Cuando algo vibra se mueve y emociona es que es real, significa que hay vida en ello. La noche del pasado sábado hizo vibrar y emocionar la sala Apolo. Demostró que Cage The Elephant y Twin Peaks estaban vivos, ansiosos por triunfar.

La combinación de plato principal y entrante no podría haber estado más acertada y Twin Peaks hicieron resonar su buen gusto y demostraron, por todo lo alto, que por encima de todo son grandes intérpretes. En ocasiones, los músicos pueden actuar, pero ellos esa noche sentían y, lo que es todavía más importante, transmitieron una energía que pocos sabrían gestionar de la misma forma. Estaban vivos, al igual que su música, desde ese primer “Butterfly” hasta “Strawberry Smoothie”. Arrancaron a bailar a la gente con sus arrebatos sobre el escenario, bien coreografiados, pero alejados de lo artificial y de esa guisa hipnotizaban a cualquiera. Lo de Twin Peaks podría no tener nombre, pero si lo tubo, se hizo llamar directo de diez.

Cage The Elephant aterrizaban en nuestro país por primera vez. Todas las primeras visitas son especiales. Esta no lo iba a ser menos, por supuesto. Nos subimos con ellos a una montaña rusa, de esas en que disfrutas tanto las subidas como las bajadas. Y es que en eso se tradujo su actuación: en una perfecta combinación de momentos que rozaban lo orgásmico como “Take It or Leave It” o “Cold, Cold, Cold” y momentos íntimos, suaves, a los que canciones como “Too Late To Say Goodbye” pusieron banda sonora.

La magnética puesta en escena de Matt Shultz mesmerizaba tanto como el vaivén clásico del suelo de la sala cada vez que el público se venía arriba. Igual que hipnotizaba el cambio de guitarras -hasta cuatro distintas- de Nick Bockrath. Volviendo a Matt, teníamos delante un auténtico showman, un hombre que venía a dar una clase maestra de cómo ser una estrella del rock de la no tan vieja escuela. Sus botines dorados, ese punto de extravagancia mezclado con sudor y latidos, lo dejaban claro.

La banda se desnudaba a medida que el final del concierto asomaba. Primero la americana, más tarde la camisa. Tan solo quedaba fundirse -tras un bis de cuatro temas que empezó por uno totalmente nuevo- con el propio público. Matt Shultz se lanzó a la masa, mientras sonaban los últimos acordes y golpes de “Teeth”, y se alzó sobre ella cerrando un primer concierto en España por todo lo alto.