The Designer Is Dead
Cine - SeriesGonzalo Hergueta

The Designer Is Dead

8 / 10
José de Montfort — 14-04-2026
Empresa — Little Spain
Fotografía — Frame de la película

A veces algunas cosas suceden en un momento y lugar determinados y es pura magia. Es lo que pasa con el (ex) diseñador de moda Miguel Adrover y la ciudad de Nueva York a finales de los años noventa. Sin formación en moda, ni tampoco un especial interés en el diseño, consiguió sin embargo, llevarse el así conocido como el “Oscar de la moda”, uno de los CFDA Fashion Awards, ser refrendado por popes de la moda como la influyente editora de Vogue, Anna Wintour o Cathy Horn, de The New York Times, en tanto que diseñador emergente a quien seguir la pista, y ser considerado casi como el futuro de la moda de la ciudad, un auténtico visionario, para acabar defenestrado pocos años después.

La cosa va así: Adrover presenta su quinta colección Utopía en 2001, sobre la realidad de los países islámicos, donde incluía referencias estéticas ineludiblemente islámicas, el día 09 de septiembre, y dos días después se derriban las Torres Gemelas. La consecuencia: se le acusa de simpatizar con el enemigo y su emporio en auge se hace trizas. A pesar de ello, todavía Adrover trabajaría durante siete años con la firma alemana Hess Natur. Hasta septiembre de 2017, cuando Miguel Adrover anuncia en su cuenta de Instagram que “The designer Miguel Adrover is dead”. Irónicamente, al año siguiente, le concederían el Premio Nacional de Diseño de Moda.

De la mencionada frase (y muerte -simbólica-) de Adrover proviene el título del documental a cargo del director español afincado en Nueva York, Gonzalo Hergueta, y que ha producido Little Spain, que se acaba de estrenar en cines y ha ganado ya el premio al Mejor Documental en la décima edición del festival Moritz Feed Doc.

Adrover nunca tuvo formación reglada y siempre se guió por su intuición autodidacta, ya que pronto (a los trece años) tuvo que dejar la escuela para ponerse a trabajar; de ahí que sea un diseñador que mira desde los márgenes y, seguramente, es esto lo que da ese brillo auténtico a su forma de pensar el mundo, con colecciones incómodas, con una fuerte carga política que busca la fusión de culturas, pone sobre la mesa la cuestión de la desigualdad social y se fundamenta en el reciclaje de piezas encontradas en la basura y en la resignificación de ciertos símbolos reubicados para el vestir cotidiano (es icónico, por ejemplo, su reciclaje creativo de la típica gabardina Burberrys). Así, su propuesta llamó la atención menos por la estética que por su voluntad política; y es que lo suyo iba menos de diseñar ropa que de proponer relatos nuevos, profundamente contemporáneos.

La cinta de Gonzalo Hergueta incluye unos pocos testimonios y material inédito de la época, pero se centra más en el después que en el antes. Así: la etapa neoyorkina sirve apenas de preámbulo y sombra lejana de una ambición abandonada y como recordatorio perenne de lo que se quiere olvidar, pero cuyos ecos no paran de resonar.

En la cinta nos encontramos a Miguel Adrover en su residencia familiar de la villa mallorquina de Calonge, y la cámara se va acercando muy lentamente a la persona, a quien observamos en su soledad elegida, en un anacoretismo buscado: desde hace ocho años no toma droga, no toma alcohol desde hace cuatro, y hace más de seis que no tiene relaciones sexuales. Adrover apenas tiene contacto con nadie y conserva muy pocos amigos. Esa soledad buscada le ha permitido indagar en su personalidad, dejando que emerjan de sí múltiples identidades que antes se construían con los vestidos. Vive con decenas de maniquíes que tiene en un sótano y ejerciendo con placer la jardinería.

Hergueta realiza con esta historia un notable ejercicio de oscuridades, en los que deja que leves rayos de luz casi pedigüeña nos vayan mostrando al personaje a golpe de clicks, los de la cámara fotográfica de Adrover, quien dispara obsesivamente autorretratos que tienen una clara voluntad pictórica y narrativa, siempre con un matiz indómito, inesperado y salvaje. Se trata, pues, de retratos que, de alguna forma, despistan al espectador, pues proponen un ángulo, una posición, una luz (im)premeditada. Los suyos y los que realiza a los maniquíes, con quienes mantiene una relación también de cercanía y diálogo, a quienes habla y comenta (aunque, obviamente, no respondan). Tanto en ellos como sobre sí mismo, Adrover sigue disponiendo telas recompuestas que son como una paleta de colores, una suerte de lienzo vivo que sigue sorprendiendo y produciendo admiración.

The designer is dead es una cinta rodada con respeto y una cierta distancia pudorosa frente al personaje. Y siente uno que hay algo que se escapa; aunque justamente puede que eso sea la exacta magia del personaje, un algo elusivo que siempre está en movimiento y no se deja apresar. Con ello, no es extraño que la cinta juegue con el símbolo del fuego, pues, en el fondo, no es sino esta pieza audiovisual una suerte de poética catarsis filmada, en la que parece que Adrover no quiera hablar ni de presente ni de pasado, sino más bien de posibilidades. Confiesa Adrover en el documental que: “me he liberado de un montón de cosas y vuelvo a empezar de nuevo”. Y así lo siente el espectador: como quien ritualmente participa de una suerte de licencia para emanciparse del pasado, de sí mismo: dando oportunidad a que emerjan otros yoes escondidos.

La cinta trae continuación con un libro que ha preparado Miguel Adrover, donde incluye su trabajo fotográfico de los últimos seis años: The designer, the photographer, the model, autoeditado en diciembre de 2025, con 370 ilustraciones fotográficas realizadas por el propio autor. Cuesta 300 euros, pesa cuatro kilos e incluye textos de Karen Van Godtsenhoven, Angelo Flaccavento, Phillip Ward y Ginia Bellafante. Y se puede comprar en su web.

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