"Nos la jugamos y salió todo muy bien"
EntrevistasLa Renga

"Nos la jugamos y salió todo muy bien"

Adriano Mazzeo — 15-05-2026
Fotografía — Archivo

En épocas de estandarización en las que los artistas populares parecen no proceder de ningún lugar en particular, como si fuesen desangeladas calles comerciales de cualquier capital, es de valorar que existan casos como el de La Renga.

El grupo argentino volverán a visitarnos para ofrecer un doble concierto en Barcelona (17 y 31 mayo, Poble Espanyol) y Tenerife (27 mayo, Xanadú). En ellos la banda La banda de rock capitaneada por Gustavo "Chizzo" Nápoli y Gabriel "Tete" Iglesias repasará su larga trayectoria iniciada a finales de los ochenta.

El grupo de rock’n’roll argentino más convocante de la actualidad en su país, país en el que llenan varios estadios de fútbol al año desde la más admirable autogestión, es un diamante en bruto para ver en Europa en salas más pequeñas a las que incluso llegarán unos cuantos cientos de fanáticos que cruzarán el Atlántico, convirtiendo a La Renga en una suerte de Grateful Dead del Cono Sur. En su nueva visita a nuestro país –recordemos que su reciente disco en directo incluye grabaciones procedentes de sus últimos shows en Madrid y Mallorca– actuarán en Barcelona y Tenerife.

“La relación con el público en España cambió porque todos estos años se ve que se fue sumando más público español"

En medio de las preparaciones para los conciertos que dieron en el Parque de la Ciudad de Buenos Aires, Chizzo Napoli, cantante, guitarrista y principal compositor de la banda, nos recibió en su búnker en el sur del conurbano bonaerense, una base de operaciones en la que abundan las motos, las guitarras y un sentido de camaradería realmente emocionante y donde, apenas entrar, es inevitable sentirse privilegiado por estar dentro de ese particular mundo. La banda lleva el barrio (y su emoción, sus afectos y su estilo de vida) a cada paso que da. Hay un par de decenas de fans haciendo guardia en la puerta de la finca con la esperanza de ver a sus ídolos. Esperan pacientemente y con respeto, ese es el aura que La Renga trae, pero que también trabaja para mantener.

La Renga es una banda que mide sus movimientos con detalle quirúrgico, haciendo gala de un sentido muy fino de la exposición. Suelen hacer pocos conciertos al año, pero mayoritariamente multitudinarios en Argentina y otros países de Sudamérica.

Chizzo –cincuenta y nueve años–, hombre rústico pero sensible, esquivo para dar entrevistas, pero cercano, tiene muchas cosas que contar. Él y el resto de la banda (Tete Iglesias, al bajo, y su hermano Tanque a la batería, a quienes se suma Manu Varela, quien se encarga del saxo) se criaron en el núcleo del sucio y rutero rock’n’roll argentino que tiene como héroe máximo a Pappo (prócer de la guitarra y colaborador de la banda) y al mismo tiempo tomaron las enseñanzas de los míticos Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en cuanto al carácter autogestionado, cuestiones que los hace únicos y desvela las coordenadas de un éxito popular sin comparación. Pero vayamos con la entrevista.

Ya hace veintidós años que van a España ¿Cómo fue cambiando la relación con el público?
Cambió un poco porque todos estos años se ve que se fue sumando más público español también. Pero la mayoría es público latino, podés encontrar peruanos, chilenos, uruguayos, ¿viste? Y bueno, los argentinos siempre son la mayoría. Pero sí, fue creciendo y la verdad que se hizo un vínculo muy copado con la gente allá también. Hemos hecho amistades y conocimos a Los Suaves y Marea.

