El fuego no se ha extinguido
ConciertosSugar

El fuego no se ha extinguido

8 / 10
JC Peña — 29-05-2026
Fecha — 24 mayo, 2026
Sala — 02 Forum Kentish Town, Londres
Fotografía — JC Peña

El trío norteamericano Sugar rozó el sobresaliente en su aterrizaje en Reino Unido que precede a la gira europea organizada tras su resurrección. Probando que, aunque no sea tan frecuente como se dice y nos gustaría, esto de los regresos tardíos puede salir bien.

No sabemos qué recorrido tendrá esta versión otoñal de la banda –de momento, la mencionada gira europea, con parada en el Azkena, y single con dos canciones nuevas–, pero la cosa ha empezado de manera objetivamente óptima. Y no era fácil. Yo al menos no acababa de verlo.

Mis reservas venían de la edad del batería Malcolm Travis –setenta y tres años de almanaque–, el rey de los redobles de precisión, y de mis dudas respecto a la capacidad física del trío para defender un repertorio que requiere de mucho vigor. ¿Sería esta reaparición una triste y pálida sombra de lo que fue el grupo en su juventud?

Mis prejuicios se disiparon con el riff de guitarra de “The Act We Act”, y un sonido poderoso y nítido. Un público mayoritariamente talludito (bastantes de los asistentes estaban allí con sus hijos, por cierto) disfrutó a tope de un evento que –menos mal– trascendió la mera congregación nostálgica. Quedó claro que el trío se ha negado a caer en la trampa. Lo suyo fue energía y precisión.

Ejerciendo de telonero, J. Robbins, compañero de fatigas y pequeñas glorias, derrochó pasión y estilo armado con una simple acústica. Era un poco un anticipo de lo que nos esperaba. Sugar irrumpieron en el escenario con puntualidad local y sin ningún aspaviento. De riguroso negro, incluyendo la Stratocaster de Bob Mould. Luces sobrias, escenario despejado, y gran telón con el nombre del grupo sobre colores difuminados. ¿Para qué más?

Bob Mould mantiene un nivel de excelencia compositiva y de prestaciones en directo –canta mejor que nunca– que se ha prolongado en el excelente nuevo single del trío “House of Dead Memories”. Y en la majestuosa sala art deco del norte de Londres, tiró del carro con su energía habitual, consiguiendo involucrar a sus compañeros. El caos desparramado de 1993 se ha encauzado con los años, de modo que, como sucede con otras bandas veteranas, Sugar combinan hoy energía con precisión, que es lo que demanda su excelente repertorio.

“Copper Blue” fue interpretado extensivamente ante el regocijo del público (siete canciones), pero la banda también reivindicó el legado de su incomprendida secuela “File Under: Easy Listening”, así como del feroz EP “Beaster”, las caras B y singles como “When Diamonds Are Halos”. Sin dar cuartel, sin apenas pausas, y con el inesperado protagonismo vocal del bajista David.

Intercalando sabiamente los medios tiempos, se las arreglaron para no decaer, con picos como “A Good Idea” –esa línea de bajo…–, “Hoover Dam” –¡qué temazo!–, “Gift” –qué guitarras–, “Gee Angel” –paraíso melódico– o “Tilted” –intensidad brutal–. Culminando en modo celebratorio y muy arriba con la eterna “If I Can’t Change Your Mind”, el trío puso en el escenario todo lo que les hizo grandes a principios de los noventa, en menos de hora y media, bis incluido. Otro acierto en tiempos en que casi cualquiera se marca un concierto de dos horas.

Procedentes de las catacumbas del hardcore y beneficiándose de un Mould en estado de gracia tras un par de discos en solitario, Sugar definieron junto a otros cierto sonido de los noventa con sus canciones de punk pop no adscritas a escena alguna, sino a la excelencia melódica (jamás pastelera ni banal) entre distorsiones. Definieron junto a otros ese nuevo sonido de muro de guitarras que iba a definir los noventa. Pero sin canciones tan brillantes, habría dado igual.

Son composiciones que, como bien saben David Grohl y otros ilustres –por cierto: en la sala londinense había músicos como el líder de Therapy? Andy Cairns, prueba de las grandes citas–, no han perdido un gramo de urgente excelencia, y han influido a artistas con mucho más recorrido comercial y mucha menos inspiración. Gozarlas de nuevo tocadas por sus artífices con semejante nivel de compromiso, a estas alturas de la película, es un regalo raro. Celebremos este pequeño milagro mientras dure.

 

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