del cartel. Con sus habituales instrumentos DIY y esa propuesta pantanosa y de raíces americanas tan característica, presentaron en Roquetas lo que supone el quinto álbum (homónimo, como todos los demás) de su carrera. Las recientes Duermo con serpientes o Maricarmen se mezclaron con clásicos de la talla de Milana o Rata, en un set muy compacto. Un universo que gira en torno a lo rural, lo surrealista y lo terrorífico. Nada que ver con los locales Nixon, por ejemplo, cuyo pop se encamina cada vez más, y sin complejos, hacia la pista de baile. Gravitacional, La fiesta o Cadáver exquisito (una de las dos canciones nuevas que aparecen en la reedición de su tercer disco, Utopía, cortesía de Desorden Sonoro) fueron las mejores muestras. La banda ha cogido carrerilla y no para de tocar por todo el país. Sin duda, el grupo almeriense más exportable y que más festivales ha pisado últimamente, de largo.

De eso, saben mucho los componentes de Rufus T. Firefly. Víctor, Julia y compañía, arrancaron con mucha energía pero no se les vio cómodos sobre el escenario en ningún momento. Puede que tengas algún problema técnico que te haga perder la concentración, pero es algo que da igual al público cuando suenan Demogorgon, Druyan & Sagan, Loto, Magnolia o la versión que hacen de Lucy in the Sky With Diamonds. Deberían quedarse con eso. Su último disco tiene ya un año y medio, y aún así quedó claro que eran los más esperados de la noche. Con permiso de Roosevelt, quienes aguardaban ansiosos por salir, en último lugar, y levantar a la gente a ritmo de Colours, Losing Touch, Shadows… o la encantadora revisión del Everywhere de Fleetwood Mac. Electrónica elegante, sin fisuras y de un gusto exquisito. Acabar así, sí.