A pesar de que van seguido a España, no les gusta mucho repetir los lugares a los que van a tocar. Este año van a ir a Copenhague y Berlín…
Claro. La idea es salir un poco de España, ¿no? Son lugares nuevos que la verdad que elegimos un poco tanteando en las giras de dónde venía la gente a vernos. Por ejemplo, había muchos argentinos que venían de Dinamarca que se traen a un amigo dinamarqués y como que se genera una cuestión de que, “che, tienen que ir, allá los van a recibir bien”, y yo qué sé, Dinamarca, ¿viste? Bueno, y ahora estamos apostando a eso, a ir a otros lugares. Es todo para descubrir, la música tiene esas cosas.

Totalmente.
Va más allá de los idiomas y de las fronteras.

¿Les genera algo especial, algún tipo de ansiedad en particular, tocar en lugares que son el 5% de lo que tocas acá? ¿Te hace volver en el tiempo?
Bueno, un poco eso, sí. Es como volver a tocar en lugares chicos, más íntimos, que es muy lindo, a mí me encanta.
Yo generalmente, además de tocar en los estadios, voy con otros amigos y con otras bandas a tocar en bares o algún teatrito que me invitan, porque es lindo, me siento muy bien. Es como estar en lo que era la esencia cuando nosotros empezábamos también, ¿viste? No perder el contacto ese con la calle, con lo que es la cercanía, porque nosotros antes terminábamos de tocar, bajábamos y estábamos con el público, Ahora no puedo estar con las 50.000 personas porque no se puede, pero bueno, en esas ocasiones se da eso, y es como vos decís también, volver un poco a lo que eran los principios.

Bien, respecto al tema de la autogestión, fue algo que siempre fue prioritario pero ustedes también tuvieron ahí su momento no autogestivo. Más allá de Los Redondos, por ejemplo, ¿hubo otros artistas que los inspiraron?
Bueno, nosotros cuando empezamos éramos una banda de barrio, financiamos todo nosotros en las primeras grabaciones, ahorrábamos y las hacíamos nosotros. “Esquivando charcos” y “Adonde me lleva la vida”, que son dos demos que pudimos grabar como pudimos. Trabajamos con Álvaro Villagra, que en ese momento también empezaba. Así que la primera cinta, sale un toque acelerada también, además de que yo tenía la voz fina; todos estaban empezando y así se grababan las cintas en aquella época. Pero claro, estaba esa cosa de la autogestión, los que habían empezado acá fue M.I.A., Músicos Independientes Argentinos, que ahí estaba Lito Vitale y creo que Los Redondos tuvieron una participación. Creo que ellos gestan un poco toda esa movida y Los Redondos hacen autogestión de su banda.

Era como un debate en ese momento, era como que todo el mundo miraba a Los Redondos y también lo que pasaba con los demás.
Exactamente, era una cosa así, ahora se habla mucho de eso, en ese momento las bandas y los músicos no estaban acostumbrados a eso, porque yo hablaba con Pappo y con otros músicos más grandes, y todos estaban esperando que venga la disquera a decirle tengo un contrato para vos.

¿Puede ser medio generacional también eso?
Puede ser, porque yo te digo que tengo recuerdos, yo era muy pendejo y por ahí me juntaba con amigos en Plaza Italia y creo que pasaba por M.I.A. con el bondi y decía “¿qué es esto?” Yo era pendejo, tenía 15 años, ahí empecé a investigar un poco eso, después vino lo que eran Los Redondos, yo vi lo que eran Los Redondos, los fui a ver a la esquina del Sol, imaginate, eran 30 personas.

¿Los tomaste como una inspiración?
Bueno, nosotros lo llevábamos adelante, no como una bandera que decía “somos independientes”, era lo que podíamos hacer. Vimos eso y dijimos “bueno, gestionemos lo nuestro", y con eso hicimos los primeros cassettes. Estábamos llevando mucha gente, de boca a boca, tal es así que llegamos así a nuestro primer estadio Obras donde entraban 5.000 personas, nos la jugamos y fuimos ahí.
Y salió todo muy bien. Ahí nos ponen el ojo varias compañías que nos vienen a ofrecer contratos, pensamos “nosotros tenemos que probar a ver cómo es estar con una compañía, ¿por qué no?”
El porcentaje de regalías que les exigimos era más alto de lo que le ofrecían a todos. Y fue así que Polygram fue el que aceptó a La Renga, “hacemos todo lo que ustedes digan”, decían. Y los volvimos locos a ellos, nos decían “Ahí vienen los que no quieren vender discos” (risas),

