Bandas de éxito durante estos últimos 20 años ha habido unas cuantas para felicidad de las grandes promotoras, que llegaron a temer por no contar en el futuro con grupos que cogieran el relevo los U2, Dire Straits o Bruce Springteen a la hora de llenar estadios… Sin embargo grupos como Coldplay, Muse y en menor medida Killers , Kings Of Leon y Foo Fighters tomaron el relevo de las que crecieron en los ochenta. Pero una cosa es la popularidad y otra muy distinta es la calidad de la expresión artística. Y ahí es donde hay que empezar a hilar más fino. Si hablamos de las dos grandes bandas referenciales de los noventa, no podríamos dejar de citar a Radiohead y Wilco. Dos formas diferentes de enfocar la música una más apegada a la tradición y otra a la modernidad. Pues bien, para mi las dos bandas que han cogido el relevo a estos dos grupos en esta primera década del nuevo siglo, han sido Arcade Fire y My Morning Jacket. Y curiosamente ambos no habían pasado por España más que para tocar enclavados dentro de un festival, cosa que hace que la puesta en escena y la interpretación no tenga la exclusividad de una presentación en toda regla. Arcade Fire ya se han sacado la espinita y por fin dejaron su huella en nuestro país con sendos conciertos apoteósicos. Ahora solo queda que los de Jim James se dejen caer por aquí en una de sus giras europeas y rompan con la tradicional resistencia de según que bandas –sobre todo las más apegadas a la tradición- a cruzar el charco (Solo hay que ver lo que tardaron artistas como Tom Waits, Lucinda Williams, Kris Kristofferson o Randy Newman en venir a España o como artistas como Tom Petty todavía no han pisado nuestro país. En fin. ) El caso es que necesitábamos esta actuación de Arcade Fire, fuera de un festival, para confirmar que tras tres estupendos discos (cosa nada sencilla de realizar y que quizás tan sólo han logrado Franz Ferdinand y The Shins a una altura similar) su reino acaba de empezar. Pues tras lo visto en el Sant Jordi uno no puede más que esperar que su camino hacia la cumbre no tenga tope de momento. Y todo ello sin la necesidad de dar concesiones o dando las mínimas, como nos confirma la parca puesta en escena del concierto, que mantuvo la actitud de contagioso entusiasmo de sus primeros días. Por eso fue una delicia ver a los ocho integrantes, disfrutar, transpirar su interpretación, saltando, vibrando, intercambiándose los instrumentos y convirtiendo el Palau en una fiesta basada en la sencillez y la grandes canciones. Sin parafernalias, sin fuegos de artificio, sin trucos escénicos, sólo con el encanto de unas canciones que como “No Gars Go”, la saga Neighborhood, Keep The Car Running o ese broche apoteósico que fue “Wake Up” con el público coreando hasta desgañitarse del todo y erizar el pelo a cualquiera con un mínimo de sensibilidad. Claro que hubiera estado bien que el concierto se alargara un poco más. Claro que se echaron a faltar estupendas canciones de su último trabajo como “Wasted Hours” o la delicada “Deep Blue” que enlazadas conforman uno de los mejores momentos de su tercer disco e incomprensiblemente fueron obviadas. Al igual que buena parte de su segundo “Neon Bible” del que sobre todo eché a faltar “Black Mirror” , pero eso no quita que la cita en el Sant Jordi dejara constancia de que a Arcade Fire no le tose nadie y que muchos son los grupos de calidad que nos rodean, incluso con mimbres parecidos al de los canadienses como Broken Social Scene, Hidden Cameras, The Decemberist o The New Pornographers, pero pocos están en un momento tan dulce y tienen tantas posibilidades de ser los herederos directos de Radiohead en aunar popularidad y prestigio.
Tienes razón, hay calidad artística (ya solo pq transmitena algunos,eso,indudable).No puedo decir más: me gusta lo que he oído,y me gusta bastante.