Claro, nos lo veo aceptando sugerencias marketineras...
Claro, decían de grabar de vuelta los dos primeros que fueron grabados en vivo. Nosotros dijimos, no, ya pasamos esa etapa, eso quedó así, ya fue. Estábamos con lo nuevo, yo tenía esos temas de “Despedazado por mil partes”. En esa época, sin desmerecer a Gustavo Santaolalla ni nada, porque era el productor de momento, de la de Bersuit, Los Piojos, Divididos,etc, nos conectan con él que estaba en Los Ángeles, nos ponen ahí el altavoz en la oficina y dice, bueno, “tráiganme 40 temas, que yo elijo”, y yo le dije, no, 40 temas yo no tengo, tengo los 12 que van en el disco, no puedo hacer como si fuera una máquina de hacer chorizos.
Tiene un sentimiento la música para mí y no congeniamos con él. Entonces Polygram nos preguntó a quién queríamos como productor Polygram, y le decimos a Ricardo Mollo de Divididos, con quien teníamos una empatía musical, y Mollo se copó, y hace su primer trabajo de productor.

Y qué te quedó de esa época? ¿Qué sensación te queda cuando recordás esa época, si aprendiste algo o no?
Y… yo soy el que nunca aprendió, ¿viste? (risas). Pero claro que uno siempre aprende algo.

Tengo la sensación de que La Renga hace un poco de justicia al legado de un montón de bandas argentinas de los 70. ¿Lo ves así? Y por otro lado, ¿qué sentido tiene para vos haber tocado con un montón de esos músicos referentes?
Son monstruos estos músicos… quizá la masividad no tiene nada que ver, pero conocerlos...

Claro, con masividad me refiero a que hay un montón de pibes que llegaron a esas bandas por ustedes.
Sí, claro. Y haberlos conocido, después de que uno de pendejo los escuchaba, es como “guau, la puta madre”. Y bueno, haber compartido tocadas, grabar también con alguno de ellos fue algo muy loco, como que se abrieron las puertas, y todo el mundo estaba del otro lado, tener la posibilidad de conocer a esos músicos… Pappo, Edelmiro Molinari, los Vox Dei, solo que quedó Spinetta en el tintero.

Hay una visión clásica sobre la banda que es esto de que son los mismos de siempre, los tipos de barrio que te encontrás en el súper, pero también es real que no cualquier hijo de vecino puede escribir los himnos que escribiste vos (Chizzo ríe sonoramente) ¿cómo sentís ese concepto que se tiene de ustedes, y al mismo tiempo cómo te ves vos, como compositor?
No sé, qué sé yo, yo creo que viene con uno también, no sé eso. En mi familia nadie era músico, tengo una tía que escribe poesías, pero todos se dedican a la obra, es una familia muy laburante, todos plomeros, todos albañiles, yo iba para ahí, laburaba con mi viejo.
Pero a mí me atraían ciertas cosas, cierta música, cierta literatura, yo leí y leo mucho, hay una búsqueda que no sé cómo fue, que vos me preguntás por qué te metiste ahí, no sé, no sé si alguien sabrá, o tuvo un maestro que te dijo, “mirá, vos tenés que escuchar esto, leé esto”, la verdad que no sé.

Me parece más mágico todavía…
Yo a veces digo no soy yo el que hace esto, estoy poseído por alguien que, o sea, tampoco es la Quinta Sinfonía de Beethoven, no, pero…

Bueno, está claro, también tiene que ver con cómo uno interpreta y qué le parece interesante de lo que escucha.
Mirá, yo te digo esto: soy honesto, yo hago esto, escribo y toco esto, si te gusta, te gusta, si no te gusta… O sea, es una búsqueda también, no se puede explicar del todo.

 

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